CHAMBORD





UNA ESCALERA MÁGICA
El punto más alto del Castillo de Chambord está en su torre linterna, desde la cual disfrutaremos de una panorámica total de los alrededores del castillo, de sus jardines a la francesa y de su vasto parque forestal, a la vez que, desde las alturas, podremos comprobar que el río está canalizado con la finalidad de rellenar el foso. ¡No se pierdan las vistas de Chambord desde su torre linterna! La torre linterna es la pequeña cúpula que remata el torreón central del castillo.
Se accede a la torre desde el interior del edificio y a través de una auténtica obra maestra del Renacimiento que supone, quizá, el elemento más destacado del castillo. Se trata de la célebre escalera doble helicoidal, una gran obra de Leonardo da Vinci. El famoso humanista florentino llegó a Francia invitado por el mismísimo monarca francés, quien se convirtió en su mecenas.La peculiaridad de esta monumental escalera ha contribuido al renombre del Castillo de Chambord. Construida en toba blanca, material que facilita su modelaje, posee un diseño que recuerda mucho a los proyectos que Leonardo diseñó con hélices y con turbinas hidráulicas. Se trata de dos escaleras superpuestas y entrelazadas que giran en el mismo sentido. Su finalidad es que dos personas puedan subir o bajar por las hélices opuestas, sin llegar a encontrarse nunca, aunque sí se ven en algunos tramos.
Esto le venía al rey estupendamente para esconder a la reina sus amoríos…La escalera ejerce de eje central del edificio. A través de ella, podremos acceder a las habitaciones y a los aposentos de la primera planta, así como a los salones de la segunda. Estos grandes salones cuentan con un impresionante techo abovedado lleno de casetones esculpidos con el emblema del rey, formado por una salamandra, reptil que “renace de sus cenizas” y por la letra F de la inicial de su nombre, François. Una vez que hayamos alcanzado las terrazas exteriores, nos queda subir a la torre linterna.
Una escalera de doble tramo final nos llevará hasta el punto culminante del castillo, cuyos 32 metros de altura están rematados por la heráldica de la monarquía francesa, la Flor de Lis. Cuenta una leyenda que, durante el bautismo del rey franco Clovis, una paloma llegó desde el cielo transportando un ramo de lirios, o sea, un ramo de flores de lis, aunque también existe otra historia que narra que Clovis colocó en su casco una flor de lirio antes de una gran victoria, y puesto que Clovis también era conocido como Loys, se cree que de ahí puede venir la “flor de Loys”. Sea como fuere, siglos más tarde el rey Luis VII de Francia incorporó a su escudo el dibujo de una flor de lirio en fondo azul y, desde aquello, el emblema de la Flor de Lis permaneció durante mucho tiempo unido a la realeza francesa.
Castillo de Chambord
41250 Chambord, Francia
CARNE DE PRESA
En Chambord podremos degustar una buena carne de caza, protagonista de uno de los platos estrella del lugar, justo a pie del castillo y con vistas a su fabulosa construcción. Y es que precisamente, una de las razones por las que los reyes escogieron este lugar de Francia, fue por la abundante caza de sus frondosos bosques. Una de las presas favoritas era el jabalí, animal muy apreciado por su deliciosa carne, muy tierna, baja en grasa y con un aroma irresistible.El jabalí posee una carne roja con un sabor bastante más aromático que, por ejemplo, la carne del cerdo.
Es también bastante magra, ya que sólo contiene un 2% de lípido y 105 calorías por cada 100 gramos, así que resulta ideal en dietas que necesiten mantener el colesterol bajo control. Esta carne se cocina guisada, por su ternura, o también asada, por su sabor. Las piezas más apreciadas del jabalí son el solomillo, el entrecot y la paletilla, y además en Chambord, tendremos la oportunidad de degustar otra deliciosa parte del animal gracias a su plato estrella, Dos de Sanglier Grillé, o sea, lomo de jabalí a la plancha, que va acompañado con patatas fritas y con ensalada.
¡Esta carne proporciona placer al paladar cocinada de todas las maneras!Actualmente, la caza del jabalí tiene lugar en cotos privados de caza del país. Se trata de un animal salvaje, clasificado como “res nullius”, o sea, que no pertenece a nadie en concreto. Este mamífero siempre ha sido catalogado por la jurisprudencia como presa y, desde tiempos inmemoriales, ha supuesto una de las piezas favoritas de los cazadores. Debido a que, a lo largo de la historia, los cazadores han ido utilizando todos los medios posibles para dar caza a esta ansiada presa, el gobierno de Francia acabó reglamentando la caza del jabalí con normativas muy estrictas.
Antaño, tras una cacería, el jabalí era servidoen un festín entre amigos y la cabeza de la presa se colgaba de las paredes de los salones, a modo de trofeo. Hoy en día también podemos disfrutar de su deliciosa carne, aunque de una manera menos explícita…
Un buen sitio para degustar el suculento Dos de Sanglier Grillées la pequeña Place Saint-Louis, desde cuyas terrazas al aire libre podrán, asimismo, contemplar el castillo. ¡Todo un placer visual, olfativo y gustativo!
LA GALLETA MÁS FAMOSA DE LA COMARCA
Años de tradición distinguen a la repostería de Chambord. Sus pasteleros, verdaderos artesanos de sabores al servicio del público, han creado con su savoir-faireunos dulces tan deliciosos que encandilan tanto a pequeños como a mayores. Utilizando productos de la tierra, respetando sus tradiciones y siempre a base de mucha pasión y entrega, estos artistas reposteros elaboran sus dulces siguiendo sus recetas más tradicionales y consiguiendo una calidad que satisface a los más exigentes.La especialidad repostera más célebre en esta zona es el Palet Solognot, una galleta que resulta irresistible desde el primer bocado.
Su receta, que se mantiene casi invariable desde su creación, es un maridaje perfecto de aromas y de sabores. ¡Conozcamos la historia de esta ambrosía!Cuenta la historia que existió en esta comarca un avicultor que regentaba junto a su esposa un gallinero familiar, heredado de muchas generaciones anteriores y situado frente al Castillo de Chambord. El gallinero era muy grande y contaba con unas 20.000 gallinas. El avicultor se dio cuenta de que, si solo destinaba los huevos a la venta, acababa perdiendo dinero, así que quiso encontrar otra salida para la gran cantidad de huevos que obtenía diariamente de su gallinero.
Finalmente, nuestro protagonista decidió utilizar los huevos para crear su propia galleta, siguiendo una vieja receta que encontró, y para ello, instaló en el gallinero un horno en el que poder elaborar sus galletas. El éxito de su creación fue tan grande y tan inmediato, que acabó volcado por completo en la producción pastelera, transformando casi todo el gallinero en una enorme pastelería. Esta galleta se convirtió en la delicia de toda la región. Así nació el Palet Solognot, una galleta crujiente y dorada cuya reputación es conocida en toda Francia y que, incluso, ha traspasado sus fronteras.
Esta galleta de mantequilla está trufada con uvas pasas y macerada en Ron Negrita, de ahí que el logo de esta bebida aparezca en su envoltorio. Es una delicia de primera calidad que cautiva a los más golosos y a los amantes de productos artesanales. ¿Y que sería de este producto sin su envoltorio…? Las galletas Palet Solognot se vendenen estuches de fácil apertura y cierre para que puedan ser disfrutadas en cualquier momento y lugar, y también en bonitas cajitas de metal que resultan el regalo ideal.
Los Palets Solognotsse encuentran en venta en puestos ambulantes y en la Biscuiterie de Chambord, una tienda especializada situada en la Place Saint-Louis y en la que, además, tendrán la oportunidad de caer en la tentación probando in situestas ricas galletas.
DE CASTILLO A PALACIO
El Castillo de Chambord fue construido a la gloria de su benefactor, Francisco I, rey de Francia. El jovencísimo monarca regresó a Francia victorioso de sus campañas en Italia y totalmente enamorado del arte que encontró en este país, en el que recientemente había surgido un esplendor cultural que cobró forma en una nueva tendencia que pronto llegaría al resto de Europa y que recibió el nombre de Renacimiento.El rey Francisco I se inspiró en esta nueva visión y en su moderna concepción, fusionadas ambas en el nuevo estilo renacentista, para construir un edificio que conmemorase sus conquistas en tierras italianas y que identificara su gran poder. Para la construcción de este monumento, el monarca apostó por ese estilo italiano que tanto le había cautivado.
La nueva tendencia incluía una novedosa arquitecturaque lograba transformarlas antiguas y aburridas fortificaciones medievales en suntuosos palacios de líneas esbeltas y ligeras, perdiendo por completo toda la función defensiva para convertirse en construcciones residenciales y palaciegas. Siguiendo estas nuevas tendencias, fue erigido el Castillo de Chambord, una de las obras renacentistas francesas más notables.El resultado de esta obra es un enjambre de torreones, chimeneas, tragaluces y escaleras. Todo un alarde constructivo que parece recrear un mundo de fantasía. Incluso conservando la idea gótica de elevación y ascensión, su traza general logra ser netamente renacentista, tendencia introducida en Francia por el propio rey, quien aplicó las bases del nuevo movimiento arquitectónico en el Castillo de Chambord, convirtiéndose así en el artífice del cambio de estilos.
El castillo logra ser encuadrado en su máximo esplendor desde la zona existente entre su lateral y su parte trasera. Esta perspectiva permite contemplar y fotografiar de lleno la magnitud de la construcción. ¡Una grandiosidad arquitectónica que encierra más de 400 habitaciones, cerca de 300 chimeneas y unas 80 escaleras! Su construcción supuso un enorme despilfarro de medios y un enorme desembolso del dinero existente en las arcas públicas y procedente, principalmente, de los tributos de campesinos. Hay que indicar que el absolutismo, como costumbre implantada en la monarquía francesa, nació precisamente con este monarca. Y lo más curioso es que, en todo su reinado, el rey Francisco I solamente pasó apenas unas pocas semanas en su nueva mansión, de la que ni siquiera vio terminar su construcción...
Originalmente, el Castillo de Chambord fue proyectado como un pabellón de caza. Entorno a sus bosques se organizaban grandes cacerías a las acudía el rey Francisco, gran aficionado a la caza, para después relajarse en buena compañía, ya siempre iba acompañado de un séquito de jóvenes damas.
Rey, constructor, cazador y galán... Así fue Francisco I, el monarca que trajo el Renacimiento a Francia.
EL REY Y LA GIOCONDA
El rey Francisco I fue, ante todo, un hombre con grandes inquietudes artísticas, muy moderno y adelantado a su tiempo. Alto, galán y tremendamente apuesto, Francisco interpretó a la perfección su papel de rey. Sus sonadas victorias, apenas llegado al poder, le inyectaron una confianza excesiva y moldearon un carácter muy arrogante que le acabó pasando factura en el terreno diplomático. De hecho, sus constantes enfrentamientos con el emperador Carlos V se saldaron siempre con derrotas.
Cuando el rey llegó al poder, advirtió que en Francia todo era tosco y de mal gusto, así que decidió llevar a cabo algunas reformas… Para empezar, hizo del francés la lengua oficial del país, ya que hasta ese momento en Francia se seguía hablando el latín. También embelleció el Palacio del Louvre, construcción que hasta entonces era una fortaleza medieval, y erigió nuevos castillos, entre ellos, Chambord.
También durante su reinado, se financiaron expediciones marítimas, se descubrieron nuevas rutas y nuevas tierras, como por ejemplo la Nueva Angulema, bahía en la que actualmente se encuentra Nueva York y que recibió ese nombre en honor al monarca, ya que antes de ser rey, Francisco I fue conde de Angulema. Su reinado vio eclosionar el surgimiento del esplendor renacentista y la llegada a la corte de Leonardo da Vinci. El artista llegó a Francia desde Italia portando tres cuadros y tras un viaje de tres meses sobre su mula. ¡Y uno de esos cuadros es, quizás, el más famoso del mundo! Se trata de La Gioconda, obra también conocida como La Mona Lisa.
Esta famosísima obra fue un encargo de un mercader de tejidos, llamado Francesco del Giocondo, quien pidió a Leonardo que retratase a su esposa, Lisa Gherardini. Este encargo nunca llegó a ser entregado al mercader ya que Leonardo retrasaba constantemente su entrega, quizás voluntariamente... ¡Y es que al artista no le gustaba nada desprenderse de sus obras! Poco antes de la muerte de Leonardo, el rey Francisco adquirió La Gioconda y así, la obra pasó a formar parte de la colección real. A lo largo de los siglos, La Mona Lisa ha ido pasando por diferentes palacios reales de Francia hasta terminar en el Museo del Louvre, donde se expone actualmente.
¿Quién le iba a decir al rey Francisco que, en un futuro, su amado castillo sería refugio de las obras de arte del Museo del Louvre? Y es que, para proteger las obras de los bombardeos nazis sufridos durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de los tesoros del Louvre fueron escondidos en el Castillo de Chambord.
Y entre ellos, estaba La Gioconda regresando a su castillo!
¡UN “SAFARI” A PEDALES!
La naturaleza es, realmente, maravillosa y sabia. ¿Qué sería de nuestras vidas sin árboles…? Son tan necesarios como el respirar, ya que aportan oxígeno y siempre consiguen crear un espacio de paz y de sosiego. Los amantes de la vida natural estarán de suerte durante esta visita porque el Dominio de Chambord es el mayor parque amurallado de toda Europa. Se extiende por una superficie de 32 km2que está atravesada por un curso fluvial y que alberga una gran fauna, entre la que se pueden distinguir más de cien especies diferentes de aves.En este punto les vamos a proponer un reto que, a la vez, es una actividad extraordinaria… ¡perderse sensorialmente en la plenitud del dominio! Escuchar, observar, oler, tocar… en definitiva, saborear con los sentidos este mundo único que existe en los alrededores del Castillo de Chambord.
Y una manera de hacerlo, muy divertida y respetuosa con el medio ambiente, es descubrir el Dominio de Chambord ¡en bicicleta! De esta manera, mientras ejercitamos los músculos, respiramos aire puro y bombeamos sangre al corazón, podremos llegar a los confines de este vasto parque forestal pedaleando por un sinfín de carriles distribuidos a lo largo del parque. En nuestro paseo a pedales, busquemos, por ejemplo, el reptil que sirvió de emblema al rey-cazador. Las salamandras viven próximas al río, en zonas sombrías, húmedas y escondidas bajo las hojas, así que, para encontrarlas, podemos recorrer el curso fluvial.
Y si, además, seguimos este canal en sentido contrario a la presa que está situada frente al embarcadero, llegaremos hasta una torreta de madera, medio camuflada, que sirve de mirador y desde la que obtendremos una vista más general del lugar. ¡Subir a esta torreta es una magnífica oportunidad para observar algún que otro animal silvestre deambulando a sus anchas y desafiando nuestra presencia! El parque del castillo cuenta, además, con una reserva de caza, y es que no fue al azar que Francisco I escogiera este lugar para erigir su castillo, sino que lo hizo motivado por las numerosas presas que aquí podría capturar. Padre de la caza, a la que dedicó gran parte de su reinado, este monarca persiguió sin tregua por estos terrenos a ciervos y a jabalíes. Cuanto más frondoso es el bosque, más probabilidad hay de encontrar animales salvajes.
Aparte de los ya mencionados jabalíes y ciervos, también habitan en este parque especies como el corzo o como el astuto zorro, tan bello con su pelaje color fuego. De todas formas, cierto es que los animales salvajes casi nunca se dejan ver, y es que ellos sienten nuestra presencia a la legua y huyen. Si queremos tener suerte y ver alguno, lo mejor para ello es andar sigilosos y ese día, evitar perfumarnos demasiado...
¡Buena “caza”, amigos! Alquiler de bicicletas en el embarcaderoTiempo aproximado del paseo: 1 hora
UNOS ILUSTRES PERSONAJES
La causa oficial de la muerte de Francisco I fue una fístula causada por una insuficiencia renal que degeneró en fiebres continuas. Esto es lo que confirma su parte médico, pero existe otra versión que asegura que, en realidad, fueron los continuos deslices amorosos del rey la verdadera causa de su muerte. Se la contamos a continuación… Bastante más dado a las conquistas amorosas que a las militares, el rey Francisco era todo un experto en cortejar a todas las damas hermosas, especialmente a aquellas que se le resistían. ¡Cuanto más se le resistía la pretendida, más atracción sentía por ella el monarca!
En una ocasión, el rey se encaprichó de una bella mujer casada, pero ella, en un principio, le rechazó. Tras continuos regalos y numerosos poemas de amor llenos de pasión, la pretendida terminó cayendo en brazos de su seductor. El marido, tras saberse engañado, planeó una venganza sin igual... Tremendamente despechado, frecuentó todos los burdeles de la comarca hasta que logró contagiarse de sífilis. Una vez contagiado, pasó la enfermedad asu esposa y ésta, a su amante el rey, quien acabó muriendo de esta enfermedad. Desde luego, una muerte muy poco digna para un soberano…La muerte de Francisco I hizo que el monarca no pudiese cumplir su sueño de ver acabado su gran proyecto.
Casi un siglo más tarde, fue uno de los mayores gobernantes de la historia de Francia quien finalizó los trabajos de construcción del Castillo de Chambord. Hablamos de Luis XIV, el rey que convirtió a Francia en un referente mundial y en la capital política de Europa. Bajo el mandato de este monarca, apodado el Rey Sol, Francia alcanzó su mayor expansión territorial y su idioma, el francés, se difundió muchísimo, sobre todo gracias a la obra de relevantes escritores, entre los que destacó Molière. Dramaturgo, poeta y actor, Molière es considerado el padre de la comedia francesa gracias a su obra, tan llena de picaresca y de mordaz ironía.
Tal era su sátira que la Iglesia le tildó de “demonio en persona” y hasta llegó a ser censurado por sus mofas sobre la corrupción de la sociedad. Pero Molière contaba con el favor del Rey Sol… De hecho, en una ocasión, el rey Luis XIV se desplazó hasta Chambord para asistir al estreno de “El burgués gentilhombre”, una de las obras más aclamadas de Moliére. La pieza se representó en el castillo y fue interpretada ¡por el mismísimo dramaturgo!
Esta obra de teatro narra, a modo de burla, la historia de un ingenuo y rico burgués que quiere imitar las costumbres y la manera de vivir de los nobles.Y es que era tal la sorna y la ironía de Molière que en su tumba reza el siguiente epitafio: “Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos, Molière hace de muerto y lo hace bien de verdad”.
UN PASEO POR LOS APOSENTOS REALES
Francisco I construyó el Castillo de Chambord a modo de residencia secundaria, pero a pesar de ello, no escatimó en gastos para crear multitud de estancias, de salones y de cuartos en los que recibir a sus honorables visitas. Con el tiempo, en torno al castillo fueron surgieron dependencias auxiliares. Así que, ¡pónganse calzado cómodo porque tenemos mucho que recorrer! Comenzamos nuestro paseo en la Place Saint-Louis, una pequeña plaza llena de joyas. Justo detrás de la Oficina de Información y junto al río, se ubica el Relais de Chambord, un lujoso hotel que se encuentra ubicado en la antigua Casa de Postas.
Todo su interior está decorado de manera minimalista, pero conservando la estéticaoriginal. Sin abandonar la plaza, nos fijamos en el edificio que ocupa todo su flanco derecho, y es que muy posiblemente, era aquí donde se ubicaba el antiguo gallinero que acabó convertido en horno para la producción de los famosos Palets Solognots. Justo en su esquina, se sitúa la célebre Biscuiterie de Chambord, la famosa pastelería en la que podremos degustar estos dulces. Siguiendo con nuestra visita, en el sendero llamado Rue de la Grange aux Dîmes, encontraremos la Iglesia de Saint-Louis, construida por orden del rey Luis XIV. El Rey Sol quiso que esta pequeña iglesia estuviese bajo la advocación de San Luis, pero no en su propio honor, sino en el de su antecesor, el rey Luis IX.
Y ya frente a la entrada al castillo, nos toparemos con la huerta, que ocupa el lugar donde antaño se encontraban las cuadras. En la actualidad, los productos de esta huerta se venden in situa particulares, así como también a los restaurantes y a las tiendas de la zona. Una vez dentro del castillo, accederemos a la primera planta, en la que destacan los apartamentos reales. En uno de los extremos de la galería del primer piso se encuentran los aposentos del rey, formados por dos habitaciones, dos gabinetes, un pequeño oratorio y una sala de consejo. ¡Hasta tres reyes tuvieron el honor de pernoctar en esos aposentos! Y justo en el extremo opuesto de la galería, se hallan los aposentos de la reina.
A continuaciónde estos últimos, podremos visitar la Sala del Desfile, un inmenso salón con vistas al jardín que resultó de la unión de dos aposentos.Como podremos comprobar recorriendo el interior del Castillo de Chambord, en la actualidad muchos de sus aposentos hacen la función de pequeños museos y de espectaculares salas de exposiciones. Incluso algunos de sus salones suelen ser utilizados para dar conciertos.
¡Una maravilla de paseo!
JARDINES A LA FRANCESA
¿Qué sería de un castillo sin jardines, de unos jardines sin plantas, o de la vida sin espacios verdes…? Y hablando de jardines, los del Castillo de Chambord nos vienen muy bien para hacer nuestra merecida pausa y para aportar una nota de belleza natural a la grandiosa fachada de piedra cuyo color blanquecino hace resaltar el verdor natural, jugando ambos tonos como colores alternativos. ¡Todo un logro estético! Estampas florales recreadas con precisión y elegantes alamedas son escoltadas por centenares de árboles. Cientos de rosales, miles de flores y verdes arbustos delimitan unas parcelas trazadas con una espectacular maestría geométrica. Hay casi tantas plantas como los miles de metros cuadrados que constituyen el inmaculado césped.
Los jardines rodean por completo el castillo, que está custodiado por un foso trazado con simetría y lleno de agua fluvial, igual que lo estaba antaño, pero con una imagen actual más romántica que protectora. Estos jardines pueden ser admirados en todo su esplendor desde los balcones del castillo, desde donde resulta igual de sensacional admirar el suave césped que se extiende como si fuese una alfombra colocada a los pies de un castillo que apunta al cielo con sus imponentes torreones.
Es una estampa única.Los bellos jardines fueron diseñados durante el reinado del omnipresente Rey Sol. Dado el éxito que este tipo de ornamentación vegetal había conseguido en Versalles, Luis XIV decidió dotar al Castillo de Chambord de unos jardines similares ya que, hasta ese momento, el grandioso castillo carecía de ellos. Las obras de los jardines fueron continuadas por su sucesor y bisnieto, Luis XV. Este monarca, conocido como el Bien Amado, terminó siendo el más odiado por sus comportamientos libertinos, tan impropios de un rey, y también por haber entregado Canadá a los ingleses.
Con el tiempo, los jardines del Castillo de Chambord cayeron en el olvido hasta desaparecer, totalmente abandonados. Y, además, una desgracia terminó de cebarse con ellos, acabando con dos siglos de existencia… Una gran crecida del río inundó los bajos del castillo y provocó que los jardines acabasen bajo el agua.Por fortuna, una fortuna (valga la redundancia) hizo renacer de nuevo los formidables jardines de Chambord y pudieron ser recuperados totalmente. Tras la devastadora inundación, un importante inversor norteamericano inyectó una potente suma de dinero para que los jardines pudiesen ser restaurados, tal y como fueron concebidos en época palaciega.
Y es que es muy justo señalar que gran parte del patrimonio arquitectónico y cultural francés es financiado por mecenazgo norteamericano, nacido de la amistad franco-americana.