SEVILLA





MIRADOR DE LA TORRE SEVILLA
Sin duda, el mejor lugar para disfrutar de unas espectaculares vistas de la ciudad de Sevilla es desde el punto más alto de la ciudad. Y no hablamos de la Giralda, que sería el punto más elevado pero sólo del centro histórico de la ciudad, sino que nos referimos a un mirador situado fuera del centro histórico pero muy cercano a él, y sobre todo muy fácil de reconocer, ya que se encuentra en el rascacielos más alto de la ciudad, visible desde cualquier punto de Sevilla.
Se trata del mirador situado en la última planta del edificio Torre Sevilla, rascacielos conocido por los sevillanos como “El Pintalabios”, apodo que se entiende perfectamente al ver la forma de la torre. Sus poderosos 180 metros de elevación hacen de este rascacielos el edificio más alto de Andalucía y acoge el lugar perfecto para deleitarse con unas sensacionales vistas mientras tenemos la oportunidad de tomar algo.
A pesar de que fue inaugurado hace pocos años, en el 2015, Torre Sevilla rompe el llano skyline hispalense en una postal que ya resulta icónica. El rascacielos está situado a orillas del río Guadalquivir, en el sector sur de la Isla de la Cartuja y a sus pies se expande el carismático barrio de Triana. Cuenta en su base con un centro comercial y el diseño de ambos fue obra del arquitecto argentino César Pelli.
Las últimas 19 plantas de la torre acogen un hotel de 5 estrellas, pero para disfrutar del mirador no es necesario ser cliente del hotel, ya que para los visitantes no alojados existe un acceso especialmente habilitado situado en el lobby del rascacielos, sin necesidad de subir hasta la recepción del hotel. En este acceso del lobby se consiguen los tickets para los ascensores que nos llevarán hasta la planta 37, donde nos espera la espléndida terraza Atalaya Torre Sevilla, el bar más alto de Andalucía donde podrá disfrutar de unas vistas de 360º y contemplar cómo va variando el color del cielo hispalense desde una perspectiva única.
Torre Sevilla
Calle Gonzalo Jiménez de Quesada 2 41092 – Sevilla
LA PRINGA
¿Y qué es la pringá? Su extraño nombre resulta muy lógico ya que proviene del verbo pringar. La pringá es el resultado que se consigue al desmenuzar y mezclar los ingredientes cárnicos de un cocido andaluz, algo parecido a la ropa vieja. Una vez elaborada la pringá, se unta o se pringa en pan. Se puede consumir como segundo plato o a modo de tapa. De hecho, los montaditos de pringá son una de las especialidades más icónicas dentro del tapeo sevillano.
La mezcla resulta diferente en cada establecimiento ya que depende de los ingredientes y cantidades utilizadas. Puede llevar carne de pollo, de gallina, de cerdo, de ternera, morcilla, tocino, chorizo. En Sevilla podremos encontrar Montadito de Pringá, croquetas e incluso paté de Pringá.
El origen de la pringá podría estar en la costumbre familiar existente en Andalucía que atañe a la manera de comer el cocido andaluz también conocido como Puchero. Aquí lo tienen claro, de primer plato se sirve el caldo con la verdura y los garbanzos, como segundo plato, las carnes y embutidos pero ¡sin cubiertos. Nada de comer el segundo plato con cuchillo y tenedor, la norma popular dicta que hay que comer toda la carne aplastada y mezclada con trozos de pan, o lo que es lo mismo, comer la carne pringando. De ahí que la tapa resultante de esta costumbre se llame pringá.
Recuerden probar el montadito de pringá antes de dejar Sevilla.
CALLE SIERPES
En pleno centro histórico de la ciudad nos topamos con la comercial y peatonal calle Sierpes, que empieza en la Plaza de la Campana, donde se encuentra una de las confiterías más emblemáticas de la ciudad, y termina en el Ayuntamiento de Sevilla. Esta calle está constituida por 400 metros casi rectilíneos pero con anchuras desiguales. Cargada de animación y de comercios, en épocas calurosas cuenta con la protección de toldos que protegen a los viandantes del calor sevillano. Benditos toldos…
En la calle más comercial de Sevilla nos encontraremos tiendas de las firmas más populares y actuales intercaladas con comercios tradicionales de la ciudad poseedores de una gran solera reflejada en sus históricas fachadas. Desde el siglo XIX, estos clásicos comercios forman parte de la vida de los sevillanos y sus escaparates y productos nos trasladan a otra época. Hablamos, por ejemplo, de la Papelería Ferrer, de la Relojería El Cronómetro y de la anteriormente citada Confitería La Campana. Pasear por esta calle admirando sus mostradores y sus productos es un auténtico placer para los sentidos.
El nombre de la calle también tiene su historia, envuelta a su vez en una macabra y misteriosa leyenda… El primer nombre que recibió esta calle fue Espaderos, debido al gran número de tiendas allí reunidas dedicadas a la venta de espadas. Pero más tarde se le cambió el nombre a Sierpes por una tétrica historia acontecida siglos atrás en dicha calle.
Cuenta la leyenda que a finales del siglo XV desaparecieron varios niños en la calle Sierpes. Este hecho desencadenó todo tipo de miedos y de elucubraciones entre la población sevillana. Un buen día, el regente de la ciudad, Don Alonso de Cárdenas, recibió un anónimo mensaje de un fugitivo que aseguraba conocer la identidad del culpable, pero que sólo la desvelaría a cambio de su libertad. El regente prometió de manera pública la libertad del prófugo y éste reveló entonces su propia identidad y también la del culpable. El fugitivo se presentó como Melchor de Quintana y Argüeso, un bachiller que se vio condenado a vivir de manera furtiva en el subsuelo de la ciudad por haber participado en un acto de rebeldía contra el Rey. Y cumplió lo prometido identificando al culpable, revelación que hizo helar la sangre de los allí presentes. Resultó que la culpable de las desapariciones de los niños había sido una enorme serpiente de 6 metros de largo, que yacía en el subsuelo con un cuchillo clavado por el propio Melchor y que estaba llenita de restos de los niños.
La maligna serpiente o sierpe fue expuesta en plena calle y Melchor pasó así, de prófugo a héroe, e incluso acabó casándose con la hija de Don Alonso. La fuerza de esta leyenda obligó a cambiar el primitivo nombre de la calle de Espaderos por el de Sierpes.
Entre todos los numerosos souvenirs que podemos comprar en Sevilla, hay uno especialmente cargado de simbolismo, que representa a la ciudad y que además nos va a ser tremendamente útil en los calurosos días sevillanos. Se trata de los abanicos, cuyo uso y belleza incluye hasta un lenguaje misterioso utilizado antaño por las sevillanas. Los hay de muchos tipos y precios. Precisamente los podemos admirar en uno de los locales con más solera de la ciudad y que se encuentra en calle Sierpes. Un abanico es un perfecto souvenir que nos refrescará y nos llenará de elegancia.
La calle del Beso
La calle más estrecha de Sevilla es la calle Reinoso, pero todo el mundo la conoce como la calle del Beso. Escondida en el corazón del barrio de Santa Cruz, nos aguarda para mostrar orgullosa su angostura adoquinada. Obviamente, se trata de una calle peatonal que no admite el paso de vehículos.
Destaca también por su frescor, hecho que se agradece totalmente en los calurosos meses estivales sevillanos. Su estrechez le proporciona una sombra perenne que permite conservar fresca la temperatura en su angosto paso.
El barrio de Santa Cruz está lleno de calles estrechas, ya que con esta disposición los vecinos de la antigua Judería de Sevilla se aseguraban una óptima defensa y además una buena sombra. Pero nuestra calle del Beso es con diferencia, la más angosta. Sus escasos 50 metros de longitud unen la Plaza de los Venerables y la calle Lope de Rueda, formando un estrecho callejón adoquinado. Sus fachadas enfrentadas están separadas por un metro escaso a la altura del paso del peatón. Pero sorprende mucho levantar la vista y comprobar cómo esa pequeña distancia aún se hace más pequeña en la parte alta de los edificios, tanto que parece que los balcones enfrentados casi se podrían tocar entre ellos, ya que están separados por solo medio metro.
Y precisamente esta cercanía entre los balcones es la que da lugar al apodo cariñoso que recibe la calle, ya que los vecinos de estos cercanos edificios podrían llegar a besarse perfectamente cada uno desde su propio balcón.
La calle Reinoso era conocida en el siglo XVIII como calle del Moro Muerto pero recibió su denominación actual gracias al poeta Félix José Reinoso que fue vecino del barrio. Pero lo dicho, ni Moro Muerto ni Reinoso, para los sevillanos es la calle del Beso.
¿Y que mejor lugar para sacar una foto de recuerdo que hacerla en este romántico callejón y besando a la persona querida?
SETAS DE SEVILLA
Que a los sevillanos les gusta renombrar algunos monumentos, calles o edificios, es un hecho. Existe en Sevilla un lugar cada vez más conocido por los visitantes y que gusta mucho a todo aquel que se acerca. Su nombre inicial fue Metrosol Parasol, pero una vez construido todo el mundo empezó a llamarlo “las Setas”, hasta tal punto que dos años después de su inauguración se decidió oficializar el mote y se rotuló la obra con el nombre de “Setas de Sevilla”. Así que... ¡nos vamos a las Setas
Las Setas es una colosal estructura de madera y hormigón con forma de pérgola, de hecho, es la mayor estructura de madera del mundo. Fue construida con el objetivo de renovar la céntrica Plaza de la Encarnación y su inauguración tuvo lugar en el año 2011. Llama mucho la atención un proyecto tan vanguardista sumergido en una ciudad que tiene una arquitectura tan tradicional. Y es precisamente la estética tan rompedora de la obra lo que la hace tan atractiva y tan visitada.
La enorme estructura está formada por seis parasoles apoyados en el suelo sobre seis pilares y sobre dos columnas de hormigón que albergan los ascensores que acceden hasta el mirador que hay en la parte superior de la obra. Y es que la cima de la estructura es una gran cubierta ondulada formada por la unión de los seis parasoles y que cuenta con una terraza con un mirador espectacular. Es una maravillosa oportunidad para observar el centro histórico de Sevilla desde las alturas y poder mirar “de tú a tú” a la majestuosa Giralda.
Además de su mágico mirador de 28 metros de altura, las Setas nos ofrece disfrutar de otras actividades. El monumento cuenta con cinco niveles en los que quedan repartidas las diferentes estancias o actividades. En el primer nivel encontramos la Tienda Oficial de las Setas, un Punto de Información Turística de Sevilla, un espacio de Past View de la ciudad para poder realizar una visita virtual por la historia de Sevilla, el acceso a los ascensores y el maravilloso Antiquarium. Éste último es un museo arqueológico que custodia y exhibe restos de los períodos romano y andalusí hallados en el subsuelo de la zona mientras se realizaban unas excavaciones iniciales para la construcción de un aparcamiento.
En el segundo nivel podremos tomar fuerzas, ya que aquí se encuentran el mercado y los locales de restauración. Subiendo un nivel más, ya en el tercero, disfrutaremos de la plaza elevada de la estructura. En el cuarto nivel hay un bar, una amplia zona reservada para la celebración de eventos y el arranque de las pasarelas que nos llevan al quinto nivel, donde nos espera la terraza y el mirador.
Visitar las Setas es tener la oportunidad de viajar en el tiempo, de conocer la historia de Sevilla, de visitar un mercado, un museo, de hacer compras, de tomar un aperitivo y de disfrutar de unas vistas sin igual…. ¡Y todo esto sin salir de un champiñón
SUBIR A LA GIRALDA Y SALUDAR A LAS CAMPANAS POR SUS NOMBRES
La Giralda es la torre más representativa de Sevilla. En verdad, es el campanario de la Catedral de Sevilla y es de origen musulmán. Su gran belleza hizo que se salvase del derrumbe cuando la antigua mezquita árabe que ocupaba ese solar fue derribada para la posterior construcción del templo cristiano.
Este hermoso campanario tiene una altura total de 104 metros, contando con el Giraldillo, colosal estatua de bronce que culmina la torre y que hace las funciones de veleta.
Europamundo les anima a alcanzar el mirador existente en la cúspide de la Giralda y sentir todo el poderío de la ciudad bajo sus pies. ¡Es una experiencia única La subida además es muy especial, porque en lugar de acceder a la cima por angostas escaleras como en la mayoría de las torres, se llega a través de 35 rampas. Esta serie de rampas fueton construidas con el fin de que la persona encargada de convocar a la oración pudiese llegar hasta arriba ¡montado a caballo.
Pero en este campanario no sólo hay un espectacular mirador, sino que lógicamente, también hay campanas. Pero las de la Giralda no son unas campanas cualquiera, no… Suman un total de 24 bellezas, de las que 18 de ellas son de volteo y las 6 restantes son de badajo. Gracias a este campanario, la Catedral de Sevilla es el templo español con mayor número de campanas.
Además cada campana tiene su propio nombre, casi siempre el de un santo, y tienen su propia historia. Entre las campanas hay una jefa, que es la campana con mayor tamaño y se llama Santa María la Mayor. Pesa 5.362 kilos y mide dos metros de altura, por otro lado tenemos a la benjamina, Santa Cecilia, que pesa “solamente” 139 kilos.
¿Y quiénes forman esta familia tan musical? Por un lado tenemos a los miembros varones de la familia, que son 13 en total y se llaman San José, San Sebastián, San Laureano, San Isidoro, San Hermenegildo, San Juan, San Pablo, San Pedro, San Fernando, San Juan Bautista, Santiago, San Cristóbal y San Miguel. Y por el otro lado tenemos a las féminas que son 9 y son Santa Cecilia, Santa Justa, Santa Rufina, Santa Lucía, Santa Florentina, Santa Bárbara, Santa Inés, Santa Catalina y Santa María la Mayor. Las dos que quedan hasta llegar a 24 están dedicadas a Todos los Santos y a la Santa Cruz.
Una vez hechas las presentaciones, ya solo falta que ustedes se pasen a saludar a esta familia musical tan bien avenida, y sobre todo, tan sincronizada. Disfruten de la subida, de las vistas del mirador, y como no, del sonido tan maravilloso que tañen las campanas de la Giralda.
¿POR QUÉ EN SEVILLA PREDOMINAN LOS COLORES AMARILLO ALBERO Y ROJO CARMESÍ?
Dice la canción que Sevilla tiene un color especial… Pero la verdad es que son dos los colores especiales que inundan toda la ciudad, y son amarillo albero y el rojo carmesí. Están presentes adornando muchas fachadas de barrios emblemáticos y de edificios muy importantes, como la Real Maestranza, el Palacio de San Telmo o la Iglesia del Salvador. También encontramos el amarillo albero en el pavimento, como ocurre en el Patio de Banderas.
La mezcla de ambos colores resulta muy potente y su combinación es tan sumamente bella que no se concibe Sevilla sin los dos tonos juntos, el uso de cada color tiene un origen diferente.
Antes del siglo XIX, los colores que predominaban en Sevilla eran los tonos de los elementos utilizados en sus construcciones, el marrón de la cerámica y el blanco de la cal. Pero esta paleta cromática tan neutra dejó de dominar la ciudad a raíz de la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla en el año 1929. Resultó que en muchas edificaciones construidas para el evento se utilizó el color amarillo albero como tono dorado para adornar sus fachadas. Gracias al pigmento amarillo de una roca caliza se teñía la cal de los muros, obteniendo un dorado muy luminoso. El resultado fue tan estético que se acabó popularizando hasta inundar la ciudad. Su efecto gustó tanto que el amarillo albero ya es un color típico en gran parte de Andalucía.
Los tonos amarillo albero y rojo carmesí definen la identidad de Sevilla. Para que ustedes los puedan explorar, tienen sus propios códigos de color en la escala Pantone: el 130 C y el 207 C.
Para explicar la presencia del rojo carmesí, nos tenemos que ir mucho más atrás en la historia, concretamente hasta el siglo XIII. El rojo era el color de la bandera con la que el rey Fernando III el Santo tomó Sevilla en el año 1248, bandera que pasó a la historia con el nombre de Pendón de San Fernando. Durante la Edad Media el escarlata era un tinte caro y muy utilizado en banderas debido a la fuerza que transmite, simbolizando por lo tanto poder.
Y hablando de los colores amarillo albero y rojo carmesí, aprovechamos para explicar un símbolocasi omnipresente en toda la ciudad y que lleva ambos tonos. Incluso es el logotipo del Ayuntamiento de Sevilla. Es el símbolo “NO8DO” léase popularmente “nodo” y es un criptograma compuesto por las letras “NO” más el jeroglífico “8” que se interpreta como “madeja” más las letras “DO”. Todo el conjunto seguido se lee “no-madeja-do”, que es lo mismo que “no me ha dejado”. La hipótesis más aceptada que explicaría este acrónimo con jeroglífico es la teoría que lo atribuye al rey Alfonso X el Sabio, quien creó este juego de palabras a modo de agradecimiento a la ciudad de Sevilla por la fidelidad mostrada al monarca durante la sublevación que lideró su hijo Sancho.
UNA RUTA DE CINE
Las bellas artes, todas y cada una de ellas: pintura, la música, la escultura, la arquitectura, la danza, la literatura y el cine, encuentran en Sevilla un lugar muy inspirador para potenciarse en su máximo esplendor y volar libremente impregnando toda la ciudad de belleza y cultura. El flamenco, joyas arquitectónicas como su gótica catedral, pintores sevillanos como Murillo o Velázquez, o las andanzas de don Juan Tenorio por las calles del barrio de Santa Cruz, son algunos ejemplos que colman a Sevilla de una gran cultura artística.
Y precisamente, el conocido como “séptimo arte” va a ser el protagonista de los puntos que recorreremos en esta guía, ya que Sevilla ha sido el escenario de varias producciones para la pequeña y la gran pantalla que han sabido aprovechar la fotogenia y la carga cultural de Sevilla para rodar aventuras y escenas míticas que hacen que nos enamoremos, aún más, de esta maravillosa ciudad.
Uno de los escenarios más reclamados para muchos rodajes ha sido el Real Alcázar de Sevilla. Este amurallado conjunto palaciego, cuyo inicio de obras data del siglo X, es uno de los monumentos más visitados de España y para su visita aconsejamos adquirir la entrada con bastante antelación. Sus palacios y sus jardines han servido como escenario cinematográfico de varias producciones importantes, como por ejemplo, en varios episodios de la famosísima serie “Juego de Tronos”, en la grabación de la mítica película “Lawrence de Arabia” o en la primigenia joya rodada a principios del siglo XX titulada “La vida de Cristóbal Colón y su descubrimiento de las Américas”.
Otro escenario inmortalizado por el celuloide es la emblemática Plaza de España, que fue el plató de una de las secuencias de la Guerra de las Galaxias, más concretamente en el Episodio II - El Ataque de los Clones. En dicha escena Anakin Skywalker pasea con su amada Princesa Leia por la Plaza de España, localización que recrea el palacio real del Reino de Naboo.
Muy cerca de la Plaza de España se encuentra la Real Fábrica de Tabacos, que actualmente es el Rectorado de la Universidad de Sevilla. Este magnífico edificio fue el escenario de un amor prohibido sucedido en plena invasión francesa y narrado en la película “Carmen”, película dirigida por Vicente Aranda y protagonizada por la actriz sevillana Paz Vega.
Totalmente recomendable es la serie “La Peste” que narra la devastadora epidemia de peste bubónica que asoló la ciudad de Sevilla en el siglo XVI. Dicha serie nos hará viajar en el tiempo para conocer cómo era la ciudad hace casi cuatro siglos y podremos disfrutar de sus escenas rodadas en la catedral de Sevilla, en la Casa Pilatos y en un recreado Castillo de San Jorge. Este último fue la antigua sede de la Inquisición de Sevilla, situada en pleno barrio de Triana y que actualmente es el Mercado de Triana, pero en sus bajos existe un museo visitable dedicado al castillo y a la Inquisición.
Una película que nos hará conocer más Sevilla y su Semana Santa es la vertiginosa “Nadie conoce a nadie”, a través de la cual recorreremos rincones del barrio de Santa Cruz, la Plaza del Salvador o la Isla de la Cartuja tras la Expo del 92, y todo ello siguiendo el hilo conductor de un macabro juego de rol.
Una ciudad de cine que nos hará soñar.
BARRIO DE TRIANA
Triana es un pintoresco barrio de Sevilla al que podemos llegar fácilmente, simplemente tenemos que cruzar el icónico Puente de Isabel II, o como es conocido popularmente, el Puente de Triana y encontraremos un barrio donde cualquier rincón es un lugar maravilloso para penetrar en el alma de Sevilla.
En Triana se custodia la quintaesencia del arte sevillano, sus calles huelen a Sevilla, sus bares saben a Sevilla, aquí se escucha Sevilla y hasta se palpa. En Triana se siente Sevilla y su sustancia nos penetra hasta invadir todos nuestros sentidos.
Este sencillo barrio es adorado por sus vecinos, hasta tal punto que cuando algún trianero tiene que cruzar el puente para ir a otra zona de la ciudad, dice “me voy pá Sevilla”, como si fuese una ciudad aparte. Nada más lejos de la realidad, ya que Triana pertenece a Sevilla, pero es tanto el orgullo que los trianeros sienten por su barrio, que lo sienten con identidad propia.
Triana ha sido siempre un barrio obrero, habitado por alfareros y marineros y que ha visto nacer a los más grandes artistas del flamenco entre ellos: Isabel Pantoja, Marujita Díaz, María Jiménez, toreros como Juan Belmonte o al mismísimo Rodrigo de Triana quien dio elGrito de “ Tierra a la vista. Un barrio de artistas y hombres ilustres.
Para empaparse del alma de Sevilla, una buena opción es sentarse en la terraza de un bar trianero, cuanto más castizo mejor, y sentir la esencia del barrio. Escuchar el peculiar hablar de sus gentes, curiosear el ir y venir de los vecinos, dejarnos cautivar por la popular decoración de los bares, por el olor de sus cocinas, por el sabor de un refrescante salmorejo.
Otra buena opción para conocer el espíritu de una ciudad y de sus gentes es visitar alguno de sus mercados. Sin salir del barrio podemos dar una vuelta por el Mercado de Abastos de Triana, situado junto al Puente de Isabel II. Para saborearlo bien, lo mejor es recorrerlo tranquilamente, sin prisas, y observar lo que compran los vecinos, los productos que se venden, el ruido de fondo que se escucha, y también los lugares de ocio que gustan a los sevillanos. Y es que además de puestos de comestibles, en este mercado encontraremos tiendas de regalos, floristerías y muchas cervecerías.
Qué mejor lugar para ver pasar la vida que allí donde se cuece la vida cotidiana de una ciudad... Un barrio tradicional, sus gentes, sus bares y su mercado.