LYON
COLINA DE FOURVÈRE
¿Quieres tener Lyon a tus pies? Entonces prepárate para subir a la Colina de Fourvière. Accesible a pie, en coche, bici o funicular, las vistas que tendrás de la ciudad serán inolvidables. Además, podrás ver la famosa Basílica de Notre Dame de Fourvière y estar más cerca de la torre metálica, que guarda cierto parecido con la archiconocida Torre Eiffel.
Para llegar a la colina, desde la plaza de la catedral, dándole la espalda a la misma, dirigimos la vista al frente y una pequeña calle se abre ante nosotros. Esa misma calle, con asfalto y varias curvas, nos lleva directos hacia arriba. Para el que prefiera subir más rápido, puede tomar el funicular, que se encuentra en la callecita que sale a la derecha de la catedral mirando esta de frente. El trayecto dura apenas un minuto. Ya sea a pie o en transporte… ¡No te lo puedes perder!
BON AP’
Lyon, ciudad gastronómica por excelencia. Imposible pasear por sus calles y no encontrarse con algún “bouchon” o lo que es lo mismo, las tascas típicas lionesas.
Platos reconocidos como la sopa de cebolla, la “andouillette” que es una salchicha de cerdo con especias y vino o la “quenelle”, una croqueta de pescado, son cocinados en dichas tascas. Y hablando de “quenelles” … está también la versión dulce, un praliné a base de avellanas o almendras, recubierto de una fina capa de chocolate blanco liso o con toques de café. Y finalmente, el praliné de Lyon, almendra bañada en azúcar caramelizado y tintado en rosa.
Se puede encontrar en forma de caramelo, o si se machaca, en tartas, brioches, bizcochos… ¡Cualquiera se resiste!
Le Petit Prince
Cómo no llevarse algo típico de un lugar que se visita, ¿verdad? En el caso de Lyon, puede resultar difícil la elección, un chocolate artesanal, una postal, algún artículo de lujo de Galerías Lafayette… Sin embargo, algo más único y original, sería un ejemplar del libro “El Principito”. ¿Por qué? Porque su autor nació aquí, en esta ciudad, sí, sí, Antoine de Saint-Exupéry, gran viajero, escritor y aviador, era lionés.
EL “FRESCO DE LOS LIONESES”
Lyon es una de las principales ciudades del mundo a nivel de pintura mural. Muchos son los trampantojos que se encuentran entre sus calles. El “fresco de los lioneses” es uno de ellos, uno de los mejores, un gran ejemplo de la identidad lionesa ya que exhibe a sus vecinos más célebres, desde la antigüedad pasando por el emperador Claudio, hasta nuestros días con el chef Paul Bocuse.
No puede faltar en el álbum una foto en este mural de más de 800 m². Para llegar hasta allí, debemos dejar atrás el casco antiguo de Lyon y cruzar el río Saona hacia la zona conocida como la “casi-isla”. Si lo hacemos por la pasarela de San Vicente, nos encontraremos el fresco justo delante.
UNA ESCULTURA POR LO MENOS CURIOSA
Estamos acostumbrados a visitar los monumentos reconocidos y famosos allá donde vamos, pero ¿qué pasa con esos que no salen en las guías? Frente del Palacio de Justicia, al inicio de la Pasarela del Puente del Palacio de Justicia (no se complicaron la vida con el nombre) se alza una inquietante escultura. “Le poids de soi-même”, El peso de uno mismo. Los autores de dicha obra, Michael Elmgreen e Ingar Dragset dicen que es la historia de un hombre que intenta salvarse a sí mismo. En la escultura, un hombre, de pie, lleva en brazos a otro que resulta ser idéntico.
TRABOULES
Si hay algo curioso en Lyon, son los “traboules”, pasajes que atraviesan los patios interiores de uno o de varios edificios, permitiendo así pasar de una calle a otra cruzando el interior de la manzana. Es y era una forma de atajar, pues inicialmente eran utilizados por los tejedores de seda instalados en la parte alta de la colina para acceder rápidamente a la parte baja y así negociar con los comerciantes.
Estos atajos jugaron un papel fundamental durante la Segunda Guerra Mundial, ya que los mismos eran utilizados en ocasiones por la resistencia, sirviendo como escondites.
Fueron cobijo para maleantes, amantes, traficantes… Hoy en día, muchos de ellos dan acceso a casas particulares, por lo que quedan cerrados al público, pero otros tantos sí se pueden atravesar ¿Te atreves a conocer algún traboule?
EL RELOJ DE LA CATEDRAL
La Catedral de Lyon, dedicada a San Juan Bautista, con mezcla de estilo gótico y románico podría ser una catedral más entre tantas. Peeeero tiene una particularidad en su interior: un reloj astronómico, del siglo XIV. Marca la fecha, la hora y la posición de la luna, el sol, la Tierra y las estrellas sobre Lyon. Está construido bajo los conocimientos de la época, en la que se afirmaba que el sol gira alrededor de la Tierra, por lo que, cuidado al mirar la fecha ya que no siempre da la exacta.
LYON DESDE LA TIERRA AL CIELO
Un lindo paseo por la que fuera capital de la Galia empezaría en el Palacio de Justicia y se adentraría en el casco histórico, caminando por una calle recta, de piedra y repleta de tiendas, cafeterías y bullicio. Al final de la calle, una gran plaza en la que se alza la Catedral de San Juan, que nos recuerda a Notre Dame de Paris, y a nuestra espalda, en lo alto, Notre Dame de Fourvière, presidiendo la ciudad y sirviendo de próxima parada. Ya sea en funicular o a pie, subimos para apreciar la grandeza de Lyon. La bajada, sencilla, atravesando un bello jardín también es digna de disfrutar.
¡PARADA TECNICA!
Ser turista es duro. Por eso es necesario tomar un respiro y recuperar la energía. En la plaza Ennemond Fousseret, se puede apreciar el río Saona, un trampantojo, banquitos para relajar las piernas y varios cafés para tomar algo y seguir adelante.