INVERNESS





CASTILLO DE INVERNESS
La ciudad de Inverness es todo lo que nos imaginamos cuando pensamos en una ciudad típica británica: encantadora, con sus callejuelas adoquinadas en el centro histórico, su calle principal o High Street repleta de tiendas y cafés, sus maceteros colgantes repletos de flores por doquier, etc., pero con la particularidad de que Inverness tiene un tamaño reducido, lo cual hace mucho más fácil recorrerla.
Aunque pasear por sus calles es un lujo, ver la ciudad desde arriba es una experiencia que ningún visitante se puede perder. En este caso, el punto idóneo para hacerlo es la explanada de uno de los monumentos más importantes de la ciudad, su castillo.
Desde el castillo de Inverness, no sólo podremos disfrutar de esa vista general de la ciudad que todos esperamos ver cuando visitamos un lugar por primera vez, sino que además, podremos divisar el verdadero protagonista de la ciudad: el río Ness serpenteando por el centro de la ciudad.
De hecho, el río le da a la ciudad mucho más que una vista espectacular, también le da su nombre. Ya que la palabra Inverness viene del gaélico Inbhir Nis que significa “boca del río Ness”.
El río Ness es una prolongación del famosísimo Lago Ness, que se encuentra a escasos 10 kilómetros del lago y desemboca muy cerca de Inverness, en la ría de Beauly. Sus aguas son oscuras, aunque no es debido a la suciedad, ya que son aguas limpísimas, sino a la cantidad de turba en suspensión que contiene, algo muy característico de los lagos y ríos escoceses. Desde nuestro particular mirador en la explanada del castillo, muchos días se pueden ver pescadores probando suerte para coger algún buen ejemplar de salmón o trucha en medio del río, ya que su cauce a su paso por Inverness no es muy profundo, aunque sí caudaloso.
También desde lo alto, podremos admirar la belleza de la Catedral de San Andrés y varios de los puentes que cruzan el río.
El otro gran protagonista de la ciudad es precisamente el castillo, un espectacular edificio de piedra de color rojizo que fue construido por primera vez en el año 1057 por el rey Malcolm III de Escocia, destruido más tarde por Robert I, y tras ello, construido y destruido varias veces a lo largo de la historia. La última destrucción tuvo lugar tras la famosa batalla de Culloden, última batalla librada en suelo británico.
El actual edificio fue reconstruido en 1836, añadiendo servicios que hoy en día son esenciales pero que en el siglo 19 eran poco comunes, como agua corriente, gas y electricidad.
Desde el castillo no sólo tendremos una preciosa vista del conjunto de la ciudad desde alto, sino que también allí podremos disfrutar de su precioso reloj floral que yace sobre un pequeño terraplén a los pies del castillo. Adornado con todo tipo de flores de colores y dos grandes agujas, nos indica correctamente qué hora es (la mayoría de los días…).
También en la explanada del castillo nos encontramos con la estatua más famosa de la ciudad, dedicada a Flora MacDonald. Tras la batalla de Culloden en 1746, Flora ayudó al pretendiente jacobita Carlos Eduardo Estuardo, más conocido como Bonnie Prince Charlie, a escapar de la Isla de Skye huyendo de las milicias hannoverianas en un pequeño bote. Según la leyenda, Flora le prestó al príncipe su ropa en incluso lo maquilló y así éste consiguió escapar haciéndose pasar por mujer. Hoy en día, Flora Macdonald es considerada una heroína nacional. ¡No olvides tu foto con ella!
EL MARISCO ESCOCÉS
Situada en el corazón de las Tierras Altas escocesas, Inverness es también la capital culinaria de la región. En sus restaurantes y pubs se puede disfrutar de las extraordinarias materias primas por las que la región es famosa: el ganado ovino proporciona una carne de cordero formidable, pero también el famoso haggis; la región de Speyside es tan famosa por su whisky como por su caza, particularmente el venado, y la región de Aberdeen es famosa por su carne de vacuno, el famoso Angus.
Sin embargo, y cada vez de forma más clara, los amantes de la buena mesa visitan las Highlands escocesas buscando su formidable marisco. El contraste que crean las aguas gélidas del Mar del Norte y las más templadas de la Corriente del Golfo al bañar la costa occidental de las Tierras Altas y sus islas es el secreto de la calidad del pescado y el marisco en esta región. Tal vez la cena gourmet por excelencia para quien visita Inverness consista en un abundante plato mixto de marisco, que normalmente se sirven para compartir entre varios comensales. En él siempre encontraremos las ostras escocesas, que se cultivan sobre todo en la región de Argyll.
Los mejillones de las islas Shetland son también una estrella habitual de estos platos mixtos y tampoco suelen faltar las cigalas, sin duda el marisco más común en la región. Las cigalas son también la solución ideal si cenamos con niños o adolescentes, ya que su versión rebozada -los célebres scampi,- es la opción ideal para ellos. Por supuesto, nunca faltarán los ahumados en un plato mixto de este tipo, sobre todo el salmón. Escocia es el segundo productor mundial de salmón, detrás sólo de Noruega.
Tanto en su versión de cultivo -quienes viajen por la costa escocesa verán sin duda las piscifactorías- como el más exclusivo salmón salvaje que aún se pesca en los ríos de Speyside y Perthshire, el salmón es un bocado obligatorio para quien viaja por las Highlands. Posiblemente la verdadera joya del marisco escocés sean las vieiras (en inglés scallops).
Simplemente a la plancha con un poco de mantequilla es como muestran todo su sabor y así es como suelen aparecer en los platos mixtos. Sin embargo, en los restaurantes y pubs escoceses a menudo las encontramos también cocinadas en una salsa de nata y bacon. El contraste entre el sabor del pescado y la grasa animal es fascinante, aunque poco dietético y saludable.
VICTORIAN MARKET
Las ciudades británicas adquieren un encanto especial cuando nos alejamos de la calle principal, la High Street, y nos adentramos en la búsqueda de algo diferente, tradicional, único. Inverness es un buen ejemplo de ello, y en este apartado nos vamos a centrar en su Mercado Victoriano.
El mercado data de 1890 y en él podemos encontrar pequeños negocios familiares o independientes, muy distintos a los que podemos encontrar en la High Street. Para entender la historia del mercado, nos tenemos que remontar al siglo XIX, cuando el Reino Unido se convierte en el motor de Europa en plena Revolución Industrial y las ciudades empiezan a crecer. En el norte de Escocia, Inverness es la ciudad más importante, y la entonces catalogada como burgo real, experimenta un crecimiento sin precedentes. Hasta entonces en Inverness se celebraban mercados y ferias al aire libre, generalmente en la plaza principal, pero ya sabemos que en Escocia la lluvia hace acto de presencia prácticamente a diario, por lo que el Ayuntamiento de la ciudad decide construir un mercado cubierto. Hoy en día, sus tiendecitas ofrecen al visitante, y también al local, una forma alternativa pero a la vez tradicional de hacer compras.
Estéticamente, además, el mercado adquiere un atractivo especial en la ciudad que no deja indiferente a nadie, ya que contrasta el color gris de la lluvia exterior con un sinfín de colores llamativos dentro del mercado.
Podemos destacar sus arcos de hierro de color rojo intenso que decoran el techo blanco a dos aguas, los vibrantes colores con los que están pintadas las fachadas de cada una de las tiendas, y el gran reloj que indica a los visitantes lo rápido que pasa el tiempo cuando estamos de compras.
En el mercado podemos encontrar tiendas de ropa escocesa donde venden los famosos kilts o faldas escocesas con todos sus accesorios. Si paseamos por el centro de cualquier ciudad escocesa es muy probable que nos encontremos con algún caballero vistiendo un kilt. Aún hoy en día los escoceses lo visten para grandes ocasiones como bodas, funerales y graduaciones. El famoso diseño a cuadros de las faldas escocesas se llama tartan y es una constante entre los recuerdos que los viajeros se llevan de esta tierra.
Lo que no todo el mundo sabe es que cada uno de esos patrones tiene su propio significado: cada familia o clan escocés tiene su propio patrón, de manera que basta reconocerlo para saber a qué familia pertenece quien lo lleva. No menos famosas son las prendas de tweed, un tejido de lana áspero, abrigado y resistente ideal para las actividades al exterior en el frío y húmedo invierno escocés. Asociado a menudo a la caza y el golf, los complementos de tweed se han convertido en el icono del estilo y la elegancia británicos.
El sello del tweed de Harris, elaborado en las islas occidentales de Escocia, es una garantía de calidad y de producción artesanal. Aparte de las tiendas tradicionales de kilts, en el mercado victoriano también encontramos una tienda de chucherías para los más pequeños, salones de belleza y de té, una tienda de gaitas, joyerías, relojerías, estampadoras de camisetas, tienda esotéricas, su famosa factoría de tartas escocesas, floristería, tienda de regalos típicos escoceses, una pescadería tradicional, tienda de disfraces, de electrónica, comida oriental, chocolatería, mercería, etc.
Después de tanta compra, lo que necesitamos es un descanso para reponer fuerzas, pero no tenemos que salir del mercado para hacerlo. Dentro también podemos encontrar cafeterías con mucho encanto repletas de deliciosas cupcakes, tartas, chocolates y, ¿cómo no? el famoso té de las cinco.
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GREIG STREET BRIDGE, EL PUENTE MÁS FAMOSO DEL RÍO NESS
El río Ness es un río del norte de Escocia, de unos 10 kilómetros de longitud, que nace como prolongación del famoso y misterioso Lago Ness, que pasa por el centro de la capital de las Tierras Altas, Inverness, y que muere en la ría de Beauly, a escasos kilómetros de la ciudad.
Al dividir la ciudad en dos, hay varios puentes sobre el río Ness a su paso por Inverness, como por ejemplo, el Ness Islands Bridge, el Infirmary Bridge, el Friars Bridge o el Waterloo Bridge. Sin embargo, tenemos que destacar uno muy especial: el Greig Street Bridge. Sin duda, el más pintoresco y reseñable de todos donde no puede faltar esa foto que todos estamos buscando de la ciudad de Inverness.
El puente Greig Street es un puente colgante peatonal de hierro forjado, construido entre 1880 y 1881 por el ingeniero civil C. Manners. El puente fue recibido por los habitantes de Inverness con gran alegría, ya que es una verdadera joya en miniatura.
Si cuando estés en el centro del precioso puente haciendo la foto más típica de Inverness descubres que el puente se balancea un poco ¡no te asustes! La tradición marca que de vez en cuando, algunos jóvenes de Inverness se colocan en el centro del puente y saltan al unísono para balancear ligeramente el puente. Es totalmente seguro, ya que todo el cableado se cambió en el año 1952 y ese balanceo no afecta para nada al puente. Así que ¡a disfrutar de la mejor foto de la ciudad!
Aunque es posible que encontremos algún candado en la estructura del puente, siguiendo la moda mundial que nació con una película romántica para adolescentes, la policía de Inverness los retira a menudo y ha pedido que nadie los deje ahí, ya que oxidan la estructura y, sobre todo, han causado accidentes con ciclistas que se han enganchado con ellos al pasar.
LAKEY’S, LA MEJOR LIBRERÍA DE ESCOCIA
No hace falta ser un ratón de biblioteca para dedicarle un rato a Leakey’s, una de las librerías más fascinantes del Reino Unido. Durante años Charles Leakey, su dueño, coleccionó y vendió libros de segunda mano en dos locales un tanto impersonales de la ciudad. Pero en 1994 decidió adquirir una vieja iglesia gaélica del siglo XVIII que había sido abandonada y convertirla en el hogar de sus miles de volúmenes.
Desde la calle, sólo el letrero distingue Leakey’s de cualquiera de las muchas iglesias de Inverness. Incluso vidrieras de colores decoran todavía sus ventanas ojivales. Pero al entrar nos invade el aroma inconfundible de los libros antiguos. Al calor de una enorme estufa de leña, los amantes de los libros buscan ediciones antiguas y volúmenes ya imposibles de encontrar. Leakey’s también atesora una colección notable de mapas y grabados, que pueden convertirse en el recuerdo ideal de nuestro viaje a Escocia.
En el centro de la librería, un imponente púlpito en madera recuerda el pasado religioso del edificio. Es mucho lo que nos queda por ver en la ciudad, pero resulta difícil no ceder a la tentación de sentarnos un rato junto a la estufa a hojear alguno de los muchos libros a nuestra disposición. Como suele ocurrir en las librerías de segunda mano, a menudo nombres, fechas, dedicatorias y anotaciones de los antiguos propietarios de los libros son casi tan interesantes como su contenido y nos invitan a imaginar historias del pasado.
Una imponente escalera de caracol lleva al segundo piso, que en su día ocupaba el coro de la iglesia, pero que hoy está también repleto de volúmenes. Resulta fácil creer estar viviendo en una película en semejante entorno y en cualquier momento parecería que vamos a encontrar a Harry Potter y sus amigos buscando antiguos tomos de magia.
Lamentablemente, la cafetería de Leakey’s cerró hace algunos años para dejar espacio, no podía ser de otro modo, a más libros. Pero aunque no paremos a tomar un café, este lugar romántico y sugerente sigue siendo una parada obligatoria durante nuestra estancia en la ciudad.
Dirección: Church St, Inverness IV1 1EY Horario: 10:00 am – 17:30 pm
HAGGIS, EL PLATO TÍPICO ESCOCÉS
Como en todos los países del mundo, la gastronomía juega un papel muy importante en la cultura escocesa. Escocia puede presumir de tener uno de los platos típicos más llamativos que existen, el haggis.
Si nos dicen los ingredientes y cómo está hecho, posiblemente nos cueste animarnos a probarlo. Pero si nos armamos de valor y nos decidimos, nos cautivará para siempre. ¿Te atreves a probarlo?
El haggis es, como casi todas las comidas típicas del mundo, un plato “pobre”, humilde.
Igual que pasa en España con el cerdo, del que decimos que de él se aprovechan “hasta los andares”, en Escocia la oveja y el cordero se consumen en su totalidad.
Una vez despiezado el animal y separada la carne más valiosa que en el pasado servía de alimento para las clases media y alta escocesa, la población más pobre tenía que contentarse con la casquería. Pulmones, bazo, corazón, riñones, intestinos e hígado se cuecen a fuego muy lento junto con cebollas, harina de avena, hierbas y especias. Todo ello se mete en una tripa grande de cordero (hoy en día esta tripa es sintética) dejándolo cocer durante un largo periodo de tiempo.
El haggis ya no se consume a diario en las casas escocesas como se hacía antiguamente, sino que se ha convertido en un plato excepcional, que se come algún domingo, en alguna festividad, pero sobre todo, la noche del 25 de enero de cada año. Es la llamada Burns Night, la noche en la que se conmemora el nacimiento del poeta nacional escocés, Robert Burns. Esa noche, en todos los hogares del país se cena haggis, se bebe whisky de malta, se practica la danza popular y se recitan poemas del bardo escocés. En 1878, Burns le dedicó un poema entero a este plato, y a partir de entonces se recuerda al escritor comiendo su plato favorito.
La forma correcta de tomar haggis es acompañarlos de lo que ellos llaman Tatties and Neeps, es decir, rábano y puré de patatas, y para los más atrevidos, un chorrito de un buen whisky escocés.
El resultado es espectacular; una especie de relleno de carne jugosa, picante, suave que hará las delicias de todos. No volverás a casa sin un pedazo de haggis en la maleta.
Esperemos que desde el momento en que nos visites Inverness forme parte de tu corazón y de tus mejores recuerdos....
¡Te esperamos!
EL UNICORNIO, ANIMAL DE ESCOCIA
Si paseamos por el centro de la ciudad de Inverness, pasaremos seguro por la plaza donde se encuentra la estación de tren, en la esquina entre las calles Academy St. y Hamilton St. En ella nos llamará la atención una columna sobre la que se alza una pequeña escultura de un unicornio rampante.
La columna del unicornio es algo que se encuentra en muchas plazas que fueron mercado en Escocia: Inverness, Glasgow o Stirling tienen la suya y los amantes de la serie Outlander pudieron ver en la primera temporada la de un pueblecito llamado Culross.
Es frecuente que un país tenga su animal nacional. A menudo, las naciones los eligen por su fiereza o su nobleza. Los Estados Unidos eligieron el águila, que simboliza la libertad y el individualismo. Inglaterra tiene al león, símbolo perfecto de la fuerza. El lobo italiano representa la astucia y el espíritu de equipo de este pueblo.
Otras naciones eligen animales exóticos que sólo se encuentran allí, como el canguro en Australia. Era inevitable que una nación tan amante de las leyendas y los mitos como Escocia eligiera un animal mitológico para que la represente: el unicornio es el animal nacional escocés.
Por supuesto, el unicornio es un animal noble y poderoso, que nada tiene que envidiar al león o el águila salvo la existencia en el mundo real. Pero es otra de sus cualidades la que más encaja con el carácter escocés. Los antiguos creían que el unicornio era un animal imposible de domesticar y de mantener en cautividad.
Los cuernos de narval que a veces llegaban con los comerciantes escandinavos y bálticos a las ciudades medievales convencían al pueblo no sólo de su existencia, sino de su espíritu indomable: sólo muerto un unicornio rendiría su libertad. Ese amor por la independencia casa perfectamente con Escocia, que a menudo tuvo que defender la suya en cruentas guerras con Inglaterra.
Dicen las leyendas, que el unicornio sólo se deja domesticar por un rey o una doncella virgen. Esto atrajo a la dinastía Estuardo cuando accedió al trono escocés, que decidió reconvertir un símbolo de independencia en otro de lealtad a la corona. Por eso, el unicornio que simbolizaba el país pasó al escudo de la casa real, eso sí, encadenado. Los reyes se encargaron de que en las plazas de las ciudades escocesas hubiera siempre un unicornio que recordara esta historia.
ISLAS DEL NESS, NATURALEZA DENTRO DE LA CIUDAD
Si nos apetece dar un agradable paseo en plena naturaleza salvaje, no hace falta que dejemos la ciudad de Inverness. Podemos ir paseando a las Ness Islands, una colección de islas diminutas en medio del río Ness a las cuales podemos acceder por medio de unos preciosos puentes colgantes conectados con la orilla.
Paseando por las Islas del Ness, olvidarás que te encuentras en una ciudad. Son un auténtico remanso de paz inigualable repleto de árboles altísimos y vegetación típica de las Tierras Altas escocesas. Incluso hay un Nessie (la forma cariñosa de llamar al mitológico monstruo del Lago Ness) ¡tallado en un tronco! Deberás ir con los ojos bien abiertos para encontrarlo.
Los primeros puentes de las Islas del Ness fueron construidos en el S. XIX, concretamente en 1828; previamente a su construcción, sólo se podía acceder a ellas en barco. Los puentes originales desaparecieron debido a las terribles inundaciones que tuvieron lugar en Inverness en 1849 y fueron reemplazados entre 1853 y 1854 por dos puentes colgantes diseñados por William Dredge.
Las Ness Islands son un lugar de paseo habitual para algunos turistas pero sobre todo para los locales que salen a dar largos paseos bajo la lluvia (no olvidemos que estamos en Escocia).
En ellas viven diferentes especies de árboles así como de animales, como murciélagos y nutrias, e incluso se puede ver algún ciervo de vez en cuando.
Las islas incluyen algunas piezas de parque para niños, aunque lo más llamativo es su Red de Ferrocarril en miniatura, una red con vías de 184 milímetros de ancho que fue inaugurada en 1983, que hoy en día tiene el título de Red de Ferrocarril en miniatura pública más norteña del Reino Unido.
El mini ferrocarril dispone de varios lazos o bucles, bifurcaciones y puentes, incluyendo uno de hierro que data de 1837. Normalmente opera los fines de semana que van desde Semana Santa hasta Octubre, y diariamente cuando los peques disfrutan de vacaciones escolares.
Las Islas Ness son todo un oasis de naturaleza escocesa en medio de la capital de las Tierras Altas. ¿Te animas a descubrirlas?
PUBS: CERVEZA ARTESANAL Y MÚSICA TRADICIONAL EN VIVO
Dicen las malas lenguas en Glasgow y Edimburgo que el nombre de Inverness es en realidad el acrónimo de “It’s Not Very Exciting Really, Not Even on Saturdays and Sundays” (“En realidad no es muy excitante, ni siquiera los sábados y domingos”).
Pero desde que la capital de las Highlands escocesas es también la base de quienes desean explorar una de las regiones más hermosas y salvajes de Europa, también la vida nocturna y cultural de la ciudad ha crecido exponencialmente.
Visitar Inverness y no dedicarle un tiempo a sus pubs sería perderse algo esencial de ella. Los pubs son en Escocia el lugar idóneo para socializar, sobre todo durante las noches largas y frías del invierno: acogedores y confortables, no están pensados para consumir algo rápidamente y marcharse, sino para olvidarse del paso del tiempo y disfrutar de la comida, la bebida, la música y la conversación.
Son, a menudo, más un salón que un bar. De hecho, la propia etimología del nombre nos da una pista al respecto. Hace siglos, quienes producían cerveza, podían obtener un permiso que les permitiese abrir el salón a quienes quisieran consumir la bebida que producían. La casa en cuestión dejaba de ser una “casa privada” y se convertía en una “casa pública”. Es ese “público” el que le da el nombre a los pubs.
Muchos de los mejores pubs de la ciudad ofrecen música en vivo varias noches a la semana y en todos se puede disfrutar de la gastronomía tradicional escocesa. Aparte de las marcas internacionales más famosas, cada pub tiene al menos un par de grifos donde se sirve verdadero ale, la cerveza tradicional escocesa, fabricada por algún productor artesanal local.
Llamada a menudo también bitter, amarga, las cervezas tradicionales británicas tienen menos gas y un sabor mucho más cereal que las cervezas rubias de tradición checa y alemana que se consumen normalmente en todo el mundo. Al ser verdaderamente artesanales, cada una tiene un sabor muy distinto, por lo que, de no conocer las que un pub ofrece, es costumbre pedir una prueba, un vasito pequeño que nos permita degustarla antes de decidir si queremos pedirnos una pinta entera.
Y es que la cerveza y la leche son las únicas bebidas que en el Reino Unido se siguen vendiendo de acuerdo con la medida tradicional de la isla. La pinta equivale a algo más de 0,6 litros. Por supuesto, a quienes más de medio litro de cerveza les pueda parecer excesivo, los bares sirven half pints, medias pintas. En los pubs, la oferta de whiskys de malta suele ser también generosa y es frecuente encontrar alguno a un buen precio como “malta del mes”.
Los amantes de la música en vivo encontrarán en Inverness todo tipo de locales que se adapten a sus gustos. En muchos de ellos se toca rock, blues o jazz, pero nadie debería perderse una sesión de música tradicional escocesa: en muchos locales, a diario músicos locales se reúnen para tocar de forma informal y en ocasiones especiales se celebra un ceilidh y los parroquianos bailan danzas populares al ritmo del folk céltico.