ESTRASBURGO





¡NADA MÁS ALTO QUE LA TORRE DE LA CATEDRAL!
La mejor manera de comenzar la visita de Estrasburgo será desde su monumento más famoso, el que se puede ver en todas las postales, no es otro que la famosa catedral de Notre Dame de Estrasburgo declarada Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1988. El culto católico, restablecido desde finales de los 1600, se consagró a la Virgen María, tras un período que desde los 1500 en el que fue dedicado al culto lute-rano. Y eso debido a que Estrasburgo y toda la región de Alsacia ha pasado de ser ale-mana a ser francesa unas cuantas veces a lo largo de su historia.
La catedral de Estrasburgo se considera una obra maestra absoluta del arte gótico, según palabras del escritor francés Victor Hugo la definía como “un prodigio de grandeza y delicadeza”. De la original contrucción románica sólo quedan la cripta y algunos rastros de sus antiguos límites. De este original edificio sabemos que fue iniciado en 1015 y que la aguja gótica del edificio actual, se culmina en 1439, por lo que la transformación del estilo románico al gótico se produjo en este intervalo. Esta catedral es una auténtica joya que destaca por múltiples motivos, como su gran rosetón de unos 15 metros de diámetro, su maravilloso reloj astronómico, su portada con ricos conjuntos escultóricos de la pasión de Cristo, y especialmente destaca por su única torre conocida como la Flèche, con una imponente aguja que es una obra maestra por su finura y elegancia.
Llama la atención que la catedral sólo tenga una torre, de hecho, entre 1490 y 1666 se consideraron varios proyectos para construir una torre gemela en la orientación Sur, que fueron desestimados y esta obra nunca fue emprendida. De tal manera la única torre campanario de la catedral se le considera como uno de sus símbolos más notorios.
Con su torre campanario de 142 metros de altura, esta catedral fue el edificio más alto del mundo desde 1647, fecha en la que fue destruida la flecha de la iglesia protestante de Santa Maria de Stralsund hasta 1874, fecha en la que fue superada por la iglesia de San Nicolás de Hamburgo.
Una experiencia que no debes perderte es subir a la plataforma de la torre, en la que des-pués de ascender los 332 escalones de una escalera de caracol, tendrás el privilegio, si las fuerzas y tu estado físico te acompañan, de contemplar la ciudad desde la cima de la catedral. Si además el día está claro y el cielo despejado alcanzarás a ver hasta el país vecino de Alemania, al otro lado del rio Rhin.
Para subir a la plataforma, el horario varía según épocas del año, siendo de abril hasta septiembre de 09.00h a 19.00h y el resto del año de 10.00h a 17.00h. El precio que paga-rás en boletería para poner a prueba tus gemelos y glúteos subiendo escalones en caracol es de 5€. ¡la recompensa de las vistas lo merecen!
Dirección: Place de la Cathédrale, 67000 Strasbourg, Francia
¡PIZZA ALSACIANA!
Se sabe de sobra que la gastronomía francesa es mundialmente conocida, famosa por sus quesos, crepes, vinos, croissants, caracoles o sopa de cebolla. Sin embargo, cuando uno prueba la gastronomía alsaciana, descubre que poco o nada tiene que ver con lo más ca-racterístico francés y por el contrario se asemeja tremendamente a la gastronomía alema-na.
De hecho, la popular gastronomía alsaciana incorpora tradiciones culinarias francesas y germánicas, al tratarse de una región muy próxima a las fronteras alemana y suiza. Esta fusión está tremendamente marcada por el uso de la carne de cerdo cocinada de diversas maneras, entre la que destacarán platos como, el baeckeoffe, knak, choucroute, spaetzle o el civet. Estos platos se sirven en abundantes y generosas porciones, y es que ya lo dice el proverbio alsaciano, “En Alemania, es mucho pero no es bueno. En Francia es bueno, pero no es mucho. En Alsacia, es bueno y es mucho”
Te recomendaremos que visites un winstub, que es el máximo exponente del restaurante típicamente alsaciano con platos tradicionales y decorados llenos de autenticidad. En ellos podrás degustar un amplio abanico de estas especialidades alsacianas con nombres a veces impronunciables para nosotros los hispanoparlantes. Son platos siempre sabrosos y acompañados por los vinos y cervezas de la región aun mejor. ¡Son toda una experien-cia y un viaje a los sabores de antaño!
Entre la rica y variada gastronomía de Estrasburgo, hay un plato que no dejará indiferen-te a nadie y que a todo el mundo gusta, niño o adulto la tarte flambée o flammekueche. Se trata de una especie de pizza rectangular por lo general, de masa muy fina cubiertas con crema, cebolla, queso y panceta. ¡riquísimas y totalmente adictivas!
Según cuenta la tradición los orígenes de la tarte flambée o flammekueche se remontan a principios de S.XX, cuando los campesinos alsacianos, metían una fina masa al horno para comprobar que tuviera la temperatura ideal a la hora de hornear el pan. Si después de un minuto la masa salía dorada y crujiente, quería decir que la temperatura era la óp-tima para hornear el pan. Para no desperdiciar la dorada masa, los campesinos le fueron añadiendo ingredientes económicos y que tenían a mano, como la crema, cebolla o pan-ceta.
No sería hasta la década de 1960 cuando con el boom de las pizzerías, se introdujera la tarte flambée en los restaurantes urbanos y winstub de Estrasburgo. El éxito fue tal, ha-ciéndose tremendamente popular entre locales y turistas que se realizaron múltiples va-riaciones, añadiendo nuevos ingredientes. ¡No te hace falta estar en Italia para probar un deliciosa y delicada pizza made in Alsacia!
LA CIGÜEÑA FIEL A ESTRASBURGO
Cuando camines por las medievales callejuelas de Estrasburgo, encontrarás infinidad de negocios de artesanía y souvenirs en los que podrás ver gran cantidad de artículos con forma de cigüeña o como se dice en el idioma local “Storich”. Te podrá la curiosidad de saber cuál es la relación o el motivo por la que esta elegante ave está casi presente en cada rincón de la ciudad y en tantísimos escaparates.
Aunque se pueden ver algunos nidos en las ciudades como en el parque de la Orangerie de Estrasburgo, lo normal es que las encontremos en la campiña alsaciana. Este pájaro construye nidos bastante pesados, más o menos de unos 500 kilos pudiendo llegar a pe-sar hasta 1300 kilos. Normalmente lo construyen en el campanario de las iglesias, o en el techo de las antiguas casas, siempre lo más alto posible, suponiendo un serio problema para los cimientos de estos históricos edificios.
Una vez elegido el sitio, las cigüeñas siguen con el mismo nido y cada año, cuando vuel-ven después de su estancia en las tierras del sur, lo vuelven a ocupar haciendo algunas aportaciones (ramas, ramillas, tierra…). La cigüeña es un ave migratoria lo que quiere decir que no se queda en Alsacia todo el año, sino que antiguamente solía volar en agos-to hasta África y para regresar de allá en marzo. Sin embargo desde hace algunos años ya no llega a abandonar Europa en su viaje estacional y se queda los inviernos en España volviendo a Alsacia antes de lo que era habitual, en febrero.
En Estrasburgo, existen muchas leyendas sobre este pájaro que es un símbolo de paz, de fidelidad y que además según la tradición, en definitiva a todos nosotros nos trajo al mundo una de ellas. Una de las leyendas más populares dice que había un lago debajo de la hermosa catedral de Estrasburgo que albergaba almas de bebes. En dicho lago vivía un gnomo que paseaba en su barca por el lago cogiendo las almas de los bebes con un fino hilo de oro y dándoselas a las cigüeñas para que fueran ellas quienes las depositaran en las cunas.
Al famoso dibujante alsaciano Hansi le gustaba mucho representarlas como un símbolo nacional. Le gustaba mucho dibujar una gran cigüeña en su nido, muy alta, posicionada como dominando a los “pequeños humanos” que quedaban debajo de su majestuosa figura. Siendo tiempos de guerra, y puesto que conocemos las opiniones políticas del dibujante, que siempre defendió la Alsacia francesa, estos dibujos se han considerado un mensaje para decir que Alsacia, representada por la cigüeña, se mantenía en pie confron-tando a los invasores.
Pese a que el cariño de los habitantes de Estrasburgo por las cigüeñas no es reciente, si es cierto que en los últimos años ha proliferado como símbolo representativo de la ciudad, convirtiéndose en su souvenir más característico. Las podrás encontrar por doquier, en forma de imanes, llaveros, sellos, postales o peluches. No dejes pasar la oportunidad de llevarte un auténtico icono de la ciudad ¡Te traerá suerte!
LA PETITE FRANCE
Estrasburgo es una ciudad tremendamente fotogénica, la mires por donde la mires que-rrás hacer cientos de instantáneas, pero si hay un punto donde vas a captar toda la esen-cia de la capital alsaciana, ese no es otro que el barrio de la Petite France (la Pequeña Francia). Tiene un encanto tan excepcional que lo convierte en una visi-ta imprescindible de la ciudad. ¡No sabrás ni hacia donde enfocar tu cámara!
El conjunto de este barrio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988 y llegamos a él en apenas diez minutos de paseo desde la Catedral. Y esta cali-ficación no nos extrañará nada cuando paseando a pie o en barco por sus canales nos haga sentir que entramos en otro época, un tiempo mágico como de cuentos de hadas. No obstante poca gente sabe que su actual aspecto y recuperación como patrimonio his-tórico y arquitectónico viene no más de la segunda mitad del siglo XX, tras la Segunda Guerra mundial, con la reconstrucción de los desastres de la guerra. Anteriormente había sido una de las zonas más pobres de la ciudad y en la que sólo vivían los humildes arte-sanos de los gremios que allí hacían su negocio.
Hoy, La Petite France, es uno de los rincones más hermosos y con más encanto de la ciudad, salpicado con románticas casas con entramados de madera en colores blanco y negro, construidas a orillas de los canales, que guardan fielmente la típica arquitectura renana de los siglos XVI y XVII. Antaño este barrio fue lugar de residencia de determi-nados gremios tales como, pescadores, molineros y curtidores. Hoy en día la mayoría de esas casas se han reconvertido en pequeños hoteles con encanto y tradicionales restau-rantes donde degustar la rica gastronomía alsaciana
El origen del nombre "Petite France" no proviene de ninguna epopeya patriótica, si no que hace referencia a que, durante el siglo XVI cuando era una ciudad del Sacro Impe-rio Romano Germánico, aumentaron en la ciudad los casos de sífilis, conocido como "el mal francés". La ciudad de Estrasburgo decidió luchar contra la enfermedad constru-yendo un hospital al que llamaron el hospice des Vérolés (el hospicio de los infectados o de la sífilis). Al muelle situado junto al hospital se le nombró como la Petite France que con el tiempo el nombre acabó siendo identificado con todo el conjunto y así es como ha llegado a día de hoy.
Son muchos los puntos estratégicos para realizar una foto prefecta con las mejores vistas, el Puente de San Martin, Rue des Dentelles, le quai de la Petite France. Pero la instantá-nea que sin duda no puedes dejar de hacer por icónica, será desde la plaza principal del barrio, la Place Benjamin Zix, rodeada de restaurantes con terrazas, tiendas de souvenirs y las mejores vistas al entramado de canales donde surcan las aguas los afluentes del Rhin. Desde este mirador, hay una bella panorámica de las casas medievales de estilo renano con entramado de madera y, en primer término, la maison des Tanneurs, una an-tigua casa de curtidores que data de 1572, y que actualmente se ha reconvertido en un restaurante.
Dirección: Place Benjamin Zix, 67000 Strasbourg, Francia
¿LA MARSELLESA O CHANT DE GUERRE POUR L’ARMÉE DU RHIN?
Todo el mundo, habrá oído o tarareado el que probablemente sea el himno nacional más célebre de cuantos se conocen, La Marsellesa, bien sea por sus triunfos militares en el pasado y deportivos en la actualidad. Pero lo que sí muy poca gente conoce es el origen o el nombre original de esta intensa y bélica marcha militar. ¡En Estrasburgo te llevare-mos hasta el lugar donde se compuso!
Toda revolución necesita un himno y más en un país que cada día tiene una huelga, pro-testa o manifestación como deportes favoritos. Así que en la Francia de finales del siglo XVIII, la que acabó a golpe de guillotina con la monarquía absolutista de los Borbones franceses, el himno que se creó fue La Marsellesa o como se le conoció con su nombre original, el “Chant de guerre pour L’armée du Rhin” (Canto de guerra para el ejército del Rhin)
A medida que avanzaba la Revolución Francesa, las monarquías europeas se preocupa-ron ante la posibilidad de que el fervor revolucionario se extendiera por sus países. Así que, con el fin de detener la revolución, o al menos contenerla dentro de sus fronteras, se creó una coalición de países liderada por Austria que entró en guerra con Francia. El 25 de abril de 1792, el entonces alcalde de Estrasburgo, el barón Philippe-Frédéric de Die-trich, convocó a sus oficiales, entre los que estaba un tal Rouget de Lisle, para componer un himno patriótico para el ejército del Rhin con el que levantar la moral de las tropas, y animarles a defender su patria amenazada. A Rouget le inspiró una pintada en un cartel que vió por la calle donde se leía la frase “¡Aux armes, citoyens!” (o sea, ¡Ciudadanos, a las armas!), y a partir de ella escribió la música y la letra del famoso himno.
En poco tiempo, la canción se difundió rápidamente entre los soldados y, en julio de 1792, el himno llegó a París de las manos y gargantas de los voluntarios marselleses quienes lo entonaban por las calles de la capital al acudir en su defensa. Por eso es que conocemos la canción como La Marsellesa y no como originalmente se la bautizó: el Chant de guerre pour L’armée du Rhin.
Aún llegarían tiempos en que La Marsellesa estuvo prohibida de forma intermitente. La restauración Borbónica en el trono de Francia con la caída de Napoleón, trajo a los fran-ceses la primera prohibición de entonarlo. No obstante, un poco después y con la Revo-lución de 1830, el famoso canto volvió a resonar por las calles de toda la Francia. ¡Para que fuese reconocida como himno del país galo, hubo que esperar nada menos que hasta 1958, después de que Francia perdiera dos guerras mundiales! O mejor dicho, tuviera que ser rescatada del desastre por las naciones aliadas...
Podrás disfrutar de la placa que en el actual edificio del Banco de Francia de la place Broglie, donde una vez estuvo la casa de De Dietrich, conmemora este acontecimiento. ¡te será imposible no tararear el Himno mientras la visitas!
Dirección: 3 Place Broglie, 67002 Strasbourg, Francia.
HACER SONREIR A LOS LOCALES HABLANDO EN ALSACIANO
Todo el mundo conoce alguna palabra en francés, ya sea porque la ha leído, visto en al-guna película o directamente lo ha estudiado. No olvidemos que la lengua de Molière fue durante siglos la lengua diplomática, usada en las principales cortes europeas, por nobles y aristócratas. ¿Pero te atreverías con el alsaciano?
Aunque en Francia el único idioma oficial es el francés, existen a su vez un gran número de lenguas regionales y dialectos. El artículo 2 de la constitución de 1958 es muy claro en este punto, cuando dice que “la lengua oficial de la República es el francés”. Pero ello no quiere decir que Francia rechace los idiomas locales, puesto que la constitución tam-bién dice que “las lenguas regionales forman parte del patrimonio de Francia”. Por ello hasta 400.000 alumnos franceses cada año tienen oportunidad de estudiar como segunda lengua una de ellas en colegios públicos y privados. Con ello se intenta evitar la desapa-rición de este patrimonio lingüístico que sin ayuda pública, corre un gran riesgo de aca-bar extinto.
Según los lingüistas en Francia se contabilizan nada más y nada menos que 75 lenguas regionales, de entre las cuales algunas se enseñan en la escuela, como el bretón, corso, vasco, occitano, o el idioma que nos atañe que es el alsaciano. Este último idioma es ha-blado por cerca de 900.000 habitantes en Alsacia de una población de 1,8 millones.
Sólo algunos “finos oídos alemanes” pueden entender a quien habla en Alsaciano pues este idioma, que es una especie de alemán afrancesado, resulta incomprensible para la mayoría de los francoparlantes y muchos germanoparlantes. En los diferentes momentos históricos de Alsacia, cada nación dominante, ya fuera Francia o Alemania, prohibía la lengua que precedía a su llegada. El pueblo, como tanta veces, acabó llegando a una so-lución al margen de los gobernantes: una lengua mezclada e influenciada por las dos lenguas originales que les facilitó el entendimiento entre todos.
Somos de la opinión que cuando visitas un país, región o ciudad lo mejor que puedes hacer es adaptarte a su gastronomía, costumbres o idioma, TODO TE RESULTARÁ MUCHO MÁS FACIL. Así que te vamos a enseñar un vocabulario básico en alsaciano, ¿te atreverás a usarlo? ¡inténtalo, no tengas vergüenza!
HOLA - SALÜ
ADIOS – AUR’VOIR
POR FAVOR – WENN’S BELIEBT
GRACIAS – MERCI
DIA – DÀÀ
NOCHE – NACHT
COMER – ESSA
BEBER – TRINKA
EL NIÑO QUE ARREGLÓ EL RELOJ DE LA CATEDRAL.
Con certeza la atracción más preciada de la catedral es su famoso reloj astronómico. Cada día concentra a las 12.30h a una gran cantidad de turistas, para disfrutar de su juego de autómatas, donde se presentan las diferentes edades de la vida, el desfile de los apóstoles ante Cristo y el gallo que canta y mueve las alas.
Para hacerte a una idea de la maravilla técnica y artística que este reloj astronómico su-pone, cuenta la leyenda que el magistrado de Estrasburgo mandó cegar al relojero para evitar que pudiera hacer una obra igual en otro lugar.
En la historia europea, las horas de la liturgia, marcaban el ritmo de los días y estas se determinaban con relojes ancestrales del tipo reloj de sol o de arena. Pero a finales del los 1200 ya empezaron a popularizarse por las iglesias europeas unos “nuevos artilugios” que eran relojes mecánicos. Al principio se accionaban con la fuerza del agua, pero poco a poco el uso de las pesas para mantener el movimiento y el conocimiento preciso de su peso ideal de las mismas, acabó sustituyendo a la fuerza hidráulica. Estos primeros relo-jes eran lógicamente gran motivo de orgullo para los habitantes de las ciudades que los poseían y empezó a ser habitual ver grandes relojes monumentales en las grandes urbes.
Estrasburgo fue una de las primeras ciudades en encargar un gran reloj monumental acorde a la magnitud de su templo. El primero de ellos se contruyó entre 1352 y 1354. Este instrumento original de medición horatia que mide 12 metros y cuyo autor perma-nece como anónimo, se encontraba en un principio en el muro occidental del brazo sur del crucero. Todavía hoy se pueden ver restos de los anclajes que sujetaban el aparato sobre la pared.
Aquel reloj del siglo XVI tenía además un autómata en forma de gallo que cantaba y movía las alas cada mediodía con mecánica precisión, pero un rayo parece ser que lo al-canzó de pleno en 1640 y después del incidente, el pobre gallo mecánico pasó largos años sin funcionar más de otra forma que a mano, sólo en las celebraciones especiales.
Se cuenta que a finales del siglo XVIII habían unos bedeles encargado de enseñar la catedral a privilegiados grupos de visitantes y que uno de ellos mostraba el reloj parado a uno de estos grupos un día de los 1800 y mientras les explicaba que el mecanismo era tan complejo y sofisticado que ya nadie podría ponerlo de nuevo en marcha, una voz infantil pero a la vez serena y firme se alzó entre el murmullo del gupo afirmando ante los presentes que él sí lo haría funcionar de nuevo. El niño era Jean Baptiste Schwil-gué (1776-1856), un ingeniero autodidacta que dedicó su vida a aprender los rudimen-tos necesarios para la increíble tarea de ingeniería necesaria para volver a poner en mar-cha el preciado reloj astronómico. Siendo ya considerado un eficiente ingeniero mecáni-co a la edad de 61 años, las autoridades de la ciudad le encargaron la renovación del mecanismo.
La última gran reparación se realizó entre 1838 a 1842, cuando se optó por adaptar con una maquinaria nueva, el viejo recinto renacentista. Gracias a esto se han conservado las obras originales del pintor renacentista Stimmer y parte del reloj del siglo XVI. El actual mueble del reloj consta de varios pisos y alcanza los 18 metros de altura. ¡hay que ver esta maravilla histórica!
Dirección: Place de la Cathédrale, 67000 Strasbourg, Francia
DE PLAZAS VA EL PASEO.
Uno de los epicentros, de la vida de una ciudad tiene lugar en sus plazas, y en este caso te vamos a llevar a un paseo por la historia de la ciudad a través de cinco de sus plazas históricas más hermosas e importantes.
El inicio de este recorrido será a través de la tradicional Place Saint-Étienne que se en-cuentra totalmente rodeada por casas típicamente alsacianas, pudiéndose diferenciar a través de ellas con total perfección, los diferentes estratos de la sociedad. Siendo las casas construidas en piedra las pertenecientes a las familias muy adineradas, las de ma-dera ornamentada pertenecían a las familias pudientes y las simples de madera a familias humildes. En el centro de la plaza encontraremos la escultura del Meiselocker, que repre-senta la tradición que se tenía en la ciudad por parte de los niños, que se ayudaban de su silbato para cazar pájaros que luego venderían en el mercado.
Llegarás a través de la Rue des Frères a la Place du Marché Gayot, que recibe este nom-bre porque aquí se realizaba comercio de pollos y gallinas. Hay una anécdota en esta plaza que nos habla de un obispo que acogía gente sin hogar, entre los que había enanos y es por este motivo que podemos ver casas con techos bajos y puertas pequeñas adap-tadas a sus inquilinos.
Siempre siguiendo la Rue des Frères, llegarás a la plaza de las plazas, la de la catedral que ahí estará presidéndola con su imponente fachada gótica. Haciéndole competen-cia al protagonismo de la Catedral tenemos en esta misma plaza la llama-da Casa Kammerzell que con sus setenta y cinco ventanas y una multitud de decoraciones minuciosas en su fachada, se ha convertido en una de las casas emblema de Estrasburgo.
Como curiosidad esta plaza casi siempre está azotada por fuertes corrientes de viento, lo que se debe según cuenta la leyenda a que el Diablo, que está representado en una de las figuras de la Catedral, se quiso acercar a ver cómo lo habían plasmado y al contemplar la catedral quedó atrapado dentro de su propia representación y desde entonces sus hela-dores vientos quedaron para siempre en el exterior, esperándole ahí fuera para el resto de la eternidad.
Al abandonar la Plaza de la Catedral lo harás a través de la Rue Mercière que conecta directamente con otra de las plazas históricas de Estrasburgo, la Place Guttemberg que lleva el nombre del famoso creador de la imprenta y que vivió en la ciudad por diez años.
A la última de las plazas de este recorrido la Place Benjamin Zix llegarás a través de la Grand Rue hasta la Rue du Fosse des Tanneurs. Una vez en el pintoresco barrio de la Petite France, bañado por canales y edificios históricos de arquitectura renana, siéntate en una terraza, relájate y disfruta de este lugar que un día dio cobijo a pescadores, moli-neros y curtidores.
PLACE GUTTEMBERG
Estrasburgo es una ciudad hermosa y monumental con plazas que casi compiten entre ellas por su agradable ambiente o belleza. Te vamos a sugerir que hagas un break y veas la vida pasar en una de las más emblemáticas y queridas por los locales, la Place Gu-ttemberg en pleno corazón de la ciudad. Difícil será que no pases en tu estancia en Es-trasburgo por esta plaza, pues se encuentra conectada por la rue Mercière con el principal monumento de la ciudad que es la catedral.
Construida en la Edad Media, esta plaza fue el centro administrativo y político de la ciudad hasta el S. XVIII. En la actualidad alberga el edificio de la Cámara de Comercio e Industria de Estrasburgo. Conocido como el Neubau es el edificio renacentista más antiguo de la ciudad, construido en 1585 para albergar tiendas y parte de la administra-ción municipal. La fachada, es el único elemento del S. XVI que se ha conservado, en la que se superponen los órdenes arquitectónicos clásicos que se desarrollan en tres niveles.
La reconocerás rápido por su hermoso carrusel de época y la escultura del famoso crea-dor de la imprenta, Guttemberg que pese a ser de la ciudad alemana de Mainz vivió en esta ciudad por 10 años. Aquí se le rinde homenaje a esta personalidad que realizó sus estudios en esta ciudad, en la que según cuenta la historia parece ser que se inspiró en el sistema de prensado del vino, para su creación de la imprenta de tipos móviles, ya que sigue exactamente el mismo sistema.
Guttemberg es conocido por realizar el primer libro tipográfico del mundo, y por su Bi-blia. Observarás en esta escultura que está representado abriendo la página de un libro, en la que se escribe et la lumière fût o lo que es lo mismo “y hubo luz”, que expresa la expansión del conocimiento a través del trabajo de impresión. La escultura de bronce fue erigida en 1840 por el escultor David D’Angers, para conmemorar el 400 aniversario de la imprenta y preside cada escena de la plaza.
Tal vez no sea la más vistosa de las plazas de la ciudad, pero te resultará casi imposible no querer sentarte en alguna de sus animadas terrazas, a reponer fuerzas con un buen café o uno de los excelentes vinos alsacianos, mientras observas el ir y venir de los loca-les.
A esta plaza se le puede considerar un punto importante de la vida de la ciudad, por sus negocios, cafeterías o su famoso mercado navideño. Pero sin lugar a dudas y dada su proximidad a la catedral, seguramente sea el mejor punto para sacar una instantánea per-fecta de la fachada del templo al completo, desde la otra punta de la rue Mercière, con las preciosas casas de arquitectura alsaciana a sus pies.
Dirección: Place Gutenberg, 67000 Strasbourg, Francia.