MÓNACO





MILLONARIOS A NUESTROS PIES
¿Sabían ustedes que Mónaco es el segundo país más pequeño del mundo? El primero, con un tamaño de tan sólo 0,44 kilómetros cuadrados, es el Estado de la Ciudad del Vaticano, seguido en la lista por el Principado de Mónaco, que cuenta una extensión de 2 kilómetros cuadrados. Se trata de una superficie realmente pequeña para un país, pero lo más sorprendente es que … ¡en ella se concentran unos 15.000 millonarios!
Esta cifra supone prácticamente un tercio de su población total, que está formada en su mayoría por extranjeros, y no por monegascos. Este dato coloca a Mónaco dentro del ranking de los diez países del mundo que cuentan con más inmigrantes, junto a Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait o Liechtenstein, entre otros. El idioma oficial del país es el francés, hablado por un 47% de la población. Después le sigue el monegasco, que es hablado por un 16%.
El 37% que resta, engloba las lenguas de hasta 125 nacionalidades extranjeras diferentes, tales como el italiano, el inglés, el chino, el japonés o el portugués. El Principado de Mónaco hace frontera con Francia y con el mar Mediterráneo. Su ubicación es todo un regalo para la vista, sobre todo, para aquellos que suban al Rocher de Monaco, o sea, a la Roca de Mónaco, un monolito rocoso que se alza sobre la costa mediterránea y en el que se encuentra la Plaza del Palacio, ubicada a algo más de 60 metros de altura sobre el nivel del mar.
El nombre de esta plaza se debe a que en ella se halla, desde el año 1297, la residencia oficial del Príncipe de Mónaco. Todos los días, justo cinco minutos antes de que den las 12,00 del mediodía, tiene lugar en la Plaza del Palacio el cambio de la Guardia Monegasca, una ceremonia muy marcial que supone a los turistas una magnífica oportunidad para tomar muchas fotografías. El resto de fotos serán, seguramente, para retratar las increíbles vistas del mar que ofrecen ambos lados de la plaza. Mirando el Palacio del Príncipe de frente, a nuestra derecha encontraremos la Terraza del Palacio, un bello espacio también conocido como Belvédère, desde el que se puede ver una parte del Grand Prix de Monaco, el famoso circuito urbano que acoge el Gran Premio de Fórmula 1, acontecimiento mundialmente conocido que consigue atraer todos los años a un enorme número de fanáticos y de aficionados a este deporte.
Tomando de nuevo el frente del palacio como referencia, nos dirigimos ahora hacia su parte izquierda, donde nos espera otra fabulosa estampa de Mónaco. Se trata de la vista panorámica sobre Monaco-Fontvielle, cuyos restos de cañones nos recuerdan que, inicialmente, la zona fue concebida como una fortaleza.
https://goo.gl/maps/1KwcPZrkcktdxDsi6
Place du Palais (Plaza del Palacio)
98000 Mónaco
LUJO TAMBIÉN EN NUESTRO PALADAR
Mónaco es sinónimo de lujo, de ostentación, de riqueza y de calidad. Esto lo podemos comprobar en sus gentes, en sus edificios, en sus mansiones y, por supuesto, también en su gastronomía. A priori, podría parecer que la culinaria monegasca se basa en una cocina sencilla, humilde y poco destacable, con abundancia de pescados, mariscos, verduras, arroz y aceite de oliva.
Sin embargo, posee pequeños detalles que la hacen única y exquisita. En cuanto a cocina se refiere, el Principado de Mónaco se envuelve de numerosas y variadas influencias, como una fuerte mezcla de lo francés y de lo italiano, o una combinación de cocina de fusión y mediterránea, por lo que sus restaurantes siempre ofrecen una amplia selección de platos típicos.
La cultura gastronómica de Mónaco tiene su origen en la Riviera Francesa y en la cocina del norte de Italia, pero al contar con tanta población extranjera, a la par que turistas, es muy fácil encontrar en el principado muchos restaurantes de todo tipo, cuyos sabores y olores serán los culpables de que se nos haga la boca agua. En Mónaco podemos contar hasta nueve restaurantes con estrella Michelin, siendo algunos de ellos Le Louis XV, Elsa, Le Blue Bay, Ômer o Yoshi.
Cada uno de estos establecimientos cuenta con su estilo propio y, además, sus recetas y sus chefs de renombre contribuyen a aumentar la reputación gastronómica de la zona, ya que logran compartir su pasión y, al mismo tiempo, realzar las riquezas de la tierra. La gran variedad de productos ofrecidos conlleva también una diversidad en sus locales.
En Mónaco existen restaurantes de lujo con terrazas panorámicas, pero también establecimientos más pequeños, sencillos negocios familiares y hasta casetas que ofrecen comida rápida o para llevar, tipo sándwiches o bocadillos. Toda una gran oferta orientada a que cada persona pueda elegir una opción gastronómica en función de sus gustos y del tiempo del que dispone. Aunque resulte fácil caer en la tentación de comer algo rápido y de decantarnos por sabores ya conocidos, es recomendable probar algo típico en cada lugar que se visita. En Mónaco también cuentan con recetas típicas que son equivalentes, en lo relativo a la fama, a la paella en Valencia o los asados en Argentina. Un ejemplo de un típico plato monegasco lo encontramos en el guiso del que hablaremos a continuación. Uno de los platos más conocidos de la cocina monegasca es un guiso de bacalao llamado Stocafi.
En su preparación, el bacalao, siempre seco, es cocinado en vino tinto y en una sabrosa salsa de tomate, elaborada con cebolla, ajo y especias locales. Una vez cocido, el pescado es recubierto con aceitunas negras frescas, generando así un exquisito contraste. Como guarnición lleva, normalmente, patatas cocidas y aderezadas con cebollino. El guiso puede ser servido en un plato, en una cazuela, o incluso, montado encima de pan fresco.
¡El Stocafi es toda una delicia! De verdad… ¿se lo van a perder?
LOS ACTIVADORES DE LA MEMORIA
Cuando viaja, el ser humano experimenta nuevas emociones y una serie de vivencias que, por lo general, desea que sean recordadas para siempre. En aras de ayudar a nuestro cerebro en la conservación de la memoria turística, solemos meter en nuestra maleta, a modo de recuerdo, un pedacito del viaje que hemos hecho. Y eso mismo es un souvenir, un objeto al que dotamos de una gran responsabilidad, pues ha de recordarnos aquel momento tan especial, aquel lugar, aquel olor, aquel paseo en tierras lejanas...
Objetos que, por lo general, son pequeños, resistentes y fáciles de transportar, como imanes, postales, abanicos, jabones, bolsas… ¡Todos ellos actúan como verdaderos activadores de la memoria! En Mónaco, hay una zona ideal para conseguir cualquiera de estos “activadores” y está en Le Rocher, la parte alta de Mónaco, donde hay muchísimas tiendas que hacen las delicias de todo turista que se precie.
Desde la misma Plaza del Palacio, y dejando la residencia principesca a nuestra espalda, nos adentraremos en un pequeño enjambre de callejuelas estrechas y llenas de comercios que venden todo tipo de souvenirs, desde cochecitos de Fórmula 1 hasta banderas del principado. Pero la esencia de un lugar no sólo nos espera en sus tiendas de recuerdos, sino también en su mercado, donde encontraremos los productos locales de la tierra.
También en Le Rocher y solamente a diez minutosa caminando desde el Palacio del Príncipe, encontraremos el Mercado de la Condamine. Fundado en el año 1880, este mercado ha sabido adaptarse al paso de los años, pero siempre conservando su espíritu provenzal, cálido y simpático. Productores locales, floristas, horticultores… todos ellos reunidos en un mismo espacio cubierto que cuenta con unas zonas en las que el visitante puede también sentarse a degustar lo adquirido. Es un lugar muy querido por los monegascos y en el que suelen reunirse, dando así fe de la autenticidad y de la buena calidad de los productos de su tierra.
El nombre del mercado es muy acertado… Condamine es uno de los diez distritos que conforman el Principado de Mónaco y su nombre, que tiene su origen en la Edad Media, significa “tierra cultivable existente a los pies de un dominio”. No es de extrañar, entonces, que el mercado se halle en esta zona. Para llegar al Mercado de la Condamine, también desde el Palacio del Príncipe, debemos dirigirnos hacia la Place du Canton y allí, tomar la primera salida hacia Boulevard Charles III.
En la rotonda, salimos por la segunda salida en dirección Avenue du Port, y giramos a la izquierda hacia Rue Terrazzani. Encontraremos el mercado justo a la izquierda.
Le Marché de la Condamine (Mercado de la Condamine)
11 Rue Terrazzani
98000 Mónaco
GRACE PATRICIA KELLY
El 19 de abril de 1956 tuvo lugar un sonado acontecimiento en el Principado de Mónaco… Nada más y nada menos que la boda de Rainier Louis Henri Maxence Bertrand Grimaldi con Grace Patricia Kelly, evento denominado por algunos medios como “la boda del siglo”. El acto civil tuvo lugar el día anterior en el Salón del Trono del Palacio del Príncipe, siendo celebrado el acto religioso en la Catedral de San Nicolás. La boda generó una grandísima expectación a nivel mundial, ya que la novia no provenía de la realeza.
Grace Patricia Kelly era una actriz norteamericana y, por cierto, ganadora de un Óscar. Debido a que la novia era una mujer plebeya, muchas casas reales europeas decidieron no acudir al enlace, pero, aun así, la boda contó con más de 600 invitados y, entre ellos, numerosas estrellas conocidas de Hollywood. ¡Menudo acontecimiento! Se calcula que el evento fue seguido vía televisión por más de 30 millones de espectadores. Fue tal la repercusión de esta boda que, a partir de entonces, el Principado de Mónaco vivió un enorme crecimiento económico.
La bellísima estrella de cine, convertida en princesa de Mónaco, logró avivar el turismo y su fascinante imagen atrajo a grandes fortunas que invirtieron mucho dinero en el principado, convirtiéndose así en uno de los destinos más glamurosos del mundo.
¡Un lujo que sigue presente hoy en día! Desgraciadamente, el 13 de septiembre de 1982, la princesa Grace y su hija Estefanía sufrieron un grave accidente de tráfico, sucedido en una curva de una de las carreteras cercanas al palacio. Estefanía salió ilesa, pero la princesa sufrió unos daños tan graves que le provocaron la muerte al día siguiente…
El príncipe Rainiero nunca se recuperó de la pérdida de su esposa y fue alejándose gradualmente de su cargo y de la sociedad. En el año 1984, el aflijido viudo mandó plantar, en honor a su esposa fallecida, una bella rosaleda en el parque paisajístico de Fontvieille. Es la llamada Roseraie Princesse Grace (Rosaleda Princesa Gracia), un lugar que rezuma el aroma de las más de 300 variedades de rosales que posee. Y, dominando el jardín y resguardando la quietud y la calma del lugar, en el centro reposa una elegante estatua de bronce que representa a la llorada princesa Gracia.
¿No les parece un sitio precioso para tomarse una foto? Para llegar hasta este parque caminando desde el Palacio del Príncipe, tardaremos sólo unos 10 minutos, ya que ambos se encuentran a algo menos de un kilómetro de distancia. Mirando el palacio de frente, debemos ir por la izquierda y hacia la parte de atrás del mismo. Al llegar a la Place du Canton, debemos tomar la primera salida de la izquierda, hacia Avenue de Fontvieille, y continuar hasta la Avenue des Papalins para después girar a la derecha.
Tras atravesar un paso elevado para peatones, giramos a la izquierda. Pasadas dos rotondas, veremos el parque a la derecha. Esta pequeña caminata para visitar este bello parque, de acceso gratuito, vale totalmente la pena.
https://goo.gl/maps/7q31XC6iv94WsK8V8
Roseraie Princesse Grace (Jardín de Rosas Princesa Gracia)
Av. des Papalins
98000 Mónaco
UN PRINCIPADO MUY DEPORTIVO
El poder conocer los monumentos de una ciudad, de un pueblo o de un país, es fantástico. Pero resulta que, a veces, escapan a nuestra visita datos muy curiosos de esos lugares. Es por ello que, en este punto, no les vamos a hablar de ningún monumento, pero sí de un tesoro intangible que siempre ha estado muy presente en Mónaco y que hace posible que profundicemos en su esencia. Este tesoro es el deporte, un “monumento” tremendamente ligado a Mónaco ya que el principado siempre ha destacado en muchas especialidades deportivas diferentes. Un logro conseguido, en gran parte, por la familia Grimaldi...
El príncipe soberano actual, Alberto II de Mónaco, practica la friolera de diecisiete disciplinas deportivas. ¡Incluso compitió en bobsled en los Juegos Olímpicos realizados entre los años 1998 y 2002! También ha participado, conduciendo, en dos rallies París-Dakar, aunque hay que señalar que su deporte favorito es el fútbol. Su abuelo materno fue campeón olímpico de remo y su tío, bajo la misma disciplina, participó en cuatro olimpiadas, quedando tercero en una de ellas.
Continuamos… El primo del príncipe Rainiero III formó parte del equipo nacional francés de bobsled. Y la princesa Charlene fue campeona en varios torneos de natación y ocupó el quinto puesto en relevos femeninos durante las Olimpiadas de Sydney del año 2000. ¡Menuda familia olímpica!
Asimismo, debemos señalar los prestigiosos y archiconocidos eventos deportivos que tienen lugar cada año en Mónaco, entre los que destacan el Gran Premio de Fórmula 1 y el Masters de Montecarlo, el torneo de tenis más conocido como Rolex Monte-Carlo Masters. Además, el principado es el protagonista de muchos hechos deportivos algo menos conocidos, pero muy fascinantes.
A continuación, les vamos a detallar algunos de estos hechos, que resultan realmente sorprendentes… Mónaco acoge el Gran Premio de Automóviles Eléctricos y también el Gran Premio de Automóviles de Época. Ambos se celebran cada dos años y siempre en el mes de mayo. Por otra parte, el principado cuenta con La Societé de Regates, un club de vela fundado en 1888.
De este club deportivo, que es el más antiguo de Mónaco, han germinado dos de las instituciones deportivas más aclamadas del principado, que son la Société Nautique y el Club de Yates. ¡Todo muy chic!
Por último, hablemos un poco de fútbol… El AS Mónaco Fútbol Club es el equipo principal y juega en el estadio Louis II. La icónica raya diagonal de su camiseta roja, que ha sido exportada a cada rincón de Francia y de Europa, fue un diseño realizado por la elegante princesa Gracia. En cuanto a la mascota del equipo de fútbol, ¡es un elefante!
Y es que, dada la gran cercanía que este estadio tiene con el zoo del principado, los monegascos suelen alardear con que el elefante del zoo barrita cada vez que su equipo marca un gol.
¡Conocer estas historias tan deportivas nos permiten saborear mucho mejor este competitivo principado!
UNA FOTOGRAFIA CON EL CAMPEÓN
Le Grand Prix de Monaco, o Gran Premio de Mónaco, es la famosísima carrera de Fórmula 1 que tiene lugar anualmente en el principado. Se trata de un evento espectacular, único, excitante y digno de ser visto. El rugir de los motores retumba por todos los rincones del territorio. Las curvas imposibles de su itinerario y su trazado urbano, que recorre las mismísimas calles de Mónaco, consiguen que las pupilas del espectador se dilaten. En esta carrera, la habilidad de los pilotos queda latente en complicadas maniobras, magistralmente ejecutadas, y es que son numerosos los cambios de velocidad y de giros que deben ser controlados en muy poco tiempo en ese feroz laberinto de carriles.
El Gran Premio de Mónaco es una de las carreras más antiguas y más prestigiosas que existen en el mundo del automóvil. Nació en 1929 gracias a Antony Noghes, hijo del presidente del Automóvil Club de Mónaco, que puso todo su empeño, su tiempo y su dedicación en conseguir que la carrera fuese aceptada y reconocida. Inicialmente, su propuesta fue rechazada, pero tras seis meses de duro trabajo, y gracias a la ayuda de colaboradores como Louis Chiron o Jacques Taffe, la carrera salió adelante.
La competición estuvo interrumpida durante los años que acompañaron a la Segunda Guerra Mundial, pero en el año 1948 llegó su renacer, que vino acompañado del surgimiento en el mundo de la Fórmula 1 de relevantes pilotos. Entre ellos destacó Juan Manuel Fangio, piloto argentino considerado por muchos como uno de los mejores en la historia de este deporte. Durante siete temporadas, Fangio compitió con distintos equipos de Fórmula 1, logrando ser campeón del mundo en cinco ocasiones, y quedando segundo en otras dos.
A modo de homenaje, en el año 2007 el escultor Joaquim Ros Sabaté decidió crear seis estatuas idénticas representando a Juan Manuel Fangio y que serían colocadas en ciudades o en circuitos muy emblemáticos para este deporte.
De esta manera, la misma estatua de bronce y a tamaño natural se encuentra emplazada en Buenos Aires, Monza, Montmeló, Stuttgart, Nürburg y, como no podía ser menos, en Mónaco. ¿No les apetecería tomarse una fotografía con cada una de estas esculturas…? Podrían empezar por la de Mónaco y, luego, ya ir pensando en los siguientes viajes…
Para poder retratarnos con la escultura de Fangio emplazada en Mónaco, debemos descender de la Roca. Mirando de frente el Palacio del Príncipe, nos dirigiremos por la izquierda hacia su parte trasera. Caminamos recto y, tras atravesar un lindo jardín, nos toparemos con la rotonda de la Place du Canton. Saliendo por el Boulevard Charles III, veremos una segunda rotonda en la que tomaremos la segunda salida hacia la Avenue du Port. Todo recto, nos aproximaremos hacia el puerto, donde, en mitad de dos carreteras y entre los pasos de cebra, nos espera Juan Manuel Fangio.
En una caminata de unos 20 minutos de duración, ya habremos conseguido la primera foto de nuestro reto mundial...
https://goo.gl/maps/ud3cXTgNAyVKcoDN9
Estatua a Juan Manuel Fangio
98000 Mónaco
MALIZIA
Si analizamos un poco la historia de Mónaco, podremos asegurar que su ubicación anclada sobre una roca y su puerto al Mediterráneo, indicadores ambos de prosperidad y de protección, consiguieron atraer a este peñón a numerosos pueblos, como ligures, fenicios, visigodos, francos, lombardos, griegos, romanos y genoveses.
Durante siglos, hubo muchos movimientos de poder y de pueblos en esta zona hasta que apareció la familia Grimaldi, la dinastía que gobierna Mónaco desde el año 1297. Su residencia, como ya hemos visto, se encuentra en Le Rocher, en la Roca de Mónaco.
Es muy posible que, paseando por la Plaza del Palacio, nos asomemos a sus dos extremos para disfrutar de unas maravillosas vistas al puerto y al bello Gran Azul. En esta plaza llama mucho la atención una serie de esculturas de cañones, cuya intención es señalar que el peñón, inicialmente, fue una fortaleza. Asimismo, en el lado derecho del palacio, veremos una estatua de tamaño real que representa a François Grimaldi, fundador de la dinastía principesca y personaje imprescindible dentro de la historia del principado.
Si nos fijamos bien, descubriremos en esta escultura un detalle que resulta muy extraño, y es que este importante personaje monegasco aparece representado vistiendo un atuendo de monje, aunque no lo era… ¿Por qué aparece vestido así entonces?
¡Conozcamos la razón! El 8 de enero de 1297, François Grimaldi consiguió liberar Mónaco de la dominación genovesa, por lo que es considerado el gran fundador del principado. Conocido con el mote de “Malizia”, fue un hombre tremendamente astuto en su estrategia combatiente, ya que logró vencer al enemigo pese a no poseer un gran ejército. Para engañar al adversario, se hizo pasar por monje y pidió asilo a los genoveses, entrando de esta forma en la fortaleza monegasca.
Una vez dentro, y en mitad de la noche, “Malizia” abrió las puertas de la fortificación a su pequeño ejército, que pudo entrar y derrotar, por sorpresa, a los genoveses. Este hecho histórico, además de aparecer reflejado en la mencionada estatua, se realza también en el escudo de armas del principado, en el que se pueden observar dos monjes alzando una espada.
Gracias a “Malizia”, la familia Grimaldi gobierna Mónaco desde hace siglos. Su autoridad fue reconocida, finalmente, en el año 1314 y, desde entonces, solo puede gobernar aquí sangre Grimaldi.
En el caso de no haber heredero, Mónaco pasaría a formar parte de Francia, por lo que para la dinastía Grimaldi son muy importantes el enlace matrimonial y la posterior descendencia, vitales ambos para poder preservar su dominio sobre el principado. Si el príncipe no lograra un vástago, los hijos de sus hermanos también estarían autorizados a subir al trono, por lo que la continuidad de la familia en el gobierno queda así más asegurada.
DE PALACIO AL MUSEO
A continuación, les vamos a proponer un sencillo paseo que es ideal para conocer el casco histórico de Mónaco. Se trata de una caminata en la que descubriremos, a través de estrechas callejuelas medievales, parte de la historia de uno de los países más pequeños del mundo.
Comenzaremos el recorrido en la Plaza del Palacio. Lo ideal es estar allí a las 11h55 del mediodía, ya que esa es la hora en la que tiene lugar el cambio de guardia, una ceremonia muy curiosa de ver. Cierto es que una gran parte del Palacio del Príncipe se encuentra cerrada al público, ya que se trata de la residencia oficial de la familia principesca, pero sí que se puede acceder, previo pago, a distintas zonas del palacio, como son el Patio de Honor, la Galería de Hércules, la Galería de los Cristales, los aposentos de Luis XV o la Sala del Trono, además de poder disfrutar de numerosos muebles, tapices y cuadros del palacio.
Continuamos nuestro paseo hacia el Palacio de Justicia y hacia la Catedral de San Nicolás. Dejando el palacio a nuestra espalda, nos acercaremos a la esquina de la derecha, en la que veremos un arco que abre la Rue Colonel Bellando de Castro. Caminando todo recto, nos encontraremos de frente con el mar. Y concretamente en este punto, tendremos a nuestra izquierda el Palacio de Justicia y, justo a su lado, la Catedral de San Nicolás. Aunque no se puedan visitar por dentro, los llamativos juzgados de Mónaco cuentan con una arquitectura única en forma de círculo, por lo que ya sólo su fachada merece una foto. Como material en su construcción, fue utilizada la piedra gris y porosa con la que también se construyeron las murallas del principado. El soberano Honoré II de Mónaco aparece representado en esta curvilínea fachada en un busto que data del año 1568.
La catedral de Mónaco, cuyo auténtico nombre es el de Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, es conocida también con el nombre de Catedral de San Nicolás.
La razón de este otro nombre radica en que este templo se encuentra edificado sobre el lugar que ocupaba la primera iglesia del principado, que estaba dedicada a San Nicolás. La catedral es de estilo bizantino y fue construida en el año 1875. De libre acceso, su interior alberga los sepulcros de los príncipes difuntos.
Un poquito más adelante de la catedral nos toparemos con los, anteriormente mencionados, Jardines de San Martín. ¡Si todavía no han hecho una parada, es el momento ideal y el lugar perfecto para realizarla!
Y, por último, llegaremos al Museo Oceanográfico, al que se llega en cinco minutos andando desde la catedral. Este museo es espectacular, ya que cuenta con más de 6000 especies marinas. Enclavado sobre el mítico Rocher de Monaco, fue construido bajo el mandato del príncipe Alberto I, el capitán gran amante del mar.
¿A qué esperan para empezar este turisteo monegasco…?
UNOS JARDINES CON OLOR A MAR
El Principado de Mónaco, pese a su reducido tamaño, cuenta con un gran número de zonas verdes, algo que resulta maravilloso tanto para los propios monegascos como para los turistas, quienes, de vez en cuando, tienen que hacer un alto en el camino para llenarse de energía y de paz.
En este punto, les proponemos visitar en Mónaco un jardín maravilloso, un lugar en el que nos olvidaremos de mirar el reloj y en donde el contacto con la naturaleza se hace latente a cada paso. Además, es dueño de unas soberbias vistas al mar Mediterráneo que nos ofrecerán paz y tranquilidad, siempre tan necesarias.
Un parque acogedor y bello que es ideal para disfrutar de momentos de relax. Así son los Jardines de San Martín, los primeros de uso y disfrute público que fueron creados en Mónaco. Son de principios del siglo XIX, época en la que los jardines estaban muy de moda en toda la Costa Azul. Pero no solamente se crearon por un tema estético, sino también para dar trabajo a los habitantes del principado en un momento en el que había cierta escasez de recursos.
Entre caminos serpenteantes, bancos, fuentes y estatuas de bronce, encontraremos en estos jardines una exuberante flora, en la que, inicialmente, primaban las especies típicas mediterráneas, como pinedas, robles verdes, mirtos o pistacheros, pero con el tiempo, se han ido añadiendo otras especies más exóticas que se han aclimatado al ambiente. Este parque es un lugar apartado del bullicio, tranquilo y en el que se mezclan los distintos aromas de su rica vegetación con la sal del Gran Azul. Y, además, cuenta con numerosos espacios en los que sentarse a descansar y a dejar el tiempo pasar…
Como curiosidad, cabe señalar que, entre las muchas estatuas de bronce que existen en este parque, destaca la del bisabuelo del actual príncipe Alberto II. Su antecesor, Alberto I, fue capitán en la Marina Española y un gran amante del mundo marino. Gracias al aporte de este hombre de mar, hoy en día Mónaco posee un fantástico Museo Oceanográfico. Y nosotros podremos visitarlo porque se encuentra situado a pocos pasos de dicha estatua…
Para llegar a los Jardines de San Martín, nos situamos frente a la Catedral de San Nicolas, de la que distan escasos 300 metros. Por la Rue de l´Eglise nos dirigimos hacia la Rue Colonel Bellando de Castro. Giramos ligeramente a la izquierda hacia la Avenue Saint-Martin, giramos ahora a la derecha y tomamos las escaleras. Los jardines quedan a nuestra derecha. ¡Ya hemos llegado!
https://goo.gl/maps/S9fMmrUixYCqJNSX9
Jardins de Saint-Martin (Jardines de San Martín)
98000 Mónaco