CHENONCEAUX





¡BIENVENIDOS AL CASTILLO!
Como queriendo emular a la antigua torre del homenaje, el balcón del primer piso del Castillo de Chenonceau ofrece, desde su poderosa altura, una inmejorable panorámica. Este balcón suponía un mirador que se abría, a modo de torre vigía,hacia la entrada al dominio para poder observar la llegada expectante de aquellos invitados que acudían en comitiva. Pero al verlo, es inevitable pensar en aquel balcón de cuento por el que se asoma la princesa enamorada para ver a su pretendiente recitando poemas de amor acompañado de trovadores…
Una larga avenida, escoltada por inmensos plátanos que hacen pasillo a sus visitantes, da la bienvenida a un castillo que es, quizás, el más elegante de todos aquellos que se encuentran construidos en el Valle del Loira. Un enjambre de troncos de copas generosas puebla la frondosidad de su bosque. Coloridas flores y arbustos olorosos decoran sus delicados jardines. Una perfecta simbiosis de jardines a la francesa y de jardines a la inglesa…
En primer plano, se erige una renovada torre que condensa siglos y siglos de silencioso sigilo observando el ajetreo del Castillo de Chenonceau y siendo testigo de las grandes personalidades de la historia de Francia que un día hicieron aquí acto de presencia, dejando su huella en los anales del castillo. La torre en cuestión es lo único que queda del antiguo castillo feudal, y es que la primigenia construcción fue, en su día, arrasada por sus propietarios para poder erigir en su lugar un nuevo castillo con una arquitectura que fuera más acorde con los nuevos tiempos. Es ahora cuando entra en escena nuestra primera protagonista, una de las tantas mujeres que dejaron su impronta en el Castillo de Chenonceau. La señora en cuestión, de nombre Catherine, adquirió junto a su marido la citada fortaleza medieval. El esposo era administrador del rey y logró amasar una enorme fortuna que le permitió financiar su nueva propiedad.
Mientras el señor Thomas administraba los bienes del rey, ella se dedicó por completo a supervisar las obras de la construcción de su nuevo castillo. Acudía diariamente con su caballo, cabalgando incansable la treintena de kilómetros que separaban la cantera de su domicilio, situado en los aledaños de la entonces corte. Catherine desempeñó un papel fundamental y determinante en el estilo y en el concepto del nuevo castillo, y fue ella quien tomó todas las decisiones técnicas y las iniciativas arquitectónicas de la construcción, sentando un precedente en sus sucesoras protagonistas.
Castillo de Chenonceau
37150 Chenonceaux, Francia
Entrada incluida
LAS SABROSAS CODORNICES AL FOIE GRAS
Un suculento plato que perpetúa la tradición gastronómica del castillo es, sin duda, las deliciosas codornices. Igual que antaño, cuando se guisaban en las cocinas del castillo y eran servidas en sus exquisitos salones, tenemos ahora la oportunidad única de degustar estas delicias que consiguen deleitar incluso a los gourmetsmásexigentes.Y es que este pajarito, que parece que casi no tiene carne es, sin embargo, muy sabroso y suave. A pesar de su pequeño tamaño, ofrece una gran variedad culinaria y un exquisito sabor.De la carne de codorniz macho se aprovecha, principalmente, la pechuga y los muslitos.
El resto del ave, poca cosa la verdad, es utilizada junto a sus huesos para caldos. Al igual que ocurre con el resto de aves que vuelan en libertad largas distancias, la carne de la codorniz es mucho más consistente que la carne de las aves de granja. Su compacta carne tiene un alto valor nutricional y, además, contiene poca grasa y muchos hidratos, por lo que su índice de caloríases realmente bajo. Sus huesitos son muy finitos, pero su densa carne va a reforzar nuestro esqueleto gracias a las proteínas, al calcio y al fósforo que contiene. Además, su alto aporte en hierro nos ayudará a prevenir la anemia.Hoy en día, ya se puede consumir codorniz durante todo el año ya que las aves se crían en granjas. Su explotación es muy rentable, sobre todo, por la producción de sus huevos.
La codorniz se prepara de muchas maneras, pero en el Castillo de Chenonceau se cocina al horno y es servida rellena de una exquisitez incomparable, el foie gras, y rociada en vino. Les podemos asegurar que sucumbirán ante su delicada textura. ¡Es un auténtico manjar de dioses!El origen de la codorniz viene desde muy antaño, tanto que incluso es mencionada en la Biblia, “caída del cielo como si fuese lluvia para alimentar al pueblo de Israel”. La codorniz es una especie originaria de China, y de China pasóa Japón, donde complacía con su canto a la corte imperial.
A partir de ahí, la codorniz comenzó a ser domesticada como mascota. Sus cualidades culinarias fueron descubiertas cuando una dieta basada en su carne logró curar al emperador de una tuberculosis. Podrán degustar la receta de codornices al foie grasen el restaurante situado en el Jardín Verde, a un lado del castillo.
CALDOS DE PRODUCCIÓN PROPIA
Según nos vamos acercando al Castillo de Chenonceau, las viñas que rodean el dominio conforman una estampa muy agradable de ver. Estas mismas viñas, que han ido cincelando parte del paisaje de la región, son las mismas que producen un vino cuya fama traspasa fronteras.A lo largo de la historia del castillo, según iba tomando forma la construcción, sus viñedos iban creciendo a la par, y es que todas sus propietarias mostraron siempre un gran interés en cultivar la tierra, conscientes de la gran riqueza que sus viñasacabarían proporcionandoal nombre de Chenonceau.
Su primera propietaria, la anteriormente mencionada señora Catherine, fue quien trajo a esta comarca una nueva planta que crecía lejos del lugar y que sembró en las tierras del castillo. En su empeño, contaba con la ayuda inestimable de su hermano, que resultó ser abad… ¡Y es que muchos padres espirituales fueron grandes artífices de la tradición vinícola! El esfuerzo de los hermanos finalmente tuvo su recompensa, ya que acabó brotando una nueva cepa que se aclimató con éxito. La iniciativa contó, a partir de ese momento, con el respaldo del rey. Aquel esfuerzo, que en su día comenzó como una apuesta personal, fue el origen del afamado vino de Chenonceau.
La tradición vinícola regional se ha mantenido hasta la actualidad mediante esfuerzo, dedicación y respeto al medio ambiente. Este vino es el resultado de la alquimia conseguida al mezclar esta tierra, con su gente y con el castillo.El Castillode Chenonceau posee un viñedo depequeñas dimensiones, pero su reducido tamaño no es impedimento para que proporcione un vino con mucho encanto, lleno de armonía y de nobleza. Desprende un aroma intenso, afrutado y de aire colonial, como si fuese una mezcla de café y de tabaco. Es todo un orgullo para el Castillo de Chenonceau el haber aportado su vino a la historia de la comarca y el haberlo convertido en un gran protagonista, a la altura de reyes y de reinas.En la actualidad, del medio centenar de productores de vino que existen en la zona, más o menos la mitad son mujeres, dignas herederas de sus predecesoras.
El reconocimiento femenino en el sector vinícola de la comarca se refleja también en el jurado que decide cada año cuál es el mejor vino, que se venderá en subasta por una causa caritativa, y es que dicho jurado está compuesto por mujeres al 100%. Las bodegas del castillo se encuentran en el subsuelo de las antiguas caballerizas, situadas en el Jardín Verde. En este edificio histórico, queconserva aúnsus bóvedas renacentistas, podrán degustar y adquirir los deliciosos vinos del Castillo de Chenonceau.
UNA BELLA PASARELA SOBRE EL RÍOSi
hay un castillo con estilo, esbelto y que representa la elegancia femenina, ese es el Castillo de Chenonceau, considerado por muchos como el más bello de todos los castillos del Valle del Loira. Quizás, una de las razones de su belleza reside en que está construido sobre un río y eso le distingue sobre los demás, ¡y de qué manera…! Juzguen ustedes por sí mismos. El lugar ideal para apreciar al castillo en todo su esplendor son sus jardines laterales, desde los cuales podremos fotografiar el monumento escorado. La perspectiva que obtendremos desde esos delicados jardines es la imagen misma del refinamiento y, además, nos permite comprobar que el castillo parece levitar sobre unas arcadas que lo separan de la superficie fluvial.
Es el sitio perfecto para recrearnos en la historia del castillo…Nuestra primera protagonista, Catherine, comenzó a construir su nuevo castillo renacentista sobre un molino fortificado que formaba parte de la primigenia fortaleza. Sobre la base de este molino, erigió una mansión al borde del ríoCher, pero con el tiempo, el edificio fue recibiendo nuevas reformas que lo acabarían convirtiendo en un referente universal.La segunda protagonista del castillo fue Diana, favorita del rey que recibió el castillo, precisamente, como un regalo por parte del monarca. Diana decidió prolongar el edificio sobre lo ancho del río, dotando al castillo de una arquitectura sin igual.
También fue la creadora de sus exquisitos jardines, tan novedosos para la época. ¡La belleza arquitectónica y paisajística del castillo sólo encontraba comparación en su propio físico!Es el turno de conocer a la tercera protagonista del castillo, Catalina, esposa florentina del rey y totalmente suscrita a la modernidad, al lujo y las inversiones, aunque, debido a la falta de dinero en las arcas reales, tuvo que recurrir constantemente a los bancos de su tierra natal. Catalina fue la que dotó al castillo de un segundo piso, que fue concebido como un salón inmenso en el que se organizaban ostentosas fiestas que pasarían a los anales de la historia por su fastuosidad y por su derroche, y en las que se mezclaban la realidad y la fantasía. Muy dada a las intrigas políticas, Catalina siempre contrataba para sus fiestas a jóvenes damas, hermosísimas, vestidas como ninfas o con un simple velo dejando entrever la silueta, pero siempre con el rostro cubierto con una máscara...
Además de contar con la presencia de estas tentadoras jóvenes, en estas celebraciones los invitados podían disfrutar de grandes cantidades de vino, lo que suponía una artimaña infalible para sonsacar todo tipo de información a sus contrincantes y a sus opositores…
¡Incluso algunos de ellos llegaron a perderlotodo por hablar demasiado!
¡DIGNIDAD Y HONOR!
A lo largo de su historia, el Castillo de Chenonceau siempre ha destacado por sus grandes logros y por las numerosas funciones que ha ido desempeñando, entre las que se encuentra una en concreto que consigue honrar, y mucho, a sus últimos propietarios.Un año antes de que empezara la Primera Guerra Mundial, el castillo estuvo a la venta en una subasta. Pujaron tres contrincantes, entre los que se encontraba Henry Meunier, un poderoso industrial que era conocido por la fábrica de chocolate que llevaba su apellido.
Finalmente, el castillo fue adquirido por este potentado, convirtiendo así a la familia Meunier en su nueva propietaria hasta la actualidad.Muy pronto se hicieron cargo del castillo sus dignos herederos, quienes lo convirtieron en un hospital durante la Gran Guerra. Simone, nuestra nueva protagonista femenina, puso, junto a su marido, el castillo de la familia al servicio de la patria por razones de humanidad. La pareja sufragó, de manera totalmente altruista, todos los gastos que conllevó el convertir el castillo en un hospital totalmente equipado, en el que curar a los enfermos y a los malheridos de la Primera Guerra Mundial.
Simone, además de administradora del hospital, ejerció también de enfermera. Su grandeza, entrega y coraje la convirtieron en una de las grandes mujeres de la historia del castillo. Su acto, lleno de caridad y de bondad, sirvió de ejemplo a las generaciones posteriores. Pero lo cortés no quita lo valiente, ni lo elegante… Simone fue también pionera en vestir la moda “a lo chico”, lanzada posteriormente por Coco Chanel.Mientras duró la terrible contienda bélica, las dos galerías del castillo se llenaron de camas para hospitalizados. Una placa conmemorativa, situada a la entrada de la galería del primer piso, recuerda este hecho, como también lo rememora el hospital recreado a modo de museo que existe en la Galería de las Bóvedas, edificio que se halla ubicado a la izquierda de la salida del castillo.Pero la grandeza de la familia propietaria del castillo no termina aquí…
Durante la Segunda Guerra Mundial, el castillo se encontraba justo entre la zona ocupada por los nazis y la zona libre, y la galería de la planta baja del castillo daba acceso, cruzando el río, precisamente a la zona libre. Aprovechando esta situación, fueron muchísimas las personas que, ayudadas por el entonces propietario del castillo, huyeron de los nazis atravesaron el castillo. Entre todas estas personas, hubo numerosos judíos que pudieron, de esta manera, conseguir su libertad.
¡Otra muestra de la inmensa generosidad de la familia Meunier!
¡BUSQUEN Y HALLARÁN!
En los dominios de Chenonceau también hay lugar para el mundo animal, y es que algunas especies salvajes viven en sus terrenos, formando parte del patrimonio del castillo. ¡Es un auténtico placer encontrarse con estos animales! Desde estas líneas, les retamos a que intenten localizar una de estas especies salvajes, junto con otros tesoros que les esperan en el Castillo de Chenonceau.Nuestro primer amigo a buscar es un simpático mamífero. Se trata de un gran roedor de espeso pelo gris-pardo, que vive en ambientes boscosos con presencia de agua.
Sus dientes son poderosos y cortantes, lo que les permite cortar madera y construir con ella su hábitat en las orillas de los ríos, ya que son animales semiacuáticos. El tanino de la corteza de la madera oxigena el esmalte de sus dientes, que terminan adoptando un color anaranjado. Tranquilos, no es una rata de agua… Y aunque la especie que buscamos sea también conocida como “castor de los pantanos”, no es un castor. De hecho, nuestra amiga posee una cola larga y fina, a diferencia de la cola de los castores, que es plana, a modo de timón. ¡Hablamos de la nutria!
El lugar en el que podremos encontrar nutrias es el frondoso bosque que se sitúa a la izquierda, una vez pasada la reja de entrada del castillo. Este bosque cuenta con un curso de agua alimentado por el río Cher, el mismo sobre el que está construido el Castillo de Chenonceau. En las márgenes de este riachuelo, podremos ver unos enormes orificios cavados en la tierra. ¡Son sus madrigueras! Para poder ver las nutrias, deberemos ser sigilosos y mantenernos en silencio para no espantarlas y para no delatar nuestra presencia… ¡Con un poco de suerte, podremos localizar alguna nutria!Pero nuestro reto de búsquedas no termina aquí...
Nos dirigimos ahora al laberinto de arbustos, una maravillosa obra de jardinería formada por tejos podados en círculo. Quizás con este laberinto, la reina Catalina pretendía recrear sus jardines toscanos lejos de su tierra natal, para así apaciguar la nostalgia. ¿Serán ustedes capaces de llegar al centro del laberinto? En su punto central, les espera un templete monumental desde el que podrán disfrutar de una vista más elevada y, de paso, calcular por dónde regresar…
Muy cerca del laberinto, se encuentra el último tesoro que debemos encontrar… Son las Cariátides, unas bellas esculturas femeninas con origen en la mitología griega. Inicialmente,fueron colocadasen la fachada del castillo, pero con el tiempo fueron trasladadas a esta verde zona, quizás para custodiar celosamente estos jardines en los que las jóvenes cortesanas y los caballeros curtían su amor y se entretenían a esconderse...
¡Todo contribuye a reforzar una atmósfera de misticismo, a la vez que romántica!
CHENONCEAU, UN ASUNTO DE CHICAS...
Las indiscutibles protagonistas femeninas de Chenonceau han creado, a lo largo de la historia, muchos mitos y numerosas leyendas. En este punto, conoceremos más a fondo a algunas de estas mujeres, sin las que el Castillo de Chenonceau no habría llegado a nuestros días…Con seis años, el delfín Enrique, futuro rey de Francia, recibió un beso en la frente por parte de Diana de Poitiers, motivada por la ternura del crío. Fue un beso inocente, pero marcó tantísimo al futuro monarca que, al cabo de unos años, Diana acabó convirtiéndose en su favorita, a pesar de los veinte años de diferencia entre ambos...
Diana era una mujer hermosísima que gastaba una verdadera fortuna en conservar su belleza. Para reafirmar la tersura de su piel, se bañaba en las frías aguasdel río Cher desde el embarcadero situado en las cocinas del castillo. El amor incondicional del rey Enrique hacia Diana duró hasta la muerte del monarca, acontecida tras un torneo de justas durante el cual, una lanza entró por su ojo. Después de esta tragedia, Catalina recuperóel Castillo de Chenonceau, que había sido regalado a Diana por su rey enamorado…Cuando Louise Dupin adquirió el Castillo de Chenonceau, lo convirtió en un lugar de celebraciones de fiestas, conciertos y teatros.
Esta mujer se codeaba con la élite intelectual del Siglo de las Luces: escritores, científicos, grandes filósofos… Entre ellos, se encontraba Rousseau, a quien Louise ayudó a escribir sus libros. Esa faceta de escritora fue heredada por su bisnieta Aurora Dupin, más conocida por el seudónimo de George Sand... Marguerite Wilson, la penúltima propietaria del castillo, fue una mujer muy influente y dotada de una gran fortuna. Aprovechando sus relaciones, logró que la hija del presidente de la República se casase con su hermano Daniel, boda que se celebró en el Castillo de Chenonceau. En los corrillos de la alta sociedad, se comentaba que existía una relación pasional entre el presidente y ella, pero finalmente, el marido de Marguerite acabó solicitando el divorcio cuando la sorprendió con su propio hermano Daniel en una “situación ambigua”.
Pero otro escándalo más llegaría por parte del hermano de Marguerite, yerno del presidente… Mientras Daniel fue diputado, aprovechó su posición y su gabinete para traficar, lo que tuvo como consecuencia la dimisión presidencial. Las extravagancias de nuestra última protagonista terminaron endeudándola y el castillo terminó siendo hipotecado…
¡DESCUBRIENDO EL CASTILLO!
Para que ustedes puedan disfrutar plenamente de una visita por el interior del Castillo de Chenoncaeu, en este punto vamos a orientarles y a revelarles algunos de los secretos que custodia esta bella fortaleza.Al entrar en el castillo, la primera sala ubicada a la izquierda era en la que la guardia hacíael retén y en la que eran custodiados muchos de los bienes del castillo. La mayoría de este patrimonio estaba compuesto por platería y por vajilla que se guardaba aquí mientras la corte se trasladaba de un castillo a otro.La sala contigua es la capilla. A su derecha, hay unas inscripciones en inglés de la guardia personal de Marie Stuart, nuera de la reina Catalina. Durante la revolución francesa, la capilla sirvió como almacén de madera, lo que la salvó del pillaje. Los siguientes aposentos pertenecían a Diana, la favorita del rey, que cuentan con un gabinete verde desde el que la reina Catalina gobernaba toda Francia.
Un pequeño pasillo nos conduce a las escaleras que nos llevarán a las cocinas, que antiguamente contaban con un embarcadero para recibir las mercancías y desde el cual, Diana se bañaba en el río Cher.En la sala situada a la derecha de la entrada al castillo, la entonces propietaria Louise recibía a enciclopedistas tan famosos como Voltaire, Rousseau o Montesquieu, entre muchos otros. Esta estancia comunica por una sala contigua con una espectacular chimenea cubierta con la divisa y con el emblema de los fundadores del castillo, que dice así: “Si consigo construir Chenonceau, se acordarán de mí.”.Al fondo de la planta baja, se halla la galeríaen la que se instaló el hospital y que, años más tarde, supuso el acceso a la libertad para tantos…
El vestíbulo del primer piso también acogió, en su día, parte del hospital de guerra. En este recibidor se abre un espléndido balcón con vistas a los magníficos jardines del castillo. Frente a la escalera, destacan los aposentos utilizados por cinco reinas y por otras mujeres de la realeza. A continuación de estos, se ubican los aposentos de la reina Catalina, que fue conocida como la “duquesina¨ por ser hija del Gran Duque de Medici, proveniente de la República de Florencia. La condición de mujer de la “duquesina” no le impidió ser una de las gobernantes más poderosas de Francia.En el segundo piso encontramos un único aposento, correspondiente a la última reinaque fue propietaria del Castillo de Chenonceau, Louise.
Conocida como “la reina blanca”, esta monarca se retiró al quedarse viuda, dedicándose por completo al recogimiento y al rezo, y vistiendo siempre de blanco…
LA NATURALEZA ESCONDIDA
En el Castillo de Chenonceau no todo es glamour, estética caballeresca y pompa, sino que también hay lugar para la vida doméstica, con sus plantas y sus adorables animales. Y es que muy cerca de la fortaleza, aunque totalmente eclipsado por la atracción que emite el castillo, existe un mundo asombroso que parece sacado de un cuento de hadas. Este universo casi onírico se encuentra a la derecha del camino que lleva al castillo y, debido a la belleza del monumento, puede incluso pasar desapercibido… Es la Huerta de las Flores, a la que podremos acceder desde un prado que hay junto a la cerca de entrada al castillo.Resulta sorprendente descubrir una huerta cultivada con centenares de plantas y de legumbres, y dueña de unas flores tan raras como exóticas que crean un cuadro espectacular de vivos colores. Todo está cuidado con el mínimo detalle y con muy buen gusto.
Las especies están encuadradas y delimitadas por rosales con nombre de reina y, ¡ver para creer!, por unos manzanos tallados de manera que crecen en horizontal. Si no fuese por la fruta que los delata, no nos daríamos cuenta de que son realmente manzanos…Entre las numerosas especies cultivadas en estos jardines, encontraremos el ruibarbo, una planta que resultará conocida por todos aquellos que hayan visitado alguna vez Inglaterra, ya que allí es muy utilizada en la elaboración de mermeladas y de pasteles.
El ruibarbo es una de las muchas sorpresas que esconden estos jardines, tan llenos de belleza y de alegría y que no sólo sirven para decorar, ya que sus hortalizas son consumidas en el restaurante del castillo.¿Y quieren observar abejas sin molestarse mutuamente? Si la respuesta es afirmativa, no dejen de acercarse a la colmena ubicada en el otro lado del jardín… ¡Otro secreto más!Justo al final de estos jardines, existe un arco de entrada en una pared. Pues bien, cruzar su umbral es como penetrar en un mundo fantástico, un salto al pasado… Al hacerlo quedaremos inmersos en una auténtica granja de época que posee una arquitectura excepcional. Como igual de excepcional resulta descubrir su colección de carruajes o los Rolls Royce y Bentley que nos esperan aparcados en las antiguas cuadras reales.
En su parte central se encuentra el taller floral, considerado único en toda Francia y que cuenta con la maestría de unos artesanos que son los mágicos creadores ese universo de fantasía.No podemos terminar este punto sin hablarles de los verdaderos protagonistas del lugar… ¡unos cuadrúpedos peludos y tercos, en actitud displicente y con extraños nombres! Y es que resulta muy sorprendente que, en un castillo, nos topemos con asnos en vez de hacerlo con centinelas o con caballeros en armadura…
Huerta de las FloresCastillo de Chenonceau