CARAVACA DE LA CRUZ





¡AH DEL CASTILLO!
En una zona montañosa del noroeste de la Comunidad Autónoma de Murcia se encuentra Caravaca de la Cruz, relevante municipio que debe su trascendencia al hecho de ser un importante lugar referente dentro el culto católico, a su cultura, a sus fiestas populares, a su trazado medieval y a su imponente recinto amurallado. Y es que la ciudad está vigilada por una fortaleza cuya visita aporta sensaciones inolvidables y nos traslada directamente a la época de los templarios.
El Castillo de Caravaca de la Cruz se eleva a una altitud de 675 metros sobre una colina que domina la ciudad. Las vistas ofrecidas desde cualquier punto de su perímetro son espectaculares, y si a eso sumamos el respetuoso silencio que embarga todo el recinto, solamente roto por el susurro del viento, la sensación ya resulta impresionante, e incluso en ocasiones, estremecedora. Esta fortaleza nos espera, orgullosa y serena, para que recorramos todos sus rincones.
Nada más cruzar la puerta de acceso de la muralla que rodea la fortaleza, percibimos que son muchos los elementos a recorrer dentro del recinto amurallado. Sin duda, uno de los puntos más importantes que incluye el conjunto es el Santuario de la Vera Cruz, al que dedicaremos un punto exclusivo más adelante debido a su importancia.
Conozcamos un poquito sobre la historia de este monumento… Los orígenes de la fortaleza se remontan a la época islámica. Durante los siglos XII y XIII los musulmanes centralizaron en este altozano el control de toda la zona circundante y la defensa de la población y para ello levantaron sobre él una fortificación. Tras la conquista cristiana del Reino de Murcia en la segunda mitad del siglo XIII, la fortaleza árabe pasó a manos de los Caballeros Templarios, para quedar vinculada a partir de mediados del siglo XIV a la Orden de Santiago.
A lo largo de los siglos, sus edificaciones han ido contando con una serie de transformaciones hasta conseguir su aspecto actual. A finales del siglo XV, las murallas albergaban en su interior una construcción de planta poligonal, con torres, foso y antemuralla que era el edificio señorial principal, y que fue destruido en el siglo XVII para levantar en el mismo emplazamiento la Basílica de la Santa Cruz y la anexa Casa del Capellán.
A pesar del paso del tiempo y de su conversión en un punto sacro, el Castillo de Caravaca de la Cruz aún luce su carácter defensivo y militar, conservando aún su “plaza de armas” o explanada y sus aljibes. La fortaleza está rodeada por un paramento de murallas de forma elíptica con un saliente llamado “canapé”. En este perímetro amurallado destacan catorce torres de distintos tamaños y formas, algunas con planta cuadrada y otras circular.
Al asomarse a estas murallas, una vista infinita se extiende bajo nuestra mirada. La ciudad de Caravaca, huertas de la Vega del río Argos, bosques de pinos y encinares se postran a los pies de la fortaleza agradecidos por su estoica defensa a lo largo de los siglos.
Castillo de Caravaca de la Cruz
Cuesta del Castillo 31
30400 - Caravaca de la Cruz, Murcia
BOCADOS DE FELICIDAD
Dentro de la gastronomía caravaqueña destacan unas exquisitas delicias anaranjadas llamadas Yemas de Caravaca. Este delicioso dulce se vende en cualquier confitería y en todas las tiendas de productos típicos del municipio. Las Yemas de Caravaca están muy arraigadas a la historia y a la vida de la ciudad, pero a pesar de ello, se desconoce su origen exacto sobre el que se barajan varias teorías. Esto hace que este producto, además de una ambrosía, sea todo un misterio…
Las yemas son un dulce elaborado a base de azúcar y de yemas de huevo. Supone un producto muy típico en varias poblaciones de España, como en Ávila o en Sevilla, presentando en cada lugar una particularidad diferente. En el caso de las caravaqueñas, su nota diferencial reside en la ausencia de especias o de frutas en su elaboración y en una capa de caramelo que las cubre y que las hace únicas.
Volviendo a su origen, hay varias conjeturas que explican esta dulce tradición en Caravaca, lo que hace pensar que la verdad reside en una especie de mezcla de todas ellas. Ninguna teoría segura del todo pero todas con algo de verdad… La primera hipótesis relaciona esta receta con la cultura morisca, sobre todo teniendo en cuenta la gran presencia de este grupo en Caravaca. De hecho, a principios del siglo XVII, uno de cada cuatro habitantes de esta ciudad era de origen morisco.
También se cree que debido a la fuerte tradición religiosa de la ciudad, la receta de las Yemas de Caravaca pudo fraguarse en las cocinas de alguno de sus conventos. O quizás nació en los obradores de confitería ya que algo debían hacer los maestros reposteros con tanta yema sobrante… Y es que lo que sí se sabe seguro es que en esta región vinícola se utilizaban las claras de los huevos para clarificar el vino. Cuando alguna cosecha salía turbia, se añadían claras de huevo al vino para separar las impurezas y así aumentar su brillo y mejorar su aspecto.
Sea cual sea la fuente de su receta, ya sea morisca, monacal o repostera, las Yemas de Caravaca comenzaron a elaborarse en los obradores caravaqueños a partir del siglo XVII, siendo durante mucho tiempo para consumo casi exclusivo de los habitantes de la ciudad. Con el paso del tiempo, la fama de las Yemas de Caravaca fue creciendo tras ser catadas por los visitantes que llegaban a la villa, y también porque se convirtió en un regalo muy socorrido dentro la exclusiva sociedad caravaqueña. ¡Obsequiar a un amigo o a un familiar con una cajita de Yemas de Caravaca era garantía de acierto!
A mediados del siglo XX, a su exclusiva cobertura de caramelo le surgió un duro competidor que arreglaba el problema pegajoso del almíbar… ¡el chocolate! Y así surgieron las Yemas de Chocolate, con la misma receta que las originales pero con una capa final de chocolate que las hace aún más gloriosas...
¡No dejen de probar las exquisitas Yemas de Caravaca cuando visiten esta ciudad!
LA BELLA CRUZ PATRIARCAL
Si hay algo omnipresente en Caravaca de la Cruz es, precisamente, la Cruz de Caravaca. Nos toparemos con este símbolo religioso en muchos rincones de la ciudad. Incluso la encontraremos en pequeñas figuras, en colgantes, en pulseras y en más objetos en los comercios de productos caravaqueños, donde podremos adquirir la cruz a modo de recuerdo o de regalo.
La Cruz de Caravaca es una reliquia muy venerada dentro del culto católico al ser un lignum crucis, es decir, un pedazo del verdadero leño en el que fue crucificado Jesucristo. Hay muchas leyendas que explican la presencia de esta reliquia en Caravaca, pero la más aceptada reza así…
En el año 1231, la Taifa de Murcia se mantenía en poder musulmán. Un gobernador árabe llamado Zayd Abu Zayd, conquistó la ciudad de Caravaca y capturó a muchos prisioneros cristianos. Tras ello, dio comienzo un interrogatorio para conocer los oficios de estos prisioneros y que así ocupasen trabajos acordes a sus habilidades. Entre ellos había un sacerdote cristiano llamado Don Ginés, y el gobernador árabe quiso conocer cómo celebraba una ceremonia cristiana. Así que pidió al sacerdote que diese una misa en su presencia, y al oír esta petición, Don Ginés rogó a Dios para que entrase en el corazón de Zayd Abu Zayd.
Durante la liturgia con el gobernador árabe presente, Don Ginés se dio cuenta de que no tenía ninguna cruz en el altar y paró la misa. Fue entonces cuando dos ángeles entraron por la ventana portando una cruz que depositaron sobre el altar. Este milagro impresionó tanto al gobernador Zayd Abu Zayd, que al poco tiempo se convirtió al cristianismo. El hecho, acontecido en el año 1232, tuvo lugar el día 3 de mayo, justo la fecha que conmemora el Día de la Santa Cruz.
La cruz que dejaron los ángeles era de madera y tenía doble brazo horizontal, forma conocida como cruz patriarcal. Según la tradición, fue la misma cruz que perteneció a Roberto de Jerusalén, primer patriarca que tuvo la ciudad santa tras la conquista cristiana sobre los musulmanes en la Primera Gran Cruzada en el año 1099. Esta cruz estaba realizada con la madera de la verdadera cruz de Jesucristo, de ahí su nombre de Vera Cruz.
La Vera Cruz se mantuvo desde entonces en Caravaca a modo de reliquia custodiada dentro de un relicario, también con forma de cruz patriarcal, cuyas medidas son de “divina proporción”: dos travesaños horizontales de 7 y 10 cms y el madero vertical de 17 cms.
Hoy en día, la cruz sigue muy presente en la vida de la ciudad. ¡Hasta forma parte de su nombre! Es muy venerada y los caravaqueños la consideran, además de un símbolo religioso y sagrado, un buen regalo para hacer a sus seres queridos. Y es que la Cruz de Caravaca se considera un objeto cargado de buena energía y que protege a quien la porta espantando los males. ¡Incluso es una costumbre regalarla a la persona amada como declaración de amor!
UNA GRANDIOSA FACHADA BARROCA
Desde su aparición el 3 de mayo de 1232, la Vera Cruz fue defendida y custodiada dentro del recinto amurallado, primero por los Caballeros Templarios y luego por la Orden de Santiago, que permaneció en el lugar hasta la abolición de todas las órdenes religiosas en el año 1868.
La noticia de que, tras un milagro, en este lugar había aparecido un lignum crucis corrió como la pólvora entre las gentes del medievo y Caravaca se convirtió en un lugar de peregrinaje cristiano. Desde el mismo siglo XIII fueron muchos los peregrinos que acudían a Caravaca para venerar la Vera Cruz. Tras la aparición del lignum crucis en Caravaca, la Iglesia reconoció oficialmente su veracidad y desde entonces, casi todos los pontífices fueron concediendo bulas con privilegios a la Cruz de Caravaca, lo que hacía que aumentaran las peregrinaciones.
Tras la conquista cristiana de Caravaca, los Templarios construyeron un pequeño templo dentro del recinto amurallado que recibió el nombre de Ermita de Santa María la Real. Se trataba de un sencillo edificio construido en argamasa y madera. Con el paso del tiempo y debido al gran número de peregrinos que visitaban el Santuario, se decidió construir un templo de mayor tamaño para que todos pudieran venerar la reliquia de la Vera Cruz.
Así que en el año 1617 comenzaron las obras de la basílica que conocemos hoy en día. El edificio principal señorial fue demolido y en ese mismo lugar fue construido un nuevo templo que custodiase la reliquia. Las obras de la iglesia duraron casi un siglo, pero hubo que esperar hasta casi finales del siglo XVIII a que se construyera su parte más célebre. Y es que esta basílica cuenta con una impresionante fachada barroca que resulta sorprendente. ¡Incluso algo chocante!
La famosa portada está realizada con mármoles negros y rojos de la comarca, en los que predomina el jaspe. Acorde a su estilo barroco, su intensa decoración incluye ornamentos florales, un escudo real y varias conchas de la Orden de Santiago. La portada contiene además suntuosas columnas rematadas por cornisas y apoyadas en sus famosos estípites. Presidiendo la fachada y bajo siete pináculos, existe una hornacina con una talla de la Vera Cruz. ¡Es realmente espectacular!
Resulta imponente el contraste que produce esta ostentosa portada de mármol superpuesta a la más sobria de las sillerías. La fachada de la basílica compone el marco perfecto para posar en una fotografía que nos servirá como testimonio de haber visitado una ciudad santa. ¡Como lo oyen!
Gracias a su reliquia y a la peregrinación, Caravaca de la Cruz es una las ciudades santas del cristianismo en todo el mundo. Pero además de esto, Caravaca posee un privilegio muy especial otorgado en 1998 por el Papa Juan Pablo II por el que la ciudad celebra un Año Jubilar cada siete años. ¡Todo peregrino que visite el Santuario durante un Año Jubilar, conseguirá el perdón plenario!
¡La visita a este Santuario bien merece ser inmortalizada en una buena fotografía con la fastuosa fachada barroca de fondo!
Real Basílica-Santuario de la Vera Cruz
Cuesta del Castillo 9
30400 - Caravaca de la Cruz, Murcia
PURO PODER MÍSTICO
En Caravaca de la Cruz existe un fuerte fenómeno que hasta se siente caminando por la ciudad. No se sabe si mana de la tierra o si está en el aire, pero lo cierto es que en esta ciudad se percibe un fuerte sentir religioso. Esta fuerza no sólo proviene de la Vera Cruz, ni del hecho de ser una ciudad santa. Va más allá… Es como uno de esos lugares que el antiguo hombre pagano elegía para realizar sus ritos, uno de esos sitios especiales cargados de misterio y de una energía especial. Así es Caravaca de la Cruz, puro misticismo.
A lo largo de la historia, diferentes personalidades religiosas se sintieron atraídas por el poder místico que emana esta ciudad, y esto ha quedado reflejado en los numerosos conventos e iglesias que hay en Caravaca.
Una de estas personalidades fue Santa Teresa de Jesús, quien en el año 1576 fundó en Caravaca el Convento de Madres Carmelitas Descalzas. Esta fundación suponía la duodécima de las diecisiete que fundó Teresa de Ávila a lo largo de su vida. Por problemas de salud, la santa no llegó a estar nunca personalmente en la fundación y gestionó en la distancia todo su proceso. Pero esta ciudad fue tan importante en la vida de la santa que siempre llevó con ella una Cruz de Caravaca. De hecho, la reliquia fue encontrada entre las sábanas en su lecho de muerte…
Un importante místico que estuvo en Caravaca en numerosas ocasiones fue San Juan de la Cruz, quien también fundó un convento carmelita pero en “versión masculina”. A este santo le unía una amistad muy fuerte con Teresa de Jesús, tanto que ella le llamaba, en confianza, “su medio fraile” bromeando por la escasa estatura de Juan de la Cruz.
Resultó que una vez fundado el convento carmelita femenino en Caravaca, sus monjas se sentían desprotegidas frente al fuerte poder jesuita y franciscano en la ciudad, así que pidieron a su Orden abrir en Caravaca un convento carmelita pero masculino. La fundadora de la Orden encomendó a su amigo Juan esta misión, y así fue como en el año 1587, San Juan de la Cruz fundó el Convento de Padres Carmelitas Descalzos en Caravaca.
Este convento de Padres Carmelitas Descalzos acoge actualmente la Hospedería Nuestra Señora del Carmen, atendida por un pequeño grupo de frailes que hacen todo lo posible para que sus huéspedes disfruten de su estancia en un puro ambiente de paz y tranquilidad. Y frente a la hospedería, una escultura en bronce de San Juan de la Cruz en actitud andarina…
Y es que debido a las numerosas ocasiones que Juan de la Cruz vino a Caravaca desde Beas de Segura, ha sido creado el “Camino de San Juan de la Cruz” por iniciativa de los actuales frailes carmelitas. Se trata de un itinerario para realizar a pie los 150 kilómetros que tantas veces recorrió el santo a través de la Sierra de Segura para llegar a Caravaca y poder fundar su convento.
Convento de Madres Carmelitas e Iglesia de San José
Calle Mayor 35
30400 - Caravaca de la Cruz, Murcia
Hospedería Nuestra Señora del Carmen (Convento de Padres Carmelitas)
Calle Corredera 7
30400 - Caravaca de la Cruz, Murcia
SENTIR EL PODERÍO TEMPLARIO EN NUESTRAS VENAS
¡Seguimos con las fiestas de Caravaca! Además del Baño de la Cruz, existe otro evento en las fiestas patronales de la ciudad que resulta tan espectacular, tan grandioso y tan vibrante que su fama ha traspasado fronteras. Se trata de los Caballos del Vino, un festejo caravaqueño que por su belleza y su pasión forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco desde el año 2020.
Las fiestas de la Santísima Vera Cruz de Caravaca se celebran a principios de mayo, ocupando los Caballos del Vino los dos primeros días de festejos. Se trata de una serie de tres concursos organizados por unas asociaciones populares llamadas peñas caballistas, en los que exhiben las cualidades y la belleza de sus caballos. El día 1 de mayo tienen lugar los dos primeros concursos relacionados con los equinos. En los “Caballos a pelo” los equinos compiten en belleza y en el “Enjaezamiento” se exponen los bellísimos mantos bordados a mano en oro y seda que vestirán los caballos durante las fiestas.
Pero el concurso más importante se celebra el 2 de mayo. Es el más célebre y el más multitudinario. Miles y miles de personas llegan ese día a Caravaca para presenciar este espectáculo que hace vibrar cada piedra. Es la famosa “Carrera de los Caballos del Vino”, que consiste en realizar, veloz y enérgicamente, el último tramo que lleva al castillo. En esta competición, cuatro mozos de una peña realizan corriendo los 80 metros del recorrido, pendiente arriba, asidos a un caballo que va al galope. Gana la peña que realiza esta distancia en el menor tiempo posible, ¡y sin caerse ninguno de los mozos!
El espectáculo es brutal, es puro poderío. Hombre y caballo compitiendo juntos contra el tiempo. Fuerza, poder, sudor y polvo mezclados con la finura de los mantos que visten los caballos. Ahí reside la belleza del espectáculo, en esta fuerza resultante de la unión del hombre y del caballo pero envuelta en la delicadeza de los mantos de oro y seda. ¡La mezcla es explosiva!
Cuenta una leyenda que el origen de esta carrera reside en el siglo XIII. Estando los caballeros templarios sitiados por los musulmanes en el castillo de Caravaca, se pudrió el agua almacenada en los aljibes, así que un grupo de caballeros se aventuró a salir del castillo a por agua. Tras comprobar que los musulmanes habían envenenado los manantiales, se hicieron con varios odres de vino que cargaron en los caballos. Para regresar al castillo, atravesaron con éxito las líneas enemigas corriendo y asidos a los caballos. Una vez allí, el vino fue bendecido con la Vera Cruz y se arrojó en los aljibes, purificando sus aguas.
Y ahora viene su reto… ¿se animan a subir al castillo a pie? Realizar esos 80 metros caminando purifica la sangre y al hacerlo, se verán contagiados por el poderío de mozos y caballos que siempre permanece flotando en ese tramo para llenar de fuerza al valiente que lo realice a pie.
Castillo de Caravaca de la Cruz
Cuesta del Castillo 31
30400 - Caravaca de la Cruz, Murcia
¡HABEMUS NUEVO LIGNUM CRUCIS!
En Caravaca de la Cruz se celebran anualmente unas importantes fiestas patronales cargadas de actividades que rinden honores a la Vera Cruz. Entre todos los eventos organizados durante estas fiestas, hay uno que destaca especialmente y que tiene lugar cada 3 de mayo, día de la festividad de la Santa Cruz. Se trata de la celebración de un rito muy importante, cuya tradición viene del siglo XIV y que se conoce como el “Baño de la Cruz de Caravaca”.
El rito consiste en bañar la Vera Cruz en unas aguas que, tras este baño, resultan bendecidas y de esta manera regarán sacralizadas las huertas caravaqueñas. Esta ceremonia tiene lugar en el Templete, uno de los monumentos más emblemáticos de Caravaca, también conocido popularmente como el Bañadero.
El Templete es un monumento barroco de finales del siglo XVIII, cuya planta se basa en una circunferencia alrededor de cuyo diámetro discurre el agua proveniente de las Fuentes del Marqués y que sale hacia las huertas. Su hexagonal cuerpo está compuesto por unos gruesos pilares que sostienen una cúpula cubierta de tejas árabes coronada por un elegante lucernario.
Para conocer el origen de esta tradición, nos remontamos hasta 1384, año en el que hubo en la comarca una plaga de langostas y para sofocarla, se pidió a la ciudad de Caravaca que donase agua bendecida por su Cruz. Este acto se fue repitiendo todos los años hasta formar parte de la historia de la ciudad y de sus fiestas. En la actualidad, gracias al poder de la tradición y a su gran contenido simbólico, el Baño de la Cruz es el acto central de las fiestas y se celebra rodeado de los desfiles festeros.
El lugar elegido para bendecir las aguas fue el punto de convergencia de las acequias que salían hacia las huertas. En ese lugar, los caravaqueños celebraron el Baño de la Cruz durante tres siglos a la intemperie. Cuando ya quedó claro que la tradición estaba más que arraigada, en el siglo XVII se construyó en el lugar la Capilla del Baño, un sencillo humilladero con una cruz y un simple tejado de madera pero pronto quedó deteriorado. Así que el ayuntamiento decidió edificar en el lugar una construcción de calidad que dignificase el evento. Y así se elevó el elegante Templete, terminado de construir en el año 1801.
Pero Caravaca y su Templete guardaron silencio durante 8 años en los que no se pudo celebrar el Baño de la Cruz. En febrero de 1934 sucedió un desafortunado robo de carácter político-religioso en el que se sustrajeron la reliquia original y su relicario. Una profunda tristeza embargó la ciudad durante 8 largos y apenados años... ¡Hasta que la solución llegó desde el Vaticano! El Papa Pío XII donó a Caravaca dos fragmentos certificados del leño de Cristo que llegaron a la ciudad el 30 de abril de 1942, justo a tiempo de poder guardarlos en un relicario, réplica del sustraído, y así poder reanudar ya desde ese mismo mayo el Baño de la Cruz.
El Templete
Plaza del Templete 3
30400 - Caravaca de la Cruz, Murcia
EL BARRIO MEDIEVAL, SEMILLA DE CARAVACA
A partir del siglo XII fue surgiendo a los pies del castillo de Caravaca de la Cruz un barrio de estrechas calles y de retorcido trazado que nos espera para que descubramos todas las sorpresas que guarda “intramuros”. Es el Barrio Medieval de Caravaca, nacido en el espacio que quedaba dentro de una muralla, hoy en día desaparecida, que protegía a los caravaqueños de posibles ataques sarracenos. Este barrio supuso el origen de la ciudad de Caravaca, que fue creciendo dentro de la muralla y al amparo de su castillo.
Para comenzar nuestro paseo por el Barrio Medieval, nos tenemos que dirigir al lado opuesto del ayuntamiento en la Plaza del Arco. Y ahí mismo ya comienzan las sorpresas… Justo en el espacio en el que converge la Plaza del Arco con la calle Mayor y con la Cuesta del Castillo, se encuentra una de las esquinas de la Parroquia del Salvador. Pues bien, ese punto en el que confluyen estas calles tan importantes recibe el popular nombre de “Esquina de la Muerte”. Es un lugar muy emblemático en Caravaca y la explicación más aceptada de su tradicional denominación resulta de lo más caballeresca... En esta esquina era donde quedaban los caballeros para batirse en duelo tras una ofensa. Este punto, situado fuera de la muralla pero justo en lo que era la salida del pueblo, suponía el sitio perfecto para resolver las cuestiones de honor. ¡Qué tiempos aquellos!
Y es que ahí mismo, justo en el arranque de la Cuesta del Castillo se encontraba la Puerta de Santa Ana, que era el acceso al interior de las murallas, o sea, al pueblo. A pesar de que ya no hay ninguna puerta, este lugar se sigue llamando popularmente así. Efectivamente, en la Puerta de Santa Ana ya no hay ni puerta ni muralla, aunque sí hay una placa recordando su demolición, que tuvo lugar en el año 1801 con el fin de mejorar el acceso al barrio y mejorar el tránsito de la zona.
En cambio, la muralla no fue derribada en una fecha concreta, simplemente fue desapareciendo progresivamente en el tiempo. Muchos vecinos utilizaron la muralla para construir sus viviendas adosadas a su muro, por lo que quedó oculta entre casas y por ello, apenas quedan vestigios a la vista en la actualidad.
Una vez “atravesada” la Puerta de Santa Ana, nos adentramos en el Barrio Medieval, germen de Caravaca, ciudad cuyo nombre procede de una primigenia comunidad rural situada en la zona llamada Al-Quarabaka. Recorrer la estructura irregular de este Barrio Medieval es toda una experiencia… Calles entrecruzadas, callejones sin salida y placetas inesperadas forman un recorrido ensortijado lleno de mil detalles en fachadas, balcones, rejas, puertas, ventanas, farolas…
Perderse en este pequeño laberinto medieval es viajar en el tiempo. Y para profundizar en el pasado caravaqueño, nada mejor que visitar su Museo Arqueológico, emplazado en lo que fue la primera parroquia de Caravaca, la Iglesia de la Soledad. ¡Dos viajes en un solo barrio!
Puerta de Santa Ana / Esquina de la Muerte
Cuesta del Castillo 1
30400 - Caravaca de la Cruz, Murcia
Museo Arqueológico Municipal de la Soledad
Cuesta del Castillo s/n
30400 - Caravaca de la Cruz, Murcia
LA PLAZA DE LOS MIL NOMBRES
En el casco histórico de Caravaca de la Cruz existe una bonita plaza que es el auténtico corazón de la ciudad. Aquí tienen lugar los eventos caravaqueños más relevantes, siempre tiene mucho ambiente y además, posee varias terrazas que nos invitan a tomar asiento y a disfrutar de su belleza y de su atmósfera. Hablamos de la Plaza del Arco, núcleo vital de Caravaca.
Declarada Bien de Interés Cultural, esta plaza es aledaña a la zona más antigua de Caravaca y supone el epicentro de la actividad administrativa y comercial urbana. Es una plaza extensa, de forma alargada y rectangular, y sus dos extremos más separados están ocupados por dos importantes edificios. La plaza está presidida por el Ayuntamiento de Caravaca, y en su lado opuesto se encuentra la Parroquia de El Salvador. Ambas construcciones son las más antiguas de la plaza, ya que el resto de edificios que la conforman son posteriores.
En el siglo XVIII, el municipio de Caravaca tuvo la necesidad de ampliar su casa consistorial, así que edificó un nuevo ayuntamiento en un lugar urbano pero que aún estaba sin edificar. Esto permitió que se pudiera crear una nueva plaza alrededor del nuevo consistorio, que resultó ser la protagonista de este punto. En otras palabras, la Plaza del Arco nació a raíz de la construcción del nuevo ayuntamiento. Este hecho tiene una explicación histórica, y es que el siglo XVIII está situado en plena época barroca, período en el que el desarrollo urbano se basaba en la creación de muchas plazas dominadas casi siempre por algún edificio administrativo, lo que servía como continuo recordatorio de que la autoridad estaba centralizada, enfatizando así el poder de las monarquías absolutistas de la época.
Pero la Plaza del Arco no sólo debe su nacimiento al nuevo ayuntamiento, sino que también le debe su nombre, puesto que la casa consistorial posee un arco que atraviesa su base a modo de bóveda de cañón. Tras cruzar este liviano túnel perforado en el ayuntamiento, se accede a la Plaza del Arco.
Pero esta explanada no siempre se ha llamado así. De hecho, a pesar de los pocos siglos de historia que tiene detrás, ha recibido durante su corta vida nombres diferentes que venían dados según los acontecimientos relevantes que iban sucediendo en el país. Primero fue la Plaza del Ayuntamiento, luego en el año 1812 pasó a ser la Plaza de la Constitución y años más tarde se cambió su nombre a Plaza de Isabel II. Ya en el siglo XX su nuevo nombre fue Plaza de Jose Antonio, y ya llegamos a su denominación actual, Plaza del Arco. Lo más curioso es que, a pesar de tanto cambio de nombre, hoy en día todos los lugareños la siguen llamando por su nombre inicial, ¡Plaza del Ayuntamiento!
Disfrutar del ambientazo de la bella Plaza del Arco iluminada por sus farolas modernistas de hierro forjado, mientras admiramos el céntrico Monumento al Moro y al Cristiano, resulta todo un placer caravaqueño.
Plaza del Arco
30400 - Caravaca de la Cruz, Murcia