VADUZ





UNAS VISTAS PRINCIPESCAS.
Vaduz, la capital del Principado de Liechtenstein, no es especialmente grande. Aunque sí tiene un encanto especial que la convierte en una de las ciudades más consideradas dentro de los circuitos turísticos.
Este lugar único, cuenta con restaurantes, tiendas, bancos, oficina de correos y la preciosa iglesia de San Florian. Se encuentra rodeada de montañas, prados y viñas en una de las riberas del Rin, todo ello dominado por el imponente Palacio, residencia de los Príncipes soberanos de Liechtenstein.
Por lo cual, como podréis imaginaros, para tener una vista espectacular del entorno, sin perder ninguno de los detalles y atractivos que nos rodean, deberemos subir parte de la ladera que nos conduce al Palacio.
Vamos a empezar nuestro recorridoo saliendo a pie desde la calle principal del centro peatonal de la ciudad, por ejemplo, desde la puerta del Banco Nacional de Liechtenstein, enfrente de la Brasserie Burg, un restaurante que tiene sus mesas siempre llenas. Poco a poco vamos ascendiendo por un sendero muy cuidado que nos llevará hasta la terraza panorámica del Känzile.
Por el camino de ascenso iremos encontrando algunos de los paneles con información sobre la historia del país y de la Casa Principesca.
Una vez en el mirador tendremos esas vistas espectaculares sobre el valle del Rin, los prados, las viñas del príncipe, las montañas, Suiza y Liechtenstein. Unas vistas de las más principescas y todo un lujo.
Es cierto que el sendero termina en la entrada del Palacio, pero a éste no podemos entrar. Por ser la casa y residencia de la familia de los gobernadores de este diminuto país, está fuertemente vigilado por la guardia y no se permite el acceso. A este castillo sólo podemos llegar hasta la explanada de entrada un único día al año, el 15 de agosto, que es cuando se celebra la ceremonia del día nacional. En esa ocasión se puede admirar el orgullo y reflejo de la Casa de los Príncipes de Liechtenstein.
Sin embargo, no hemos venido a tomar un café con los príncipes, sino a disfrutar de las mejores vistas de Vaduz y el maravilloso entorno que lo rodea.
PLATO DE ORIGEN POBRE, EN UNA CIUDAD RICA.
Bueno, el hecho de estar en Vaduz (en la capital de Liechtenstein) nos hace ver que la gastronomía local es de todo menos local.
Es decir, que tiene muchísima influencia de la gastronomía suiza, austríaca y alemana. Y es normal, debido a su posición geográfica y a su pasado histórico. Hasta su desaparición, el Principado de Liechtenstein perteneció y estuvo bajo la influencia del Imperio Austro-Húngaro, con lo cual es lógico que la gastronomía conserve mucho de este país, ahora vecino.
Y no hay que olvidar que la familia reinante siempre ha demostrado una voluntad cosmopolita y aperturista en su desarrollo como país. Estos hechos hacen que podamos encontrar prácticamente de todo y variado en cuestiones de comercio, cultura y, cómo no, de comida.
Nos encontramos en una ciudad con una alta calidad de vida y esto se percibe también en la calidad y el refinamiento de su oferta gastronómica. En esta diminuta ciudad podremos disfrutar desde un magnífico sushi japonés de primer orden en el restaurante del Museo de Arte Contemporáneo, Kunstmuseum, hasta de una maravillosa pizza italiana como si nos encontráramos en la mismísima Florencia o Nápoles (Restaurante Amarone).
Sin embargo, en la ciudad de Vaduz hay siempre (sobre todo en verano) muchos festivales y fiestas callejeras, atracciones musicales populares que tiene muchos kiosquitos de comida. Aquí podremos encontrar algo más asequible, pero que no deja de ser uno de las principales delicias del país: las famosas WURST, que no es otra cosa que una salchicha.
Aunque si tenemos que hablar de un plato local es el plato llamado Käsknöpfle mit Apfelmus. Consiste en un plato de pasta casera, parecida a los ñoquis, con queso derretido y cebolla caramelizada por encima.
A este plato se le conoce como Spätzle en Alemania o Austria y es, sin duda, el plato nacional por excelencia de Liechtenstein. Su origen es campesino, se trata de un plato pobre pero sustancioso. En el caso de Liechtenstein los Käsknöpfle vienen generalmente acompañado de salsa de manzana, cosa que no encontraremos en ninguno de los otros dos países.
Es un plato delicioso que podremos encontrar en cualquiera de los restaurantes de la ciudad.
UN RECUERDO ENSORDECEDOR.
Como suele suceder en la mayoría de países europeos, los negocios y espacios de compras se sitúan en el centro de las ciudades. Y como Vaduz no podía ser menos, hay que dirigirse a la calle Städtler, en el corazón peatonal de la capital, para poder encontrar la mayor oferta comercial del lugar.
Aquí encontramos negocios de ropa (tanto para caballeros como para señoras), zapaterías, bares, restaurantes, tiendas de recuerdos, relojerías, heladerías, la Oficina de turismo… podríamos enumerar todo tipo de establecimiento, ya que hay prácticamente de todo.
Sin embargo, es muy curioso, si nos centramos en los recuerdos y suvenires podremos observar que en realidad son los mismos que también encontramos en cualquier ciudad suiza. Aunque destaca uno, con mucha diferencia; los cencerros que llevan las vacas al cuello.
Veamos por qué.
Nos encontramos en tierras alpinas, hay muchas vacas, muchos pastos y muchas granjas. Durante el verano se suelen llevar los animales a los pastos altos de la montaña para que no sufran con las altas temperaturas. Para encontrar a las vacas, si se descarrían, los ganaderos les colocan unos cencerros o campanas al cuello, así, llegado el caso, sería más fácil encontrarlas.
Así, después de pasar el verano pastando en las altas laderas con hierba fresca, el ganado se vuelve a bajar al valle en otoño. La recogida de las vacas y su descenso hasta los valles se ha convertido en toda una tradición.
Cada año se celebra este momento con pequeños desfiles de vacas que son conducidas a través de las calles. Los animales van con coloridos tocados hechos de flores entre los cuernos, y los cencerros de metal van limpios y relucientes alrededor de sus cuellos. El ruido es alegre y ensordecedor, pero muchas personas se reúnen para ver el desfile y acompañar el ganado.
Con las primeras nieves las vacas se guardan dentro de los establos y el sonido alegre de sus cencerros deja de ser escuchado hasta el comienzo de la primavera. Por lo cual, estos cencerros se han convertido en símbolo de alegría y del comienzo del buen tiempo.
Es muy común encontrar cencerros de diferentes tamaños y adornos para llevar como suvenir. Es una cosa muy curiosa para comprar como recuerdo de este pequeño país. No te vayas sin la tuya.
UNA FOTO CON ARTE.
Hablando de fotos, en Vaduz ciertamente podemos elegir varios lugares espectaculares sin riesgo de parecer poco originales, y por supuesto, hay muchas personas que se quieren inmortalizar el momento. Lo que no podemos pasar por alto es la vocación de arte internacional de Vaduz, conocida por todos, y desarrollada a lo largo del año con diferentes exposiciones temporales, aunque también tenemos varios ejemplos de piezas que se encuentran de forma permanente.
Aquí, en la capital del principado, podemos encontrar esculturas y monumentos decorando las calles del centro peatonal y dando un aspecto cosmopolita y artístico a Vaduz.
Este hecho hace inolvidable nuestro paseo, y solo tendremos que decidir dónde hacernos la foto en cuestión.
Para que la decisión no nos sea muy difícil disponemos de tres opciones para elegir: “I tre cavalli” del escultor suizo Nag Arnoldi, “Mujer tendida” del colombiano Fernando Botero, por último, el busto doble de los príncipes Franz Joseph II y Gina von und zu Liechtenstein, obra del artista berlinés Bertrand Freiesleben.
Todos los artistas, de fama y reconocimiento internacionales, tienen repartidas sus esculturas por muchas ciudades importantes del mundo, y en este lugar las podemos disfrutar como una exposición permanente. Aquí en Vaduz, podemos inmortalizarnos con cualquiera de estas tres esculturas.
Las de Arnoldi, enfrente del Ayuntamiento de Vaduz, es una reflexión de la relación entre los humanos y los caballos. La escultura de Botero, justo en la plaza lateral del Kunstmuseum (Museo de Arte Contemporáneo) nos trae su particular visión de entender los volúmenes y las perspectivas en escenas cotidianas.
Por último, el busto de los príncipes gobernantes se encuentra justo delante de la catedral de San Florian. La escultura se inauguró en el otoño de 2013 para conmemorar el setenta aniversario de las bodas de la principesca pareja. Está será sin duda la foto que uno no debe perderse en Vaduz, es única y será el recuerdo perfecto de la ciudad y del pequeño principado. Es una escultura que trata un tema mucho más local e importante para los habitantes de la capital.
Así que a posar como si fuésemos príncipes y a retratarse con la auténtica realeza del lugar.
BODEGAS PRINCIPESCAS.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, el vino era la principal exportación de Liechtenstein, junto con el ganado. La industria vitivinícola de principado alcanzó un máximo histórico en 1871.
Más tarde, sin embargo, la apertura del ferrocarril en la cercana Austria supuso un aumento en la competición extranjera y en la primera mitad de 1920 las malas cosechas y las plagas causaron colapso en la industria del vino. Los intentos del gobierno de mantener la industria fracasaron.
A partir de la década de los 70 hubo un rebrote de la vinicultura, sin embargo, desde el 2008 sólo existen 64 hectáreas de cultivo.
Uno de los atractivos de Vaduz es sin duda la bodega Príncipe de Liechtenstein, que solo los amantes del vino conocen, y que no está entre los circuitos frecuentes de la región.
En la bodega los visitantes pueden caminar a través de los viñedos y degustar los excelentes vinos, obviamente, pagando la entrada para visitar las instalaciones, y que merece la pena.
La bodega en realidad son los viñedos Herawingert. Se trata de cuatro hectáreas en pendiente, orientadas al suroeste y que disfrutan del clima templado en los meses de la primavera y del verano, además de la excelente calidad del suelo, lo que ofrece unas condiciones ideales para el crecimiento de la uva Blauburgunder (Pinot Noir) y la Chardonnay.
Es una bodega con más de 400 años de historia. De hecho, si te decides a visitarla en su interior podrás ver una prensa de uva del siglo XVII. La viticultura se ha convertido en un pasatiempo más serio desde hace muy poco tiempo en el principado. La sala de degustación de la bodega Príncipe de Liechtenstein abrió sus puertas en 1998.
En las bodegas del Príncipe de Liechtenstein, a cada visitante se le ofrece una copa de vino Vaduz. Además de poder saborear un vino noble, los clientes pueden llevarse la copa adornada con el escudo de armas original del Príncipe.
ENTRE DOS TIERRAS
En este entorno tan privilegiado entre montañas, prados y dos países nos vamos a relajar en un lugar especial a donde no llega mucha gente, y sin embargo está bastante cerca del centro: diez minutos a pie dando un hermoso paseo, nada complicado en cuanto a dificultad del terreno.
¡Vamos allá!
Hay que llegar al puente más antiguo sobre el río Rin en su curso inicial, antes de convertirse en uno de los grandes ríos de Europa. Este puente es una de esas joyas que uno piensa que no existen más que en las películas, y sin embargo es real, lo podemos atravesar y admirar el paisaje a través de sus ventanas sobre el mismísimo Rin, los Alpes, Suiza y Austria.
Se trata de un puente de madera cubierto con una techumbre a dos aguas, con una estructura metálica en su interior, lo que le confiere una imagen de sutileza y estabilidad poco frecuentes. Tiene un aire romántico e histórico que lo convierte en un lugar especial.
El río Rin nace en el cantón suizo de los Grisones, a una hora en coche de la ciudad de Vaduz, con lo cual a su paso por esta ciudad es aún muy jovencito y diferente de cuando atraviesa ciudades tan conocidas como Basilea, Rotterdam, Colonia o Estrasburgo. Pero a su paso entre Suiza y Liechtenstein hace de frontera natural y eso le da belleza al lugar, aparte de que nos encontraremos sobre las aguas de este río tan importante y, lo que es más atractivo, justo en la frontera entre dos países.
Para llegar aquí necesitamos salir de la plaza anterior a la Catedral de San Florián, tomamos la Kirchstrasse hasta el final, hasta llegar al cauce del río, ahí giramos a la izquierda y caminamos por la calle del rin (Rheinstrasse) hasta llegar al puente. En nuestro paseo veremos prados, las casas con jardín típicas de la ciudad y, en un agradable paseo llegaremos hasta el histórico y antiguo Alte Rheinbrücke.
Ánimo y a disfrutar.
VISITA DE UNA IGLESIA APARENTEMENTE SENCILLA.
Aparentemente, y a menudo, cuando se visita la iglesia catedral de San Florián de Vaduz se tiene la impresión de que es muy sencilla, que no tiene piezas muy antiguas o la suficiente historia necesaria para que llame nuestra atención.
Bueno, no es del todo así. Si nos remontamos a la construcción del templo actual que se visita, es cierto que la fecha data del siglo diecinueve, más exactamente del periodo que va entre 1869 y 1873, y fue construida en su inequívoco estilo “neogótico”, tan de moda en esas fechas en toda Europa. Pero evidentemente el templo tiene un origen mucho más antiguo ya que en el mismo lugar donde se alza hoy la catedral, se encontraba en la edad media la capilla dedicada a San Florian.
Prácticamente, cuando se funda el primitivo condado de Vaduz (1342) se construyó la capilla de este santo, y poco a poco fue incrementando su devoción entre los lugareños, hasta que en a mediados del siglo dieciocho se convirtió en el patrón de Vaduz y de los Príncipes.
Finalmente se acometieron unas obras de remodelación en la segunda mitad del siglo dieciocho, que es lo que ha llegado hasta nuestros días. Sin embargo, no todo en el templo es nuevo.
Vamos a detenernos en las dos esculturas, aparentemente colocadas por casualidad, junto al altar mayor. Se trata de San Pedro y San Pablo. Datan del año 1670, esculpidas en estilo barroco, y seguramente procedentes de la antigua capilla de San Florián.
Son de una calidad excepcional y mantiene los atributos iconográficos que hace reconocibles a cada uno de ellos; San Pedro con sus llaves y San Pablo con su espada. Vale la pena detenerse a admirarlos y reconocer la expresión de sus rostros y el movimiento de sus ropajes.
Un trozo de historia conectado con el presente.
UN PASEO A LO LARGO DE UN RIACHUELO.
La ciudad de Vaduz es uno de esos lugares idóneos para pasear, para descubrir montañas, el castillo de los Príncipes, para comprar o bien para detenerse un rato y disfrutar del paisaje, de la gastronomía y por qué no, de pasear relajadamente con el tiempo de nuestro lado, sin preocupaciones.
Las influencias tan marcadas del principado de Liechtenstein vienen, cómo no, de los dos países vecinos entre los que se encuentra: Suiza y Austria. Y por supuesto que el paisaje tiene mucho que ver en la forma de ser de los habitantes del principado, y de la propia ciudad de Vaduz.
Cuando nos ponemos a vagar sin rumbo fuera de la calle principal, tan animada siempre, vamos percibiendo que la naturaleza está presente en cada rincón y esquina. La mayoría de las casas poseen un gran jardín, que más parecen pequeños parques o prados ideales para pastar animales.
Nuestro paseo lo proponemos a lo largo de las márgenes del riachuelo Oberaukanal, disfrutando de los pequeños jardines o bancos que encontramos en sus orillas. Este riachuelo, acequia o canal, como se prefiera llamar, transcurre tranquilo y cristalino por la ciudad, y varios kilómetros más adelante se funde con las aguas del joven Rin.
Sus riberas están llenas de fresca hierba, flores y un sendero apacible por el que pasear y descubrir cómo los habitantes de Vaduz se acercan (con o sin motivo) para sentarse a leer, para pasear en bicicleta con los niños, o bien para reunirse con los amigos.
No importa cuando se viaje a Vaduz, ya que, en cualquiera de las estaciones del año, siempre se encuentra esta ribera amable esperando a quien quiera acercarse a descubrir los reflejos del cielo, de las casas, de los niños que juegan junto a él o a las parejas que pasean tranquilas sin rumbo fijo.
SENTADO EN UN BANCO DESDE LA CALLE PRINCIPAL.
La capital del Principado de Liechtenstein ofrece varios espacios idóneos en los que detenerse y hacer un alto en el camino, que también es bueno dejar correr el tiempo, reposar un poco el cuerpo y la mente y disfrutar.
La ciudad de Vaduz está articulada por la carretera que comunica el cantón suizo de los Grisones, atraviesa el territorio de Liechtenstein y llega hasta Austria.
Pero en realidad, la vida se desenvuelve en la calle Städtle, la verdadera “espina dorsal” de Vaduz. Esta calle la encontramos paralela a la carretera, en el interior del caserío y discurre desde las cercanías de la catedral hasta pasado el ayuntamiento. Es el gran espacio peatonal y donde se suceden todos los acontecimientos, festivos o no, de la ciudad.
En tiempos remotos, las construcciones se establecieron al pie de la colina donde se encuentra el castillo residencial de la familia gobernante, buscando protección y sentido de unidad. Además, se favorecía el trueque, el intercambio comercial, religioso y cultural, por lo que comenzó a desarrollarse esta calle principal donde la población concentraba sus actividades y se podía encontrar de todo.
Hoy en día sigue siendo la calle más transitada. Por aquí pasan los habitantes en algún momento del día, ya sea de sus quehaceres diarios, ya sea para tomar un café, o bien para acercarse al banco, a la iglesia o a una exposición temporal.
Nosotros vamos a sentarnos en uno de los lugares privilegiados de esta calle: en los bancos que están al lado del edificio del ayuntamiento, al lado de la gran plaza abierta que es el escenario de las fiestas locales, del mercadillo de navidad, o bien de cualquiera de los conciertos que el gobierno de la ciudad ofrece a sus habitantes y visitantes. Qué mejor lugar que este para ver pasar la vida, ¿no te parece?
Para completar nuestra pausa podemos saborear un buen helado o un pastel de manzana, ya sea verano o invierno. Aunque basta sentarse, abrir los ojos y respirar viendo pasar la vida...