GINEBRA





BENDITAS TORRES DE IGLESIAS
Si Ginebra es su punto de partida o final de viaje y disponen de tiempo en la ciudad no pueden perderse el ascenso a uno de los lugares más queridos por los ginebrinos: el Monte Salève. Este parece dentro de la ciudad pero realmente se encuentra en territorio francés.
Es la colina que verán desde cualquier lugar de la villa coronada por una enorme antena. Las vistas desde allí son impresionantes: Los Alpes y Mont Blanc, el Lago Lèman, la ciudad y la Jet d´Eau, la cordillera de los Juras de norte a sur… las vistas son completas y detalladas sobre prácticamente todo el cantón de Ginebra.
Se puede llegar en teleférico al que accedemos en bus desde el centro de la ciudad, pero lo más bonito, es subir a pie por cualquiera de los muchos senderos que recorren el cerro. Como esta opción es solo para viajeros que pasen un tiempo extra en Ginebra les dejamos este enlace para consultar más información http://www.geneva.info/saleve/hiking/ y les explicamos otro lugar para ver la ciudad desde arriba, accesible en el tiempo que nuestros programas dedican a la ciudad.
La torre de la catedral de Saint Pierre.
Como la mayor parte de las Catedrales, esta, ha sido el centro de la vida social y religiosa de la ciudad desde su origen en el S.IV y especialmente tras la reforma religiosa calvinista en el S.XVI. A partir de ese momento la catedral de Ginebra se convierte en centro de referencia del calvinismo y escuela sacerdotal.
Está emplazada en lo alto de la Vielle Ville, el casco antiguo de la ciudad, así que las vistas desde su torre son magníficas tanto por disponerse en un edificio elevado, como por encontrarse este en lo alto de un cerro.
Para acceder a las torres, solo hay que ir a la catedral y comprar la entrada de 7CHF.
Hay varias exenciones por edad, grupos, familia numerosa…
Debemos reconocer que cuando entremos a la nave principal nos va a costar abandonarla. ¡Tal es su belleza, riqueza artística y magia del interior! Tendremos que subir los 157 escalones ya que no hay ascensor ni otras ayudas mecánicas.
¡Toménselo con calma!
Una vez arriba no se arrepentirán pues la vistas del lago y la ciudad son una verdadera maravilla: el contraste de colores, el azul del lago y el verde de las montañas, el urbanismo visto en miniatura, los Juras majestuosos enfrente, la impresionante Jet d´Eau…
Igual de atención merece la estructura arquitectónica de las torres.
Podemos pasar de una a la otra por las cámaras del campanario y analizar el sistema mecánico de este. Déjense acariciar por la brisa que en invierno es bien fresquita y disfruten de las vistas y de encontrarse en uno de los edificios más influyentes de la historia de Centro Europa.
Dirección: Place Burg-du-Furg. Vielle Ville
Horarios: son cambiantes según la época del año. Normalmente de 9 hrs. a 19 hrs.
Precio: entrada a las torres 7 CHF, entrada a la catedral gratis.
PARA HACER FRENTE AL FRÍO.
Para picar les vamos a ofrecer una especialidad típica de la Suisse Romande, es decir, la Suiza francófona. Como picoteo informal, calentito, para vegetarianos y que les permitirá, tanto tomar sentados en una cafetería o comprar para llevar en alguno de los puestos de la Place du Rhone, les recomendamos los Malakoff .
No, no! No es una importación soviética, es un plato típico de las laderas, al norte del Lago Lèman. De los viñedos de Lavaud que, por cierto, son patrimonio de la Humanidad y que probablemente atraviesen con su bus de Europamundo, si van en dirección a Zurich o Gstaad.
Se dice que los Malakoff, fueron creados por los mercenarios suizos, tras el sitio de Sebastopol, durante la Guerra de Crimea a finales del S.XIX, y que estos, le dieron el nombre del pueblo en el que estaban. Evidentemente no hemos encontrado restos documentales que lo certifiquen. Los Malakoff son buñuelos de queso, sobre una pequeña tostada de pan redonda y fritos.
Toman la forma de semiesfera aunque cada cocinero crea su variedad y es frecuente encontrarlos en forma de bolitas sin la tostada crujiente. Cada persona que los elabora, tiene su truco y su toque particular, que depende especialmente de los quesos utilizados para realizar la mezcla, de las especias, del tiempo y temperatura de fritura y del aceite usado. Todos los chefs a los que pregunten la receta responderán “es un secreto”. En Suiza creemos que no hay una receta única y que cada uno los reinventa cada día, según lo que tengan en la despensa. Se presentan servidos con ensalada, verduras de temporada o encurtidos como pepinillos en vinagre o col fermentada conocida como choucrout muy popular en centro Europa.
Para disfrutar de la experiencia completa es necesario degustarlos con vinos de la región lemánica. Recomendamos los blancos. En esta zona la industria viticultora es familiar por lo que la producción es limitada por cada bodega, en cambio hay cientos de bodegas diferentes. Cualquiera de los vinos que elijan les gustará. Nosotros les recomendamos los blancos por tradición.
Pueden degustarlos en casi todos los restaurantes del centro antiguo y muchos del barrio moderno. El plato con 3 ó 4 unidades cuesta unos 22CHF. También los pueden comprar para llevar en Place du Rhone.
HOY NOS DAMOS EL CAPRICHO
No hay duda, en Ginebra el artículo típico es el reloj, el reloj de lujo así que si les gusta este es el lugar donde comprarlo.
Los relojes suizos son mundialmente reconocidos por su precisión, su diseño estético y su tecnología.
El origen de esta tradición se remonta al S.XVI, cuando la reforma calvinista prohibió el uso de joyas y la alta sociedad suiza decide adornarse con relojes. Convirtiéndose por tanto en verdaderas joyas. Determinante por tanto la influencia de Jean Calvino en la tradición relojera suiza.
Actualmente la producción mayoritaria se sitúa en el arco de los montes Jura, al norte del Lago Lèman, y allí la Vallée de Joux es considerada la cuna de la relojería moderna. En Ginebra hay más de 50 tiendas de marcas propias. Probablemente la más conocida comercialmente a nivel mundial sea Rolex, pero observen otros establecimientos más renombrados por su elegancia, tecnología y exclusividad como Longines, Tissot, Piaget, Hublot, Omega, Blancpain…
Además de las marcas clásicas, recientemente surgen nuevos creadores en el mundo del diseño y del lujo. Les recomendamos, por ejemplo visitar pequeñas boutiques, en la Rue du Rhone, donde los famosos más estrafalarios van a elegir relojes exclusivos acordes a su personalidad. En la Rue du Rhone y alrededores pueden encontrar relojes de todo tipo y precio, desde gamas clásicas ginebrinas a diseños ultratecnológicos. Los clásicos destacan por incluir tecnología exclusivamente mecánica, sin uso de tecnología digital y los nuevos destacan por lo contrario, por una tecnología digital sofisticada.
La producción es centralizada, completamente suiza, manual y artesanal realizada por especialistas.
No se importan piezas ni acabados de ningún país oriental. Cada reloj es elaborado completamente en su fábrica y cada fábrica está impregnada de un halo de secretismo profesional.
El reloj más caro de la historia fue vendido en una subasta en Ginebra en 2.019. Es un Pathek Philippe por el que su postor pagó 28´8 millones de euros. Es un modelo reciente y exclusivo, no se ha producido ninguna serie, en él se emplearon más de 100.000 horas de trabajo... esto es arte y tecnología.
El segundo modelo más caro se vendió en 2.014 por 21´7 millones de euros y es otro Pathek Philippe. En este caso es un modelo clásico elaborado en 1.920. Los compradores de estos objetos son coleccionistas de arte y amuletos del lujo y de diferencia.
Quizás deberíamos haber incluido la propuesta de comprar relojes suizos en el apartado ¿se atreven?
PAZ Y SEGURIDAD INTERNACIONAL
La ciudad de Ginebra, alberga históricamente las sedes de grandes entidades públicas y privadas de carácter internacional.
La neutralidad política de Suiza, que no ha tomado parte en ninguna de las dos grandes guerras mundiales, hace que la mayoría de los organismos internacionales elijan este país para ubicar sus oficinas.
La más importante de ellas es la sede de la ONU en Europa, que fue la más importante del mundo hasta que en 1.966 la sede principal pasó a Nueva York. Conocida como ONUG, actualmente es el segundo centro internacional más importante del mundo tras el de Nueva York.
El embrión de la ONU fue la Liga de Naciones en 1.920 y hasta 1.945 no se constituyó como tal. En ese momento adquirió el nombre de Organización de las Naciones Unidas que se mantiene hasta la actualidad.
Ya que fotos bonitas salen al paso en cualquier lugar de Ginebra, nosotros les proponemos una foto fuertemente simbólica.
Les proponemos fotografiar la unión conjunta de los países del mundo en busca de la paz y la concordia y el grito de la población para exigir a sus representantes que cumplan realmente ese cometido.
En el edificio de la ONU, que se llama Palacio de las Naciones, se celebran anualmente más 8.000 reuniones de carácter internacional. Donde se toman decisiones para garantizar la paz y seguridad internacional, promover el desarme, proteger y promover los derechos humanos, erradicar la pobreza, aplicar prácticas de desarrollo sostenible y prestar socorro humanitario rápido y eficaz en situaciones de emergencia, por citar algunas de las funciones de la ONU.
La foto que les proponemos debe tomarse de la Plaza de las Naciones. Donde vemos el gran Palacio de las Naciones detrás, rodeado por el parque Ariana, que es donación de la familia Revillond de Rive a la ciudad. Al fondo vemos la fachada principal del edificio de estilo soviético, coronada por el nombre de esta organización.
Delante de la fachada principal tenemos la “Avenida de las Banderas”, donde ondean juntas las banderas de los estados miembros. En el muro que cierra el recinto leemos en soberbias letras plateadas: United Nations Organization.
En la misma foto debemos encuadrar la impresionante Silla Rota, que el artista Daniel Berset instaló en 1.997 a petición de una asociación de organizaciones no gubernamentales. La Silla Rota es mucho más que una simple escultura de una silla gigante con un cuarto pie mutilado. Podemos ver que a pesar de esta imperfección, sigue siendo una silla estable, firme y digna lo que establece un paralelismo con las víctimas de las minas antipersona que han quedado discapacitadas.
La Silla Rota, es una campaña pacífica tanto por los derechos y dignidad de las víctimas como por el fin del uso de armas mutilantes. Además, parece que la presencia de la escultura, frente a los representantes mundiales, sirve para recordarles la necesidad de cumplir los tratados que firman. La silla, emplazada en la Plaza de las Naciones y mirando a los dignatarios de la ONU es un llamamiento a estos para que reflexionen antes de comenzar un conflicto armado. Es un grito de la población civil a los dirigentes para que tomen conciencia de los efectos de sus decisiones.
Dirección: Plaza de las Naciones. Gratis. Abierto siempre
PERO QUE LES VA A GUSTAR MUCHO Y QUE LES PILLA DE PASO.
En el centro histórico, muy cerca de la catedral de Saint Pierre, se encuentra la casa privada más antigua de la ciudad: la Maison Tavel.
Desde 1.986 es el museo de Historia Urbana y Vida Cotidiana.
Este edificio emblemático muestra un recorrido por la evolución urbanística de la ciudad, muy curiosa teniendo en cuenta las constantes revoluciones, la influencia calvinista y las históricas rencillas con la vecina Casa de Saboya.
La joya del museo está en el ático. Es el Relief Magnin, una maqueta de Ginebra tal como estaba en 1.850 antes de la destrucción de sus tres murallas.
El autor, Auguste Magnin, era un arquitecto que vivió el periodo en el que los urbanistas conservadores deseaban mantener la fisonomía amurallada y medieval y los urbanistas modernos consideraban que deberían destruirse las barreras arquitectónicas medievales para ofrecer terreno de expansión. Fue la idea renovadora la que se impuso, y Magnin, en honor a su infancia feliz en la ciudad medieval, erigió esta maqueta para recordar a generaciones futuras, es decir a nosotros, como era la ciudad medieval.
El arquitecto tardó 10 años en construirla. Fue expuesta por primera vez en la Exposición Nacional de Ginebra en 1.896.
En los tiempos actuales, con exhaustivos sistemas de medición, se ha digitalizado la maqueta y comprobado que las proporciones, la orientación y las ubicaciones de los accidentes geográficos y edificios son matemáticamente fieles a la realidad. Magnin era un genio!! La maqueta mide 8x5 mts y pesa 800 kg.
Observarla es muy curioso, pues aún queda gran parte de los edificios que se representan y que podemos reconocer, como los puentes, las fábricas reconvertidas en centros culturales, la explanada de Plainpalais donde se sigue instalando la feria, el mercado de navidad y los mercadillos semanales, las avenidas principales y por supuesto la catedral. Llama especialmente la atención la robusta línea de murallas en el flanco sur de la urbe, deja claro que debían protegerse de los franceses del sur.
No solo la maqueta, también la visita al museo es muy divertida y curiosa.
Nos ofrece información didáctica escrita y audiovisual para interpretar y tomar conciencia del valor de aquello que vemos. Las exposiciones están pensadas para seducir al visitante. Los días de mal tiempo en los que es desagradable merodear por las calles, es muy buena opción refugiarse en esta casa que goza de muy buena calefacción.
Dirección, precios y horarios: Rue du Puits-Saint-Pierre 6
La visita a las colecciones permanentes donde se encuentra la maqueta es gratis. Está abierto de 11hrs. a 18hrs.
Es muy bonito acercarse a pie porque está en pleno casco antiguo y muy cerca de la catedral, pero si quieren ir en bus tomen el 3, el 5 o el 36 y apéense en Palais Einard.
SON MUY POCOS LOS QUE SE ATREVEN Y CASI NINGUNO EL QUE LO CONSIGUE.
En Ginebra les proponemos un reto muy divertido y les recomendamos absolutamente que no se atrevan en invierno. Una de las señas de identidad de esta ciudad y del lago Lèman es la conocida Jet d´Eau, el chorro de agua propulsada que surge en la orilla sur del lago.
A finales del S.XIX, la compañía de Servicios Industriales de Ginebra (SIG) instaló una central hidráulica en el río Ródano a su paso por la ciudad, para proporcionar energía a los productores y comerciantes genoveses.
Por la tarde, al cesar la actividad, el sistema necesitaba evacuar el exceso de presión hidráulica por lo que se abrió un escape del agua que dio lugar a un chorro de 30 mts. de altura.
Aquello provocó la admiración de locales y turistas que venían a ver tal impresionante efecto.
A los pocos años, la ciudad decidió explotar turísticamente esta curiosidad y crear un chorro de agua excepcional que en 1.951 alcanzó su altura definitiva, 140 metros. El emplazamiento actual es en el muelle de Eaux- Vives, un lugar menos afectado al paso de peatones y vehículos que el original.
La Jet d´Eau sigue perteneciendo a la SIG, la compañía energética de Ginebra que ofrece electricidad, internet, conexiones telefónicas…
Está custodiado por cinco jubilados de la compañía, cuya función principal es ponerlo en marcha cada día a la 10 de la mañana y apagarlo por la noche. La Jet funciona todos los días, salvo cuando las temperaturas son extremadamente bajas para evitar que las gotas que caen sobre las aceras se congelen y las conviertan en una pista de patinaje y cuando hace mucho viento para evitar regar a la población con el desplazamiento y salpicaduras del impresionante chorro.
A veces esta peculiar atracción se ilumina con 13 focos de led de distintos colores para celebrar conmemoraciones o hechos históricos y a veces se apaga para denunciar otros o para apelar a los ginebrinos al compromiso social, como ocurrió en tiempos de coronavirus.
Nuestra propuesta de atrevimiento es simplemente acercarse.
Paseen tranquilamente por el muelle y aproxímense al chorro lo que puedan.
El agua se proyecta a 200 kms/h, con un volumen de 500 litros por segundo...sí están leyendo bien, por segundo. Tal volumen a tal velocidad provoca una onda expansiva insoportable. Prueben ustedes hasta donde son capaces de llegar, pueden quedarse a varios metros, sin arriesgarse, solo para ver, pero prueben en verano y con ropa de repuesto pues se van a mojar más que si se hubieran bañado en el lago.
Dirección: Muelle de Eaux-Vives. Ribera Sur del lago.
ATENTADO AL ORGULLO PATRIO
En el Jardín Inglés, en uno de los extremos del puente Mont Blanc, que es el primero que une ambas orillas del Río Ródano, tras su reposo en el Lago Lèman, justo al lado de la habitual parada de nuestros buses, se encuentra el “Monumento Nacional”.
Reconocido así popularmente, aunque no es tal, pues en Suiza no existe ningún monumento declarado oficialmente “Nacional”. Entre otras cosas porque Suiza no se considera políticamente una nación sino una confederación de estados.
Es curioso el recorrido por la historia de este particular país, por lo que le recomendamos leer sobre ello. Este pseudo-monumento nacional, es una escultura en bronce, obra de Robert Dorer, escultor suizo formado en Alemania e Italia e influido por los movimientos artísticos de moda en ambos países en el siglo XIX.
En este conjunto escultórico vemos a dos rotundas y bien alimentadas señoras grácilmente abrazadas por la cintura.
La de la corona con forma almenada, representa el Cantón de Ginebra y aquella con la corona de laurel representa Helvetia: la Unión Suiza.
El monumento representa pues la unión del Cantón de Ginebra a la Confederación Helvética (CH) en 1.815, por lo que no hay razón para considerarlo monumento nacional.
Dicen los rumores populares, que el autor, en la creación de su obra entre 1.860 y 1.864, y como hacía habitualmente, tomó como modelos a dos jóvenes de la región de Saboya que es la región francesa limítrofe con el cantón de Ginebra y el enemigo histórico del cantón.
De hecho, la historia del Cantón de Ginebra a partir del S.XV, es una crónica de rencillas entre los condes de Ginebra y los duques de Saboya. Entre los obispos y órdenes religiosas calvinistas y aquellos católicos de la región montañosa; entre los señores feudales suizos y los franceses. El mal entendimiento entre ambas tierras a todos los niveles ha sido una constante en la historia.
¿Qué llevó a Durier a inspirarse en modelos Saboyanas?
No se sabe pues la historia del monumento, las críticas y comentarios están sometidos a una especie de censura tácita sobre el asunto. Se dice que Durier, centrado en su creación artística y ajeno voluntariamente al clima político, usó sus musas habituales saboyardas con intención exclusivamente artística y aunque sabía que tales modelos no serían aprobadas por la villa, creyó que nadie se daría cuenta del detalle. No sabemos en qué momento tras la inauguración de la obra en 1.869, alguien declaró a Ginebra y Helvetia saboyardas y cuáles fueron las razones que le llevaron a ello. Lo cierto es que no encontramos ningún detalle en la escultura que pueda relacionarse con Saboya y que las mujeres saboyardas y las de esta región suiza son de una apariencia similar, no muestran rasgos raciales o estéticos que las diferencien.
Queda pues sin aparente justificación formal este detalle, aunque es muy sospechoso que si se considera este el monumento como nacional, apenas exista información escrita, ni una especie de orgullo patrio y devoción ante el mismo.
Dirección: Jardín Inglés esquina Puente Mont Blanc. Gratis y accesible siempre.
AZUL LAGO, VERDE HIERBA.
El Jardín Inglés: un paseo lindo y sereno del que tendremos tiempo de disfrutar durante nuestra estancia en la ciudad pues está a pie de bus.
En el extremo sur del puente Mont Blanc, en el lado del lago se sitúa el Jardín Inglés, que enseguida van a reconocer por el Reloj Florido. A mitad del Siglo XIX, para satisfacer la demanda de lujo de los empresarios surgidos de la revolución industrial, se construyó a lo largo de la ribera sur del lago un barrio de preciosas mansiones y jardines.
Todo era al gusto clásico de la época, salvo las vistas en primer plano pues la orilla del lago en ese momento estaba ocupada por talleres y almacenes de obras.
El alcalde tomó la sabia decisión de transformar el entorno en un parque público, que fue el primero de la ciudad. El lugar merece un diseño práctico y esmerado, tal como lo es. Pasear por el Jardín Inglés es disfrutar de las vistas, de la calma, del ambiente y de otras atracciones importantes que encontramos al paso.
La primera es el Reloj Florido, cuyas 6.500 flores son renovadas según la estación. La esfera del reloj tiene un diámetro de 4 metros y su aguja segundera de 2´5 mts. es la mayor del mundo. Frente al reloj está el “falso” monumento nacional que representa la unión del Cantón de Ginebra a la Confederación Suiza y cuyos detalles pueden encontrar en el apartado “lo que nadie te va a contar de ese monumento que no te puedes perder”.
Seguimos nuestro paseo y encontramos la Fuente de las Cuatro Estaciones que los paseantes han disfrutado desde 1.863. Las esculturas de hierro fundido representan personajes de la mitología, no se sabe muy bien, por tanto, de donde procede el nombre de Fuente de las Cuatro Estaciones.
Seguimos caminando y vemos el camerino para la orquesta. Se siguen celebrando conciertos en este lugar, especialmente en verano y en los días de fiesta. Las calles del parque están salpicadas de bustos de escultores y pintores locales, de bancos para reposar, de puestos de helados y recuerdos, de kioskos de bebidas y chucherías…Este ambiente ferial se concreta en lo que se conoce con Village Suisse, que es una feria permanente instalada en el parque.
A los adultos no les dejarán subir al tiovivo pero sí podrán subir a la noria para disfrutar de las vistas desde el punto más elevado del lago.
En las terracitas podemos tomar algo de beber y algo para picar, hay productos locales, menús informales y menús muy selectos con perca del lago y fondues. Si queremos integrarnos completamente en el ambiente podemos cruzar la avenida y tomar algo en el Hotel Metropole, el de más solera del país. Recomendamos leer antes la carta de precios y su letra pequeña para evitar sorpresas. Como es un parque popular hay servicios públicos que verán al lado de la parada del bus.
Dirección: extremo sur del puente Mont Blanc esquina Lago Lèman.
LA ONU DEL PUEBLO
Obligado en Ginebra, es visitar el lugar más querido de locales y viajeros y donde se pueden dar un chapuzón: los Bains de Pâquis.
En 1.872 la ciudad instaló a la ribera del lago, un muelle en madera para facilitar el baño a los ciudadanos.
Desde su inauguración ha sido muy concurrido por todo tipo de personas que vienen a bañarse, a relajarse, a comer o a juntarse con sus amigos aunque lo que vienen a hacer los ginebrinos es simplemente ver pasar la vida en un lugar idílico.
Por albergar todo tipo de personas, hombres, mujeres, niños, mayores, ricos, pobres...emite cierto aire de naturalidad y espontaneidad, que ha evolucionado a centro cultural y de intercambio ideológico; es el entorno donde los encorsetados trabajadores de las instituciones internacionales, los bancos y los negocios del lujo pueden relajarse y dar rienda suelta a su art de vivre, que es un elegante eufemismo de “darse el gusto”.
En los Años Ochenta, el ayuntamiento planteó un proyecto de nueva construcción. Lo que suscitó una enorme polémica.
Dio lugar a asociaciones de amigos de Bains de Pâques, e incluso provocó la convocatoria de un referéndum local para autorizar la demolición y nueva construcción de la instalación. El cariño de los usuarios impidió la demolición y se mantuvo la estructura antigua del siglo XIX, determinante para el ambiente romántico del lugar.
Dentro hay un bar y un espacio donde se organizan tertulias, proyecciones de cine, charlas, encuentros literarios y artísticos... También hay vestuarios, salas de masajes, baño turco, hamman, se pueden alquilar hamacas, hay zonas para los niños…
Las vistas son magníficas: el lago, la ciudad, la catedral, el Jet d´Eau, el puente Mont Blanc, y en los días claros parte de la cordillera alpina.
Al final del muelle está el Faro de Pâquis, construido para indicar el acceso al puerto de la ciudad y prevenir de los peligros del lago a los navegantes. Probablemente en los tiempos del GPS los marineros puedan prescindir de él, pero no así los visitantes y vecinos para los que el faro es otro símbolo de la ciudad.
Se mantiene por tanto como si su funcionamiento fuera vital, se revisan las bombillas cada mes y se cambian cada tres meses; el sistema de alumbrado está controlado por un avanzado sistema digital.
Se puede caminar por el muelle hasta su base, pero no se puede subir para disfrutar las vistas, así que la Delegación de Medioambiente, gestora del faro, ha puesto a nuestra disposición un enlace con las vistas a 360ºdesde lo alto: https://phare-des-paquis.ch/
Actualmente los baños están abiertos todo el día en horario de según el tiempo meteorológico. La entrada cuesta 2 CHF. Esos horarios en el país de los relojes y ese precio en el país más caro del mundo dicen mucho del propósito de este local.
Los servicios extras como sauna, hamman y masajes tienen recargo.
El acceso a la “jetté”, la playita y el muelle para tirarse al agua, es gratis.
En invierno, a temperaturas bajo cero, verán ustedes a los suizos bañarse tranquilamente como si estuvieran en el Caribe...inexplicable.
Dirección: Quai du Mont-Blanc 30, en la ribera norte del lago verán el faro. Recomendamos caminar, es un bonito paseo. Desde el Reloj Florido hay justo 1 Km.