CIUDAD RODRIGO





EL CASTILLO DE UN TRASTÁMARA
En la Comunidad Autónoma de Castilla y León, al suroeste de la provincia de Salamanca, se encuentra el municipio de Ciudad Rodrigo. Su estratégica situación, a tan solo 25 kilómetros de la frontera portuguesa, es la culpable de que, a lo largo de los siglos, esta población se haya visto envuelta en numerosas guerras que han marcado su historia y, por supuesto, su configuración urbana... ¡Y es que el casco histórico de Ciudad Rodrigo es uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar que hay en España!
En el siglo XI, tras una victoria cristiana sobre los musulmanes, la zona pasó bajo el poder del rey Alfonso VI y su repoblación fue encargada al Conde Don Rodrigo, quien dio nombre a la ciudad. Su número de habitantes creció sobre todo a partir del siglo XII gracias al monarca Fernando II de León, quien rodeó la ciudad con la muralla que aún circunda la ciudad. Para afianzar el carácter defensivo de Ciudad Rodrigo, en el año 1.372 el rey Enrique II de Trastámara mandó construir un castillo que estuviese situado en la parte más inaccesible de la ciudad e integrado en la muralla y que sirviese como refuerzo en la protección de la población. Gracias a la muralla y a su castillo, durante la Baja Edad Media, Ciudad Rodrigo se convirtió en un bastión en la lucha contra los musulmanes y contra el emergente reino portugués. A lo largo de los siglos y por su condición fronteriza, Ciudad Rodrigo sufrió muchas más desolaciones durante diferentes contiendas, como en la Guerra de Sucesión de Portugal del siglo XVII o durante el duro asedio que sufrió Ciudad Rodrigo por tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia del siglo XIX.
En la actualidad, el castillo de Ciudad Rodrigo, testigo de tantísimas batallas a lo largo de su historia, presenta un aspecto muchísimo más amable, ya que desde el año 1.931 acoge el Parador Nacional de Ciudad Rodrigo, un bello hotel lleno de encanto. Su condición de Parador ayuda en su conservación y permite visitar parte de sus instalaciones, aunque no estemos alojados en él. ¡No perdamos esta oportunidad! El castillo cuenta con unos bellos y cuidados jardines exteriores cuyo acceso es gratuito y desde los que se puede disfrutar de unas vistas maravillosas de la vega del río Águeda. Esta vista se puede potenciar mucho más si, tras abonar una entrada, visitamos la Torre del Homenaje. Este cuadrado y gigante torreón fue levantado en el siglo XVI incluyendo estancias palaciegas que hacen de él un pequeño alcázar. Tras subir 80 escalones, llegaremos a la cima de la torre, coronada por un parapeto almenado.
El esfuerzo valdrá la pena ya que desde su mirador podremos disfrutar de unas vistas casi infinitas de la histórica comarca salmantina de la Socampana, un lienzo infinito de dehesas pobladas de encinas y regadas por el Águeda. Y bajo nuestra mirada, una vertiginosa escarpa natural que hace entender por qué el tatarabuelo de Isabel la Católica construyó aquí su fortaleza...
Castillo Alcázar de Enrique II de Trastámara (Parador Nacional de Ciudad Rodrigo)
Plaza Castillo 1
37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca
¡CUÁNTO APETECE UN HORNAZO!
Durante su visita a Ciudad Rodrigo encontrará multitud de bares en los que podrán disfrutar de las famosas tapas, muchas de ellas basadas en productos cárnicos, como callos, orejas, sesos, panceta, morros, riñones. También podrán catar tortillas variadas o probar una tapa del famoso bacalao a Brás, receta lusa tan presente en estas tierras gracias a su cercanía con Portugal. Además, todas estas delicias pueden ir acompañadas por excelentes vinos de la tierra, como los provenientes de la cercana Sierra de Francia o los de Arribes del Duero. Pero por si estas tapas no fuesen de su gusto, les tenemos preparada una alternativa que hace las delicias de todos los paladares. Se trata de una de las recetas más típicas de la provincia de Salamanca que podrán degustar en muchos establecimientos de Ciudad Rodrigo. Hablamos del hornazo, un manjar realizado con una masa elaborada con aceite, leche, agua, vino blanco, aguardiente, huevo, harina, levadura y sal, que se rellena con pedazos de productos derivados del cerdo, como lomo, chorizo o jamón. Tiene el aspecto de una empanada y se sirve tanto en bares como en pastelerías.
El origen del hornazo proviene de la capital de la provincia y tiene relación con el oficio más antiguo del mundo… ¡Conozcamos su curiosa historia! En noviembre del año 1.543, un jovencísimo príncipe Felipe, que en el futuro va a ser el gran monarca Felipe II, llegó a la ciudad de Salamanca para casarse con María Manuela de Portugal, ciudad en la que permaneció durante los días que duraron los festejos. Durante esta estancia, el rectísimo príncipe pudo comprobar que esta ciudad, además de ser un verdadero templo del saber, también lo era del placer… Y es que el gran número de estudiantes que habitaban en Salamanca por su universidad, atraían a muchas prostitutas que encontraban en tanta población masculina un negocio seguro.
Para intentar purificar un poco la ciudad de tanto pecado, el príncipe Felipe emitió un decreto por el que las prostitutas de Salamanca debían ser expulsadas a zonas extramuros durante la Cuaresma y hasta que terminaran los días santos.
Una vez pasado este plazo, las prostitutas podrían regresar a la ciudad el primer lunes tras la Semana Santa. Llegado el fin del destierro, estas mujeres eran recibidas por los jóvenes con tanta alegría que se acababa celebrando una gran fiesta en la que se comía y se bebía hasta la saciedad y en la que todos acababan ebrios y bañándose en el río Tormes. Esta fiesta, llamada Lunes de Aguas, fue expandiéndose por la comarca pero con un carácter muchísimo más recatado…
En la actualidad y llegada esa fecha, familias y amigos se reúnen en el campo a la hora de la merienda, bailan y comen hornazo. Nada que ver con antaño... Hoy en día, el suculento hornazo se come cualquier día del año y supone un manjar estupendo para almorzar a media mañana. Desde luego… ¡esta delicia con apariencia de empanada y rellena de embutido sí que es todo un pecado!
EL REY FARINATO
Ciudad Rodrigo es el municipio más importante del suroeste de Salamanca, una provincia que es célebre por poseer una gastronomía muy relacionada con los productos derivados del cerdo. Y es que las extensas dehesas que conforman estas tierras suponen el hábitat perfecto para que el ganado porcino se crie en la comarca en unas condiciones óptimas, proporcionando así productos de altísima calidad. Recorriendo Ciudad Rodrigo, nos toparemos con varios establecimientos que venden “ibéricos”, que son todos aquellos productos derivados del cerdo de raza ibérica. Una de las características principales de los cerdos de esta raza es que poseen unas infiltraciones de grasa en sus músculos que hacen que sus productos sean de una calidad suprema.
Para que un ejemplar porcino sea considerado de raza ibérica, debe poseer al menos un 50% de pureza de dicha raza. Y cuanto mayor sea este porcentaje, más calidad tendrán sus derivados. Además de la pureza de su raza, otra variante que determina la calidad es la alimentación que hayan tenido estos animales a lo largo de su vida. Cuanto más tiempo al aire libre hayan vivido, mejor será la calidad de sus productos ya que los animales habrán podido alimentarse del pasto de las dehesas y de las bellotas que regalan sus encinas, y también porque, al estar sueltos por el campo, los cerdos caminan más y su carne es de mejor calidad. Cuanto mejor es la calidad de vida del animal, mejores son sus productos…
Sabiendo ya algo más sobre los productos ibéricos, les invitamos a que se paren ante el escaparate de alguno de estos establecimientos, aunque sólo sea para admirar el género que exhiben, que es todo un espectáculo para la vista. Verán que, además de diferentes productos delicatessen tipo aceite, miel u otras ambrosías, en estos comercios venden sobre todo jamones y embutidos. Y en Ciudad Rodrigo, el rey de los embutidos se llama farinato.
Llamamos embutidos a una pieza formada por una masa hecha de carne picada y condimentada con diferentes especias y hierbas aromáticas y que es introducida “embutida” dentro de una piel hecha con tripas del animal. Entre los embutidos más famosos en España están el chorizo, el salchichón y la morcilla. Y en Ciudad Rodrigo cuentan además con su célebre farinato, el producto autóctono por excelencia. Hecho con manteca de cerdo, pan migado, pimentón y demás especias, el farinato es el embutido protagonista de la gastronomía de la población.
La importancia de este producto en el municipio es tanta que los habitantes de Ciudad Rodrigo, además de contar con el gentilicio formal de “mirobrigenses”, también son conocidos por el sobrenombre de “farinatos”, apodo que lucen con orgullo…
Comprar un farinato es una buenísima opción para llevar con ustedes el sabor de esta ciudad a sus casas. Se venden en cómodas ristras envasadas al vacío que suelen contar con una caducidad de unos seis meses.
Es recomendable comer el farinato calentito y es el perfecto acompañante para unos huevos fritos con patatas…
Sin duda, ¡un aliciente estupendo para el regreso a casa!
LA GRAN DAMA MIROBRIGENSE
Ciudad Rodrigo posee una catedral realmente soberbia que supera en importancia a cualquiera de los demás edificios históricos que pueblan la ciudad. Poseedora de un rico interior y de un espectacular exterior lleno de detalles, la Catedral de Santa María de Ciudad Rodrigo es un tesoro de obligada visita. Es el monumento perfecto para ser fotografiado, aunque les avisamos de un pequeño inconveniente… ¡esta Gran Dama les va a robar todo el protagonismo en las fotografías! Esta joya tardo-románica en transición al estilo gótico comenzó a construirse a finales del siglo XII durante los últimos años del reinado de Fernando II de León, y su gran impulsor fue su hijo y sucesor, el rey Alfonso IX. Fue elevada sobre una planta de cruz latina formada por tres naves y su cabecera está orientada al este. Al ser construida durante un período de transición de estilos, posee detalles tanto románicos como góticos, aunque también posee elementos de estilos posteriores.
Sus obras fueron iniciadas en el siglo XII y se extendieron hasta el siglo XIV, pero debido a los daños causados por el terremoto de Lisboa y a diferentes ataques bélicos, las obras continuaron durante el siglo XVIII, cuando fueron realizados importantes trabajos, como por ejemplo, la construcción de la torre campanario de estilo neoclásico. La visita a su interior se realiza tras pagar una entrada de unos 3 euros.
Una vez dentro, disfrutaremos de su característica mezcla de estilos recorriendo su espectacular claustro en el que podremos encontrar elementos románicos, góticos y hasta platerescos. En el interior del templo, su altar de alabastro, su elegante coro y su rico museo catedralicio complementan una visita muy enriquecedora. Pero la gran joya del interior del templo es el Pórtico del Perdón, que no resulta visible desde la calle aunque esté situado en la entrada principal, ya que está protegido tras un sobrio pórtico debido a su gran valor. Se trata de una magistral obra de arte que recuerda mucho al Pórtico de la Gloria compostelano.
Este magnífico conjunto escultórico gótico consta de doce columnas con los doce apóstoles esculpidos en ellas y que rodean diferentes escenas de la vida de Jesús y de la Virgen María.
Es realmente soberbio. Cierto es que desde el exterior del templo también podremos disfrutar de dos impresionantes portadas. El pórtico más relevante es la Puerta de las Cadenas, situada en la fachada sur mirando a la Plaza de San Salvador.
Está formada por un arco de medio punto sobre cuyas arquivoltas brillan cinco estatuas románicas que representan a Cristo mostrando sus llagas y acompañado de cuatro apóstoles. Sobre ellos, reposa una galería con doce arcos ojivales que recogen doce estatuas góticas representando a personajes del Antiguo Testamento. Y más arriba, un bello rosetón que ilumina el crucero. ¡Espectacular! Por último, en la fachada norte y pegada al claustro, nos espera la Puerta del Ensolado o de las Amayuelas, de gran belleza románica bizantina con su arquivolta polilobulada. ¡Preparen bien sus cámaras antes de visitar a esta Gran Dama, porque van a poder retratar verdaderos tesoros!
Catedral de Santa María
Calle Cardenal Pacheco 15
37500 - Ciudad. Rodrigo, Salamanca
UN MUSEO MUY ORI(GI)NAL
Hay algunos lugares en la historia de la humanidad que resultan de lo más estrambóticos, pero que a la vez, tienen su razón de ser y además, son muy necesarios y apreciados. Es el caso de un curioso museo que existe en Ciudad Rodrigo, en pleno centro histórico. No hablamos de un museo etnográfico, ni provincial, ni catedralicio… Hablamos del Museo del Orinal. Han leído bien. Del orinal.
La verdad es que, si lo pensamos bien, el orinal es un objeto que ha acompañado a la humanidad a lo largo de muchos siglos, cumpliendo a la perfección una función muy práctica y ayudando en el alivio de una necesidad fisiológica que todos realizamos. Al ser un objeto tan utilizado y tan presente en la historia, fueron miles y miles los orinales fabricados en el mundo, con mil formas, tamaños y colores diferentes. Por todas estas razones, y por el gran servicio que ha hecho siempre al ser humano, el orinal se merece un respeto, ¡y hasta un museo!
Este mismo razonamiento tan cierto tuvo que tener el fundador de este museo, un coleccionista mirobrigense llamado José María del Arco Ortiz, quien dedicó muchos años de su vida a conseguir orinales por todo el mundo, recorriendo mercadillos, anticuarios y hasta hospitales. Hacia el año 1.991 reunió un número suficiente de orinales como para hacer una exposición itinerante que iba exhibiendo las piezas por diferentes puntos de España y de Portugal. Con el tiempo, este empecinado coleccionista siguió reuniendo muchas más piezas gracias a su tesón y también gracias a las aportaciones de orinales que le iban haciendo sus familiares y sus amistades. ¡Y es que para este hombre, no había mejor regalo que un orinal! Finalmente, en el año 2.006, pudo hacer realidad su sueño y abrir en su ciudad natal el Museo del Orinal, mostrando todas las piezas reunidas durante tantos años. El Museo del Orinal de Ciudad Rodrigo cuenta con una amplia colección formada por más de 1.300 piezas, procedentes de 27 países diferentes, siendo la más antigua del siglo XIII y de origen islámico. Todos los bacines exhibidos están perfectamente catalogados y documentados, lo que nos permite observar su evolución a lo largo de la historia.
Se exhiben orinales de muchos materiales diferentes, como de hierro, de barro, de porcelana y hasta de cristal, e incluso algunos poseen incrustaciones en oro y plata. También los hay de todos los tamaños, desde orinales minúsculos pertenecientes a casas de muñecas, hasta los llamados “dompedros” que están integrados en un mueble de madera.
Este museo está ubicado en un elegante edificio de piedra del siglo XVIII situado junto a la Catedral de Santa María, ocupando unas dependencias que antiguamente formaron parte del Seminario Diocesano de San Cayetano. Desde luego, en Ciudad Rodrigo han sabido dar al orinal un lugar de alto nivel...
Durante su visita a esta ciudad sin igual, no se pierdan el original Museo del Orinal. ¡Y sin haberlo deseado, nos ha salido un pareado!
Museo del Orinal
Plaza de Herrasti s/n
37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca
UN EMOCIONANTE PASEO SOBRE LA MURALLA
A pesar de todos los maravillosos monumentos que alberga Ciudad Rodrigo, sin duda su gran protagonista es su muralla, o mejor dicho, sus murallas. Y es que el casco histórico de Ciudad Rodrigo está completamente envuelto por una primera muralla que data del siglo XII y que fue mandada construir por el monarca Fernando II de León, pero a finales del siglo XV fue necesario levantar una segunda muralla rodeando la primera por su parte exterior para aumentar la protección gracias a un sistema abaluartado de fosos y de contrafosos.
La primera muralla, de la que aún queda algún resto medieval, fue reformada en el siglo XVIII aumentando su grosor para que pudiese circular la artillería por su parte superior. Gracias a aquella reforma, hoy en día podemos disfrutar de una vertiginosa muralla que cuenta con ocho metros de altura, que pueden llegar a ser 13 en algunos puntos, y cuya parte superior posee un ancho paseo a lo largo de todo su contorno, llamado adarve.
Y precisamente aquí reside el reto que les proponemos en este punto: ¡rodear la muralla caminando por su adarve! Se trata de un reto para todos los públicos, ya que cada persona puede recorrer el adarve sólo la distancia que quiera. Toda la muralla es visitable por su parte superior, lo que permite dar la vuelta a todo el casco histórico caminando por el adarve. El diámetro total de la muralla es de 2.250 metros, pero existen varias escaleras de acceso repartidas a lo largo del paseo para poder descender “a tierra firme” cuando se desee. Esta facilidad en sus accesos hace que pasear sobre la muralla sea una cita obligatoria para los visitantes de Ciudad Rodrigo. Caminando sobre el adarve, se puede disfrutar de unas maravillosas vistas de la población y de su entorno. Asimismo, sus fosos, sus baluartes, sus cañones y sus torreones conseguirán trasladarnos al pasado.
La muralla conserva aún seis de sus ocho puertas originales, y dado el grosor del muro, estas puertas son tan anchas que parecen túneles por los que penetrar directamente en el medievo. Y hablando de puertas, una buena idea para realizar el reto es caminar por el adarve desde la zona del castillo hasta la zona de la catedral, pasando sobre cuatro de estas puertas. ¿Se animan?
Para ello subiremos al adarve por el acceso que hay cerca de nuestro amigo el Verraco, en la entrada al castillo. Una vez arriba, comenzaremos a caminar dejando que el río Águeda quede a nuestra derecha. Las puertas sobre las que pasaremos serán, por orden, la Puerta de Santiago, la Puerta del Sol, la Puerta del Conde y ya en la zona de la catedral, la Puerta de las Amayuelas.
¡En este paseo de unos veinte minutos de duración habrán recorrido la mitad del adarve!
Es un lujo caminar sobre esta ovalada muralla y observar desde las alturas el baluarte estrellado que la rodea. Este colosal conjunto fortificado luce tan sumamente orgulloso tras haber sobrevivido a tantísimos acontecimientos bélicos que a veces, hasta parece llorar de emoción.
SECRETOS DEL PASADO
A continuación vamos a presentarles tres icónicos monumentos de Ciudad Rodrigo que nos van a hablar de los antiquísimos orígenes de esta población y nos van a ayudar a conocer algunos secretos de su pasado.
El primer monumento se halla apostado en la Plaza del Castillo, y permanece tan robusto que parece que esté custodiando firmemente la entrada a la fortaleza. Hablamos de esa extraña figura de piedra zoomorfa que, por más que la miremos, no acabamos de adivinar qué animal es…
Se trata del Verraco de Ciudad Rodrigo, un monumento esculpido en piedra por los vetones, pueblo prerromano que vivió en estas tierras en el siglo VI antes de Cristo. ¡Es antiquísimo!
Los vetones pertenecían a la cultura celta y eran principalmente ganaderos y muy beligerantes. Las tierras que habitaron ocupan una gran parte de la actual provincia de Salamanca, dato que conocemos gracias a los numerosos castros vetones y a diferentes “verracos” hallados en diversos puntos de estas tierras. Aunque cada escultura sea diferente, y algunas parezcan un cerdo y otras un jabalí, todas reciben el nombre genérico de “verraco”, que quiere decir “cerdo semental”.
Se cree que los vetones esculpían estas figuras como ofrenda a algún dios, pero esta teoría no es segura y convive con otras hipótesis, como que servían para señalizar diferentes zonas de pastoreo. Seguimos con nuestro viaje en el tiempo para descubrir más secretos de Ciudad Rodrigo… Nos adelantamos hasta el siglo II antes de Cristo, cuando los romanos fundaron en estas tierras la ciudad de Miróbriga, la actual Ciudad Rodrigo. Precisamente de este nombre dado por los romanos a la población, proviene el gentilicio de mirobrigense, tan utilizado en la actualidad y también a lo largo de estas líneas...
El segundo monumento que nos va a hablar del pasado de Ciudad Rodrigo forma parte de la herencia de su época romana. En una de las entradas de la ciudad se exhiben tres columnas colosales que se cree que formaron parte de un templo romano de la antigua Miróbriga. Fueron halladas durante la Reconquista y ya desde el medievo, las Tres Columnas suponen uno de los monumentos más emblemáticos de Ciudad Rodrigo y hasta forman parte de su heráldica.
El tercer y último secreto que desvelaremos en este punto tiene que ver con el bello puente que vemos desde el castillo y que cruza el río Águeda rodeado de un hermoso entorno. Aunque su nombre sea Puente Mayor, muchos mirobrigenses se refieren a él como Puente Romano, pero la verdad es que de romano ya le queda poco…
Y es que aunque no se niega que su origen pudiera haber sido romano, hoy en día nada queda de la primigenia construcción. El puente que vemos actualmente es fruto de diferentes fases constructivas realizadas ya a partir del medievo...
Tras haber conocido al vigoroso verraco de piedra, a las tres enigmáticas columnas que emergieron de la nada y al puente romano que no es romano, ya sabemos mucho más sobre el pasado más remoto de Ciudad Rodrigo. ¡Gracias a nuestros tres confidentes!
Verraco de Ciudad Rodrigo Plaza Castillo s/n 37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca.
Tres Columnas Calle Santa Clara s/n 37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca.
Puente Mayor / Puente Romano Calle Álamo Grande s/n 37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca.
UNA RUTA DE PLAZAS
La zona intramuros de Ciudad Rodrigo es un bellísimo laberinto de callejuelas llenas de palacetes, de plazoletas y de iglesias. Para que ustedes aprovechen bien su visita a la ciudad y puedan admirar sus mejores joyas, en este punto les hemos preparado una ruta breve pero muy provechosa, visitando tres plazas muy icónicas del casco histórico de Ciudad Rodrigo, dueñas de verdaderos tesoros arquitectónicos.
En este paseo recorreremos a pie una distancia de unos 500 metros que nos llevará, como mucho, 15 minutos. ¡Vengan con nosotros a esta ruta de plazas! Nuestro paseo da comienzo en la Plaza Dámaso Ledesma, una agradable y arbolada plazuela rectangular protegida por una verja y cuyo punto central está presidido por un busto de bronce del prestigioso musicólogo mirobrigense que da nombre al espacio.
Entre las joyas arquitectónicas que rodean esta plaza, destaca el Palacio de los Águila. Esta joya renacentista, construida en el siglo XVI por el alférez mayor Don Antonio del Águila, es el palacio de mayores dimensiones de Ciudad Rodrigo. Su fachada blasonada esconde un jardín y dos patios interiores.
Uno de ellos posee un marcado estilo plateresco tanto en su arquitectura como en su escultura, con dos pisos de galerías con arcos en tres de sus lados, decorados con medallones y escudos. En la actualidad, el Palacio de los Águila acoge el Centro Hispano-Luso de Estudios de Patrimonio, dedicado a conservar bienes culturales de España y de Portugal.
Continuamos nuestra ruta tomando la calle Sánchez Arjona hacia la izquierda, atravesamos la Plaza Mayor siguiendo una imaginaria línea recta y seguimos el paseo por la calle Julián Sánchez. Al final de esta curvilínea calle nos espera la Plaza del Buen Alcalde, una de las más bellas de Ciudad Rodrigo. Esta plaza ocupa el solar de la que fue la primera casa de los Señores de Cerralbo antes de que en el siglo XVI la familia trasladase su residencia a la Casa de los Cueto en la Plaza Mayor.
Con el tiempo, la primigenia casa familiar fue derruida y en su solar se construyó, ya en el siglo XIX, esta elegante plaza con soportales y con un claro aire andaluz, delatado sobre todo por sus colores predominantes, blanco y ocre.
En un lateral de la Plaza del Buen Alcalde, y sobre unos terrenos que también pertenecían a la familia Cerralbo, fue levantada a finales del siglo XVI la Iglesia de Cerralbo para acoger el panteón familiar de tan ilustre dinastía.
La particularidad de este templo es que su cabecera no está orientada hacia el este, ya que la disposición del solar no lo permitía y además, hacía ya tiempo que esa práctica había caído en desuso. Y justo al lado, frente a la Puerta de las Cadenas de la catedral, encontramos la elíptica Plaza de San Salvador, en cuyo fondo reposa la Casa de la Marquesa de Cartago. Construida a finales del siglo XIX con estilo neogótico, cuenta con bellos balcones esquinados y con un precioso escudo familiar sobre el dintel de la portada.
¡Disfruten de este paseo tan ilustre!
Plaza Dámaso Ledesma 37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca
Palacio de los Águila Calle Juan Arias 4 37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca
Plaza del Buen Alcalde 37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca
Iglesia de Cerralbo Calle Cardenal Pacheco 6 37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca
Plaza de San Salvador 37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca
Casa de la Marquesa de Cartago Travesía Campo de San Vicente 2 37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca.
UN DESCANSO MUY RENACENTISTA
Tras el impacto sensorial que supone visionar la gran belleza de la catedral de Ciudad Rodrigo, necesitaremos un descanso para que nuestra mente asimile la grandiosidad que acabamos de ver. Y para ello, no hay lugar mejor que su Plaza Mayor, cuya serena belleza renacentista nos ayudará a retomar fuerzas.
En pleno corazón de intramuros se encuentra la Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo, un alargado espacio que siempre ha sido el núcleo central de su vida urbana, e incluso lo sigue siendo en la actualidad. Es por ello que esta plaza, a lo largo de su historia, ha ido acogiendo los edificios más relevantes de cada momento. De todos ellos, en la actualidad se conservan tres, que son el Ayuntamiento, la Casa del Primer Marqués de Cerralbo y el Palacio de la Antigua Audiencia. Resulta un buen plan reponer energías en una de las terrazas de la plaza mientras repasamos los edificios que la han ido conformando a lo largo de los siglos, a la par que disfrutamos de su ambiente.
Durante la Edad Media, esta plaza fue el centro de la vida comercial ya que aquí se celebraba el llamado “mercado chico” en el que los vendedores ofrecían a voces sus productos y además, en los portales de sus edificios se instalaban diferentes oficios, como los escribanos. La función comercial de la Plaza Mayor sigue vigente en la actualidad, dado que hoy en día acoge los comercios más emblemáticos. Con el siglo XVI llegaron nuevos tiempos renacentistas para la Plaza Mayor. En uno de sus laterales fue construido el Ayuntamiento, uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Su fachada principal, de dos plantas y con forma de “L”, está flanqueada por dos bellos torreones y recorrida por una galería con arcos apoyados sobre columnas con capiteles platerescos.
Actualmente, el interior del edificio acoge además el Archivo Municipal de Ciudad Rodrigo, que reúne todos los documentos que acreditan los últimos 600 años de la historia del municipio. En el siglo XVI también fue levantado el palacete señorial que preside la mitad de la plaza. Se trata de la Casa del Primer Marqués de Cerralbo, también conocida como Casa de los Cueto. Su fachada está envuelta por un friso plateresco lleno de medallones y de adornos grutescos y está presidida por el escudo de la familia Pacheco Osorio, promotores del palacete. Su piso superior, que fue levantado en el siglo XIX, está coronado por una elegante balaustrada.
A la izquierda de esta casona y casi al final de la plaza, veremos un distinguido palacete con una larguísima balconada de hierro forjado. Es el Palacio de la Antigua Audiencia de Ciudad Rodrigo, que también cumplió funciones de cárcel. Este palacio neoclásico del siglo XVIII es actualmente un hotel que aún conserva elementos originales, como sus balcones y sus paredes de piedra vista.
¡Ha pasado de cárcel a hotel!
Disfruten de su descanso en esta curiosa Plaza Mayor, cuyo verdadero protagonismo no reside ni el ayuntamiento ni en los palacetes, sino en el gran ambiente que generan sus comercios y sus terrazas.
Plaza Mayor
37500 - Ciudad Rodrigo, Salamanca