TAORMINA





LA PIAZZA IX APRILE Y SU INOLVIDABLE MIRADOR
En cualquier etapa de un viaje siempre buscamos un lugar elevado desde el que se tenga una vista privilegiada. Da igual que sea un castillo, la torre de una catedral, un monte o un mirador: la sensación de amplitud y dominio que nos garantiza la vista de pájaro es algo de lo que nunca nos cansamos. Y, al parecer, nuestros seguidores en Instagram tampoco.
En Taormina no necesitaremos buscar un sitio así. La ciudad entera está construida sobre un monte a más de 400 metros sobre el mar Jónico y con una colección de vistas inolvidables de la costa oriental de Sicilia. Son varios los puntos de la ciudad desde los que podremos tomar fotos memorables, pero para este apartado hemos elegido la Plaza del Nueve de Abril, situada a mitad del trayecto de la avenida principal de Taormina, el famoso Corso Umberto I.
El Corso Umberto I -llamado por los locales simplemente il corso- es el eje sobre el que griegos y romanos construyeron la ciudad. Su curso formaba parte de la antigua carretera consular conocida como Via Valeria y hoy es el paseo de poco más de kilómetro y medio que recorren turistas y locales mientras toman un helado y miran escaparates.
En ambos extremos, la Puerta Catania y la Puerta Messina marcan el inicio y el final de la ciudad histórica y entre ambas se extienden tres plazas. La central se llama Nueve de Abril y conmemora un hecho histórico equivocado. Al parecer, el 9 de abril de 1860 los habitantes de la ciudad se reunieron en la plaza para celebrar el desembarco en la isla del libertador Giusseppe Garibaldi. Sin embargo, la información era falsa y Garibaldi no llegaría a Sicilia hasta un mes más tarde. La plaza, sin embargo, ha conservado la fecha errada.
El lugar es un verdadero salón al aire libre, coronado por dos iglesias, la de San Giusseppe y la de Sant’Agostino y por la torre del reloj, conocida como Torre di Mezzo. Las terrazas de los bares históricos de la plaza son opciones formidables -aunque desde luego no económicas- para sentarse a descansar y disfrutar de la música que algún conjunto estará sin duda tocando en el centro de la plaza.
Sin embargo, es el lado oriental de la plaza el que más llamará nuestra atención. Un extenso mirador ocupa todo ese flanco y una barandilla es lo único que nos separa del azul intenso del mar Jónico.
A nuestros pies veremos extenderse la localidad de Giardini Naxos, primera colonia griega en Sicilia y hoy localidad hotelera y de turismo de playa.
Si el día es claro y no se impone la calima veraniega, en el horizonte divisaremos la región de Calabria, punta de la famosa bota que forma la península italiana.
Si seguimos la línea de costa hacia el sur, veremos erguirse el imponente Etna, el volcán en activo más alto del continente europeo, seguramente humeando para nuestra foto.
Dirección. Piazza IX Aprile, 38090 Taormina
CANNOLI
Conocer una tierra siempre es también conocer su gastronomía. Si esto es verdad en cualquier parte del mundo, adquiere un significado especial para las culturas del Mediterráneo, que siempre han puesto la comida en el centro de la vida social. Herederos de griegos, romanos y árabes, los sicilianos siempre han sabido acompañar cada celebración de un banquete y no resulta exagerado decir que en la isla hay un plato para cada fiesta y una fiesta para cada plato.
Y aunque el peligro principal para quien visita Sicilia es dejarla con unos cuantos kilos más, no resulta fácil ni aconsejable marcharse sin haber probado al menos alguna de sus delicias más icónicas.
La gastronomía siciliana se extiende a todos los ámbitos de lo culinario, desde sus frutas y verduras sabrosísimas y su extraordinario pescado a su repertorio de quesos y vinos de fama internacional. Pero, sin duda alguna, es en los dulces donde el arte gastronómico siciliano adquiere su grado máximo de virtuosismo.
Como sucede con los monumentos que forman su patrimonio artístico, los sicilianos han sabido convertir cada postre en una obra maestra barroca y una suma de influencias de su pasado.
El requesón de oveja de los pastores de la antigüedad, los pistachos y almendras traídas a la isla por los árabes, el bizcocho que no por nada recibe aquí el nombre de “pan de España” o el chocolate que trajeron de América los jesuitas se combinan en una variedad enorme de dulces. En cada pueblo encontraremos una especialidad distinta que merece la pena probar. Pero el dulce más conocido en toda la isla es el famoso cannolo.
Creado originalmente para la semana de carnaval, hoy se puede encontrar en las pastelerías durante todo el año. El cannolo es un tubo de masa frita crujiente rellena de requesón dulce. Nadie conoce con certeza el origen de este dulce, pero sabemos que se consume en la isla desde hace siglos.
Hasta hace relativamente poco, el tubo se hacía rodar sobre la mesa del pastelero envolviendo una caña de río, de ahí su nombre. Hoy en día la masa -llamada scòrza en dialecto- se hace girar sobre tubos metálicos y después se fríe en aceite a alta temperatura, para que quede crujiente.
Esa pasta se rellena de ricotta -el requesón de oveja- batida y azucarada.
El dulce se decora según el gusto del pastelero: pepitas de chocolate, pistacho triturado y naranjas escarchadas son la decoración más frecuente.
Podéis encontrar esta delicia en cualquier pastelería o restaurante de Taormina, pero mi consejo es que elijáis aquélla en la que preparen el cannolo delante de vosotros.
A menudo, en los sitios más turísticos, el cannolo ya está preparado con horas de antelación y lo esencial aquí es el contraste entre lo crujiente de la masa y la cremosidad de la ricotta.
TESTE DI MORO
Paseando por la calle comercial de cualquier ciudad de Sicilia es casi imposible no encontrar un negocio donde se venda cerámica. La fabricación y decoración de objetos en tierra cocida es común en cualquier lugar del mundo, pero en Sicilia se convierte en un arte que resume a la perfección la personalidad de la isla, formada a lo largo de siglos de dominaciones extranjeras.
La cerámica siciliana es fruto de técnicas y estilos que suman la influencia de los antiguos griegos, de los siglos de presencia musulmana en la isla y de la dominación española.
La ciudad de Caltagirone es la capital de la cerámica en Sicilia y desde sus talleres artesanales se envían a toda la isla productos cuidadísimos de cerámica decorada en los vivos colores del paisaje mediterráneo.
En el corso Umberto I de Taormina, la calle principal de la ciudad, podemos encontrar varios negocios dedicados a la venta de cerámica. Entre las jarras, vasijas y platos decorados, es probable que nos llamen la atención unas figuras sorprendentes que sólo pueden encontrarse en la isla: unas vasijas que representan las cabezas de hombres y mujeres musulmanes engalanados con joyas y turbantes.
Se trata de las famosísimas teste di moro, cabezas de moro. A medida que viajemos por la isla, encontraremos estas figuras decorando los balcones y jardines de las casas, hoteles y restaurantes que visitemos, y es que la testa de moro ha llegado a convertirse en uno de los símbolos más populares de Sicilia.
Como ocurre con casi cualquier cosa en Sicilia, detrás de estos preciosos objetos decorativos en cerámica se oculta una leyenda de amor y sangre.
Cuenta la tradición que en la Palermo medieval, durante los siglos de dominación musulmana de la isla, vivía en el elegante barrio de la Kalsa una joven que pasaba sus días pendiente de las flores y las plantas de su jardín.
A pesar de ser una de las muchachas más bellas de la ciudad no hacía caso a sus muchos pretendientes y parecía no tener otro interés que el cuidado del jardín. Un día, mientras regaba las plantas, pasó junto al jardín un joven comerciante de Damasco.
La joven se enamoró de él al instante e iniciaron un romance que sólo se vio interrumpido cuando el viajero le confesó que no había sido del todo sincero con ella y que pronto debería volver a su casa, donde le esperaban mujer e hijos.
Sorprendentemente la muchacha le dijo que quería pasar una última noche con él y cuando el comerciante se quedó dormido en sus brazos, ella lo degolló y le cortó la cabeza. Para tener siempre a la vista al hombre al que había amado, colocó la cabeza en el jardín y la llenó de albahaca que regaba cada noche con sus lágrimas.
Los palermitanos que visitaban el jardín quedaron prendados de la idea de una cabeza convertida en vasija y comenzaron a reproducirla en cerámica.
Podemos encontrar teste di moro de todos los tamaños y precios. Desde miniaturas para usar como llavero o imán de cocina hasta las verdaderas piezas que sirven para decorar jardines y balcones y que a menudo en las tiendas envían de forma segura a domicilio.
EL TEATRO GRECO-ROMANO DE TAORMINA
Si sólo pudiésemos llevarnos una foto de Taormina, debería ser la que se puede tomar en lo alto de la cávea del teatro greco-romano de Taormina. No existe otra vista semejante en toda la ciudad y, probablemente, tampoco en toda Sicilia. No es casualidad que haya terminado siendo la portada de no pocas guías turísticas de la isla.
Desde lo alto de la cávea tendremos una vista privilegiada del monumento antiguo mejor conservado de la ciudad, del mar Jónico, de la bahía de Naxos, con la localidad de Giardini Naxos, y el Etna en el horizonte. Si miramos hacia el norte, veremos los pueblos situados en lo alto de los montes Peloritanos y, al otro lado de la franja del mar Jónico, la costa de la región de Calabria, la más meridional de la península italiana.
Muy poco más al norte, aunque nuestra vista no alcance a divisarlo, se encuentra el estrecho de Messina. El propio Goethe llegó a escribir que ningún espectador en la historia había tenido las vistas que tiene quien asiste a un espectáculo aquí.
El teatro fue construido en época griega, posiblemente por orden del tirano de Siracusa Hierón II en el siglo III antes de Cristo. Sin embargo, lo que vemos hoy es fundamentalmente su reconstrucción romana, realizada primero en época del emperador Augusto y después en el siglo II. En su periodo de esplendor, el teatro llegó a tener capacidad para albergar a 10.000 espectadores.
Los romanos eran más amantes del espectáculo que del teatro propiamente dicho y, por eso, el escenario se convirtió en arena y aquí dejaron de representarse obras teatrales y dejaron lugar a las venationes, enfrentamientos entre gladiadores y animales.
Con el paso de los siglos, el teatro fue abandonado y permaneció olvidado en ruinas hasta que a finales del siglo XVIII empezaron a llegar a Sicilia los primeros turistas europeos que buscaban las obras maestras del arte clásico. La sugerente ruina del teatro y sus vistas incomparables convirtieron Taormina en la primera gran atracción turística de la isla.
A día de hoy, el teatro es sede del Festival de Cine de Taormina y de una temporada de conciertos que ha traído a la ciudad a artistas de todos los estilos desde Andrea Bocelli y Marta Argerich a Pink Floyd, Caetano Veloso o The Cure.
Dirección. Via del Teatro Greco 1, 98039 Taormina
Horarios.
Del 1 de enro al 15 De febrero 09:00 - 16:00
Del 16 al 28 de febrero 09:00 - 16:30
Del 1 al 15 de marzo 09:00 - 17:00
Del 16 al 31 de marzo 09:00 - 17:30
Del 1 al 30 de abril 9:00 - 18:30
Del 1 de mayo al 31 de agosto 09:00 - 19:00
Del 1 al 15 de septiembre 9:00 - 18:30
Del 16 al 30 de septiembre 9:00 - 18:00
Del 1 al 15 de octubre 9:00 - 17:30
Del 16 al 31 de octubre 09:00 - 17:00
Del 1 de noviembre al 31 de diciembre 09:00 - 16:00
Precio. 10€. Ciudadanos de la UE entre 18-25 años: 5€
EL ODEÓN, EL OTRO TEATRO ANTIGUO DE TAORMINA
El Teatro Greco-Romano de Taormina es, sin duda, el monumento más famoso de la ciudad. Es posible que también sea el más visitado de toda la isla. Sin embargo, ha sido precisamente la fama de este imponente monumento la que ha contribuido a que muchos viajeros que visitan Taormina ignoren que la ciudad antigua tenía dos teatros, señal indudable de su rica vida cultural.
El segundo teatro, conocido comúnmente como Odeón, es mucho menor que el primero y se conserva sólo en parte. Podemos encontrarlo a pocos metros del Palazzo Corvaja, que alberga la oficina de turismo y el Museo de Marionetas.
A la izquierda del palacio podremos ver una iglesia, la de Santa Catalina de Alejandría.
Aunque no es una de las más impresionantes de Sicilia, hay que destacar que esta iglesia fue construida en el siglo XVII sobre los restos de un teatro romano y de un templo dórico griego. Excavaciones en el interior de la iglesia nos permiten ver los cimientos de ambas estructuras.
Si rodeamos la iglesia, a sus espaldas encontraremos los restos del teatro.
Fue construido al inicio de la época imperial, seguramente durante el periodo de Augusto. Abandonado durante siglos, el edificio fue descubierto accidentalmente en el año 1892 por el herrero local Antonio Bambara. Un año después comenzaron las excavaciones que descubrieron la estructura que hoy podemos ver.
La arquitectura del Odeón romano es casi idéntica a la del teatro principal, aunque en miniatura. Sin embargo, el monumento tiene una orientación diferente. De hecho, mientras que el Teatro Greco-Romano mira hacia el sur, el pequeño Odeón está orientado hacia el noreste.
Fue construido con material latericio, es decir, con grandes ladrillos de arcilla unidos con cal. Como todos los teatros romanos, se divide en tres secciones principales:
la escena, la orquesta y la cávea.
Aparte de para representaciones teatrales, se cree que este pequeño Odeón, construido en el centro de la ciudad antigua, se utilizaba para recitales musicales y audiciones reservadas a magistrados, e importantes personalidades civiles, militares y religiosas de Taormina, así como para sus familias e invitados importantes.
Tal vez al convertirse el teatro principal en una arena para espectáculos más populares, éste quedó como alternativa más selecta y cultural.
Dirección. Via Timeo 31A, 98039 Taormina
TELEFÉRICO DE TAORMINA
Durante nuestra estancia en Taormina, viendo desde cada mirador el mar a nuestros pies, es probable que sintamos el deseo de bajar hasta la playa. Tanto más si hemos oído hablar de la famosísima Isola Bella, uno de los paisajes más bonitos de Italia, situado justo bajo la ciudad. Hay varios modos de bajar desde el centro histórico de Taormina hasta las playas.
Podemos tomar un taxi en las paradas que hay en Porta Messina y Porta Catania. Podemos también bajar en autobús. Pero, sin duda, la forma más excitante y panorámica de hacerlo es usando el famoso teleférico de Taormina, cuya estación se encuentra cerca del centro histórico y que lleva a las playas de Mazzarò.
El teleférico fue construido por primera vez en 1929 debido al auge del turismo en la ciudad. Lógicamente las instalaciones actuales son mucho más modernas y han sido realizadas por la compañía italiana Leitner, líder mundial en el sector.
El teleférico supera un desnivel de 170 metros en un trayecto de algo más de 725 m y en cada cabina entran ocho personas. El trayecto dura menos de cinco minutos.
La vista mientras bajamos es sencillamente espectacular: con la frondosa vegetación de la región a nuestros pies y las bahías jónicas frente a nosotros. Aunque se le tenga miedo a las alturas, la experiencia merece la pena.
Si tan sólo queremos darnos un chapuzón en el mar Jónico, frente a la estación donde nos deja el teleférico se encuentra la playa de Mazzarò. Pero mi consejo es que caminemos algo menos de un kilómetro hacia el sur hasta llegar a la playa de Isola Bella. Se trata de una de las playas más bonitas de Italia, con una isla en el centro y un sendero de arena que nos permite llegar hasta ella cuando hay marea baja.
La isla está repleta de pequeñas cuevas y playas de roca y es un santuario de aves salvajes desde que fue propiedad de la aristócrata inglesa Lady Florence Trevelyan, de quien ya hemos hablado.
Dirección. Via Luigi Pirandello, 98039 Taormina.
Horarios. Abierto todos los días de 08:00 a 20:00, excepto lunes, de 09:00 a 20:00.
El teleférico sale cada 15 minutos.
Precio. 3€, un viaje. 10€, ticket diario.
LA REINA BLANCA DE NAVARRA EN TAORMINA
Una parada obligatoria durante nuestro paseo por el Corso Umberto I, columna vertebral de la ciudad de Taormina, es el Palazzo Corvaja. Situado en una plaza que hoy recibe el nombre italianísimo de Piazza Vittorio Emmanuele II, pero a la que los locales conocen como Piazza Corvaja, el edificio es uno de los más emblemáticos de la ciudad.
Construido por primera vez sobre las ruinas del ágora griega y el foro romano, el edificio nació como torre defensiva por decisión de los sarracenos que dominaron durante siglos la ciudad. Tras la expulsión de los musulmanes del gobierno de la isla, el edificio fue ampliado por normandos y suabos, convirtiéndose poco a poco en un verdadero castillo en el centro de la ciudad. Fue Federico II quien mandó construir la llamada Sala del Maestro de Justicia y la escalera del patio central, decorada por relieves que representan la creación de Eva y el pecado original.
La historia que nos interesa -menos conocida de lo que debería- ocurrió algún tiempo después, cuando los aragoneses tomaron el control de Sicilia. La reina Blanca de Navarra había sido casa con Martín I de Sicilia, apodado el Joven, hijo del rey de Aragón.
La reina pamplonica se había instalado en la isla y cuando, a instancias de su padre, el rey Martín tuvo que partir con la intención de reconquistar Cerdeña para la corona de Aragón, Blanca se vio convertida en regente de Sicilia.
Los nobles y comerciantes de las ciudades de Catania y Messina -a pocos kilómetros ambas de Taormina- consideraron que era un momento ideal para aprovecharse de la debilidad de una reina mujer y hacerse con el control de la isla. Pero juzgaron mal. La reina fue capaz de mantener el control con pulso firme durante la ausencia de su marido.
Convencida de que las grandes ciudades de Sicilia no eran lugares seguros para ella, Blanca de Navarra se fijó en la pequeña ciudad de Taormina, situada en lo alto de una roca e inexpugnable y se instaló en el Palazzo Corvaja, fortificado por generaciones de gobernantes. Desde allí gobernó la isla y allí convocó a los nobles que formaban el parlamento siciliano. Desde lo alto, sería fácil anticipar y aplastar cualquier intento de rebelión.
Cuando dejó la isla para ejercer como reina de Navarra, Blanca quiso dejar una señal que conmemorara lo útil que el palacio le había resultado en un momento difícil e hizo grabar en piedra caliza de Siracusa enmarcada en roca lávica del Etna el adagio “ESTO MICHI LOCV REFVGII”, que en latín un tanto macarrónico quiere decir “Sea éste mi lugar de refugio”.
UN PASEO POR LA HISTORIA DEL CINE EN TAORMINA
Toda la isla de Sicilia es un enorme plató cinematográfico al aire libre. Desde grandes películas italianas como El gatopardo o Cinema Paradiso a éxitos de Hollywood como Ocean’s Twelve, pasando por series de televisión como la del comisario Montalbano e innumerables películas de temática mafiosa, multitud de directores y productores han elegido esta isla fascinante como escenario para sus historias. Durante vuestro viaje por la isla, en ciudades como Palermo, Ragusa, Siracusa o Cefalù encontraréis lugares que ya conocéis porque los habéis visto en el cine o la televisión.
Sin embargo, la capital indiscutida del cine siciliano es Taormina. Su asociación con el turismo de lujo y su belleza pintoresca la han convertido en localización ideal de muchos rodajes y su amplia oferta hotelera y su clima paradisiaco han hecho que las grandes estrellas del cine la elijan como base de operaciones durante los rodajes. Para conmemorar esa importancia cinematográfica de Sicilia, cada año durante el verano se celebra aquí el Festival Internacional de Cine de Taormina.
Especialmente centrado en el cine italiano y en el italoamericano, si uno visita la ciudad durante las fechas en que se celebra, es fácil cruzarse con grandes estrellas. Vamos a proponer un recorrido por la ciudad para reconocer algunos de los lugares que han sido utilizados en rodajes de películas. Y sólo podemos comenzar por el famosísimo Teatro Griego.
Aquí es donde se proyectan las películas del Festival, un marco incomparable para ver cine al atardecer. Woody Allen lo eligió para algunas escenas de su fantástica película Poderosa Afrodita y los amantes de la comedia italiana tal vez lo recuerden de Intriga en Taormina, un vehículo para el lucimiento de Ugo Tognazzi. A los pies del teatro se encuentra el Hotel Timeo, donde se hospedaron los protagonistas de las tres partes de El padrino durante los rodajes. Regresando a la calle principal, llegaremos a la plaza del IX Aprile.
Sus cafés legendarios como el Wunderbar o el Mocambo son los favoritos de las estrellas y los camareros más ancianos de este último todavía recuerdan las discusiones caldeadas por el alcohol de dos clientes habituales: Richard Burton y Elisabeth Taylor. En la plaza el famoso actor y director Roberto Benigni ha ambientado escenas de dos de sus mejores comedias: Johnny Stecchino y El pequeño diablo.
Si continuamos por el corso hasta la plaza de la catedral y allí gira os a la izquierda, encontraremos el Hotel San Domenico, el más lujoso de la ciudad. Aunque también aparece en El pequeño diablo, este hotel es el escenario de la última media hora de La aventura, la obra maestra de Michelangelo Antonioni, protagonizada por la bellísima Monica Vitti.
Si bajamos -ya sea en taxi o usando el teleférico- a la parte baja de Taormina, encontraremos la preciosa estación de tren. Aunque también ha aparecido en las películas mencionadas de Benigni, los cinéfilos la reconocerán como la estación de Corleone en la saga de El Padrino.
Y es que el Corleone real -una pequeña ciudad del interior de Sicilia- tiene poco del encanto del que vemos en el cine. El director Francis Ford Coppola construyó el Corleone de ficción con retazos de la ciudad de Taormina y de dos pueblos que se encuentran a menos de veinte kilómetros de ella: Savoca y Forza d’Agrò.
En Savoca todavía se puede visitar el Bar Vitelli, donde Michael Corleone pide la mano de Apollonia. Los dueños se han encargado de conservarlo igual a como aparece en la película. Forza d’Agrò aporta la iglesia y la plaza del Corleone de ficción.
A menos de media hora de Taormina, estos dos pueblos son una parada obligatoria para los cinéfilos que viajan por la isla.
LA VILLA COMUNALE, TAMBIÉN CONOCIDA COMO JARDÍN INGLÉS
En todo paseo turístico, llega un momento en el que tal vez nos sentimos saturados de estímulos y necesitamos un lugar donde descansar, disfrutar de unos instantes de tranquilidad y recuperar las fuerzas.
Esta necesidad puede resultar especialmente intensa en ciudades llenas de otros viajeros: la vitalidad de estas ciudades es un atractivo, pero a veces puede resultar excesiva. Por eso resulta muy útil conocer un lugar menos frecuentado donde sentarnos a ver pasar la vida.
En Taormina ese lugar es, sin duda, la Villa Comunale, el Parque Municipal, comúnmente conocido como Jardín Inglés. Y es que este maravilloso jardín fue diseñado y creado por una dama inglesa, Lady Florence Trevelyan.
Nacida en el seno de una familia aristocrática en Nortumbria, quedó huérfana a los dos años tras el suicidio de su padre. Creció en su casa señorial en compañía de su madre sin otro pasatiempo que la jardinería, de modo que los jardines de Hallington llegaron a ser famosos en toda Inglaterra.
Son los inicios del turismo, cuando entre la aristocracia europea se puso de moda el Grand Tour, un recorrido para conocer las joyas del arte de Italia y, durante un viaje por Sicilia, Lady Florence Trevelyan se enamora de Taormina y decide quedarse a vivir aquí.
Dicen las malas lenguas que había sido informalmente expulsada de Inglaterra por la propia reina Victoria, pues había tenido una aventura con su hijo Eduardo. No hay pruebas de que este rumor sea verdad, pero, en cualquier caso, Trevelyan salió ganando, al menos en lo que al clima se refiere.
En Taormina se casó con un rico doctor, Salvatore Cacciola, que sirvió durante años como alcalde de la ciudad. En su residencia, decidió reconstruir los jardines de Hallington, esta vez con la vista inmejorable del mar Jónico y del Etna. Amante también de la ornitología, Lady Trevelyan dejó instrucciones para que los jardines fueran también un refugio para las aves y todavía hoy el canto de los pájaros inunda el lugar.
A su muerte los jardines pasaron a ser propiedad pública y hoy pueden ser visitados libremente. Sus bancos, quioscos y pabellones son un lugar ideal para sentarnos a descansar un rato y disfrutar de la exuberante naturaleza creada por la fascinante dama inglesa.
Para llegar a los jardines es necesario tomar una calle que sale en pendiente descendente desde la plaza Vittorio Emmanuele II, llamada Via di Giovanni.
Dirección. Villa Comunale. via Bagnoli Croci, 98039 Taormina