MARSELLA





"LA BUENA MADRE"
No es tarea fácil describir con palabras la inmensa riqueza y contrastes que esconde Marsella. La segunda ciudad más poblada de Francia, es el principal puertos comercial del mediterráneo francés y uno de los mayores y más activos de Europa.
Ubicada en la región de la Provenza, dos son los colores que la definen: El blanco de las rocas calcáreas sobre las que se asienta y el azul del mar y su cielo, casi siempre despejado gracias al característico viento que suele soplar en su costa, el frío e intenso Mistral.
Su fisonomía es mucho más parecida a Lisboa o Atenas que a cualquier ciudad del sur de Francia. El alma de esta urbe, de hecho, es griego. Serían los foceos quienes, seis siglos antes de cristo, se aventuraran hasta este lugar para fundar un sencillo enclave portuario al que bautizaron como Massalia.
Desde ese momento, periodos de esplendor y decadencia, renacer y destrucción, progreso y caos o paz e invasiones se han sucedido ininterrumpidamente hasta la actualidad.
Abierta hacia al sur sobre el impresionante Golfo de León y el Mediterráneo y cerrada al norte por las soberbias cimas de los cercanos Alpes Marítimos, no hay mejor punto panorámico para admirar toda la infinita belleza de esta apasionante metrópoli que subir hasta la colina de Notre Dame de la Garde. Muy cercana al puerto viejo (epicentro de nuestra estancia en Marsella), esta coronada por la emblemática basílica católica del mismo nombre, cuyo majestuoso perfil domina toda la ciudad.
Construida curiosamente por un arquitecto protestante ( Henri Espérandieu) en la segunda mitad del siglo XIX, es de estilo neorrománico-bizantino. A buen seguro, tanto por su aspecto como por su ubicación les recordará a la icónica Basílica del Sacré-Coeur de París, a la que no tiene nada que envidiar.
Levantada sobre un pico calcáreo de unos 150 metros de altura, su campanario está rematado por una enorme estatua dorada de la Virgen María, protectora de la ciudad y a la que los marselleses llaman cariñosamente “la buena madre”. Sin duda, ella también nos cuidará para que nuestra aventura marsellesa se convierta en una experiencia inolvidable.
Para llegar hasta esta iglesia-mirador tienen varias opciones:
La más rápida y económica es tomar el autobús urbano 49 desde el puerto viejo que, en escasamente 15 minutos y por 2 euros, les dejará en la puerta de la basílica.
Si disponen de más tiempo, otra posibilidad es montarse en uno de los pintorescos trenecitos turísticos que salen desde el mismo lugar y que, además de parar en la basílica, nos ofrecen un bonito recorrido de un extremo a otro del puerto, contemplando sus monumentos principales así como el paseo marítimo de la Corniche, desde el que divisaremos toda la bahía. Su precio es de 7 euros y funciona todos los días del año.
Si se encuentran con fuerzas y energía suficientes y necesitaran hacer penitencia, también pueden elegir subir a pie a través de los diversos senderos que conducen hasta la colina pero, ¡cuidado, el camino es empinado, largo y fatigoso!.
La basílica, por su parte, también está abierta todo el año (de 7 a 18 h.), y su entrada es gratuita.
Su suntuoso interior nos sorprenderá por su variada policromía, conseguida gracias al uso de distintos mármoles de colores y la decoración con vivos mosaicos.
BARQUITOS DE AZAHAR
Ciudad bimilenaria, Marsella ha sido siempre una encrucijada de culturas y civilizaciones, que contribuyeron a dotarla de un carácter e idiosincracia únicos.
A su puerto llegaron -durante el transcurso de los siglos- griegos, romanos, españoles, italianos, hebreos, libaneses, armenios o magrebíes.
Su gastronomía, por tanto, es un fiel reflejo de esa riqueza multicultural que posee. Nada más placentero que entrar en alguna de sus pastelerías tradicionales para deleitarse con la variedad de sus dulces típicos, entre los que sobresalen unos sorprendentes chocolates elaborados con aceite de oliva o unas originales galletas en forma de barquito con aroma de azahar (las navettes), que nos ayudaran a seguir “navegando” con energía por la ciudad.
Elaboradas con una fórmula secreta desde hace más de 200 años, se preparan con azúcar, harina, huevo, mantequilla y diferentes especias. Los marinos gustaban de llevarlas cuando zarpaban a alta mar porque se conservaban muy bien.
Antiguamente, se tomaban el día 2 de febrero, para festejar la fiesta de las Candelas o de la Virgen de la Candelaria, tradición religiosa ancestral que se celebra también en otros muchos lugares del mundo. En el caso de Marsella, esta festividad se asocia a la llegada en barco a sus costas, según reza la leyenda, de las “Santas Marías” en el siglo I desde Tierra Santa. Se cuenta que, para rememorar esta historia, el dueño de la panadería Le Four à Navettes (la más antigua de Marsella y aún en funcionamiento), Monsieur Avyrous, ideó esta exquisita galleta con tan peculiar forma.
Localizará este mundialmente famoso establecimiento en un extremo del puerto, junto a la Abadía de San Víctor. Está abierta de lunes a sábado de 8 a 18 horas y, los domingos de 9 a 13 y de 15 a 18 horas.
Suculentos emparedados:
Si prefiere escoger algo más salado, junto a los consabidos croissants y baguettes caseros, siempre podrá pedir los inconfundibles “croque-monsieur” y “croques-madame”. Son contundentes sándwiches de pan de molde, jamón cocido y queso, normalmente de emmental o gruyere, calentados a la plancha o en sartén y casi siempre gratinados al horno.
De creación relativamente reciente -parece ser que se ofrecieron por primera vez en un café de Paris en el año 1910- su éxito fue inmediato y, su difusión por toda Francia, vertiginosa.
Sus simpáticos nombres sirven para diferenciarlos, ya que el croque-monsieur no lleva huevo y el madame tiene encima un huevo frito que, a los primeros consumidores de este tentempíé, les recordó a los sombreros de las damas de principios de siglo.
SU PIEL, SU SALUD Y CASA SE LO AGRADECERÁN...
Si hay un lugar asociado a un jabón, no podía ser otro que Marsella.
En esta insólita ciudad se elabora, desde el siglo XIII, el que se ha convertido, con el paso de los siglos, en uno de los jabones más apreciados del mundo.
Sus propiedades, excelente calidad, peculiar forma cúbica, aspecto artesanal y embriagadores aromas provenzales han cautivado desde tiempos remotos a todos aquellos que visitaban la capital del sur de Francia..
Elaborados artesanalmente con aceite de oliva u otros aceites vegetales, su pureza y autenticidad hacen que sean totalmente naturales, ecológicos y biodegradables.
Ideal para el cuidado de la piel y la limpieza de la ropa, junto a sus múltiples cualidades hipoalergénicas y cosméticas, incluso puede usarse como dentífrico para fortalecer las encías, como antiséptico, como champú para sus mascotas, para limpiar sus muebles y herramientas, para alejar las polillas de su ropa o para el afeitado. ¿Sabía que colocado a los pies de la cama previene catarros y calambres?
Económico y duradero, este pequeño y útil producto es un maravilloso detalle para regalar. En torno al puerto viejo encontrará encantadoras tiendas de artesanía tradicional donde lo podrán comprar.
Eso sí, ¡fíjese atentamente en adquirir el original!, ya que, como ocurre con tantos otros productos de venta masiva, es muy falsificado. Desde aquí le queremos ayudar dándole algunos consejos para distinguir el verdadero de las imitaciones y su consiguiente picaresca:
Hecho con ingredientes 100 % naturales y biodegradables y,nunca, más de 6.
-Debe especificar en la etiqueta o grabado directamente sobre el mismo jabón que contiene al
menos un 72 % de aceite de oliva y/o vegetal, así como el nombre o sello de la empresa que lo fabrique.
- Si dice llevar aceite de oliva, su color ha de ser verde. En el caso de llevar otro tipo de aceites (lino, sésamo, palma, lavanda, clavel, mimosa, jazmín, rosa...) su color variará.
- Sin perfumes artificiales, colorantes ni aditivos industriales. Puede llevar aromas naturales.
- No ha de ser exclusivamente cúbico. Además de este clásico modelo, también existe con forma alargada, de taco, redondeada, de corazón, cigarra, etc.
Si quisiera saber más sobre este suave y cremoso jabón, existe en el mismo puerto un sencillo y didáctico museo donde podrá descubrir, de forma lúdica y breve, todos los secretos de su fabricación y su relevancia cultural y social. Abierto de martes a domingo de 10 a 18 horas, cuesta 2 euros y con la entrada regalan una pastilla de jabón.
¡EL MUNDO AL REVÉS!
Diferente, fabuloso, divertido, entretenido, genial, lúdico, funcional…son solo algunos de los adjetivos con los que los turistas definen a esta estructura que querrá fotografiar una y mil veces.
En uno de los ángulos del puerto viejo (que describiremos en el punto siguiente), concretamente junto al denominado Quai des Belges, se colocó esta asombrosa marquesina que nació de la creativa imaginación del prestigioso arquitecto británico Sir Norman Foster. Autor, entre otros muchos, de hitos arquitectónicos tan aplaudidos como el viaducto de Millau (obra maestra de la ingeniería contemporánea y también en el sur de Francia), la restauración del Reichtag alemán, el aeropuerto internacional de Pekín, la renovación del estadio londinense de Wembley, el diseño del metro de Bilbao, el rascacielos del Commerzbank en Frankfurt.o la sede de Apple en Estados Unidos.
Llamada L´Ombrerie , que podemos traducir como la sombra, es en realidad una discreta y sencilla cubierta para protegerse del frío, la lluvia o el sol mientras se espera en el puerto. Fue el proyecto ganador del concurso internacional convocado en 2010 por las autoridades municipales para remodelar dicho lugar y formaba parte de las propuestas y acciones recogidas en el ambicioso programa de la capitalidad cultural europea que ostentó Marsella en el año 2013. Arriesgada y polémica intervención, recibió algunas críticas por su alto coste. Sin embargo, creemos que el resultado mereció la pena. ¿Qué piensan ustedes?.
Su originalidad radica en su material, ya que el enorme techo está formado por láminas de acero inoxidable pulido que funcionan como un espejo en el que se reflejan múltiples imágenes, incluidos nosotros. Las fotos que obtendremos serán tan poéticas y alucinantes como graciosas. ¡Eso sí, tenga cuidado de no acabar con tortícolis!
Esta inaudita pérgola está instalada a 6 metros sobre el suelo, con una superficie de 22 por 48 metros, se apoya en 8 finos postes que realzan su sensación de ligereza. En palabras de sus propio creador, define esta obra como un “itsmo” que une tierra y mar, la pausa y el movimiento, la calma y la acción, con el fin de integrar todo el espacio y las realidades circundantes desde una perspectiva onírica y poética.
CELOSIA MEDITERRANEA
En 2013, los habitantes de Marsella, como si de una victoria del Olimpic o un gol de Zidane se tratara, celebraban eufóricos el más que merecido nombramiento de su ciudad como Capital Europea de la Cultura. Justo premio y reconocimiento a su rico pasado y vibrante presente, a su fusión entre tradición y modernidad. Siempre atenta a apoyar todo tipo de manifestaciones y movimientos artísticos, sociales o culturales, la ciudad aprovechó la ocasión para regenerarse urbanísticamente y dotarse de nuevos espacios de encuentro, participación y ocio.
Uno de los ejemplos que plasma esa idea es el Museo de las Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo, cuya misión es establecer un dialogo con todos los pueblos y culturas que comparten el Mare Nostrum.
Ubicado en un extremo de la entrada del puerto, suele ser ignorado cuando se visita la ciudad. Sin
embargo, vale la pena solo por contemplar su magnífica arquitectura, un esbelto cubo de líneas puras inspirado en el agua, la piedra y el viento, recubierto con una rejilla con caligrafía oriental que supone un guiño al espíritu árabe de la ciudad.
Entrar requiere de mucho tiempo, así que les sugerimos suban hasta su terraza y cafetería panorámicas (el acceso es gratuito y permanece abierto todos los días del año de 10 a 18 h) para disfrutar de unas vistas maravillosas de la ensenada con el faro, el fuerte de Saint-Jean, o la Catedral de la Major.
El otro gran templo religioso de la ciudad, junto con Notre Dame de la Garde, la catedral, de clara inspiración bizantina también, nos sumerge con su eclecticismo en la historia y evolución de Marsella. Por su tamaño y monumentalidad, no tiene parangón entre los edificios religiosos de ese mismo periodo, el siglo XIX, construidos en Francia. Sus dimensiones son similares a la Basílica de San Pedro de Roma y su decoración la emparenta con las catedrales renacentistas toscanas.
Igualmente, desde el mirador del museo podremos admirar las vanguardistas siluetas de dos rascacielos que, orgullosos y desafiantes, muestran la pujanza de la industria naviera de la ciudad. Concebidos por Jean Nouvel y Zaha Hadid respectivamente, dos grandes estrellas mediáticas de la arquitectura actual, se situan al final del paseo marítimo.
Dicho museo será también el mejor lugar desde el que observar la siniestra isla de if. En medio de la bahía, este islote tiene un lóbrego castillo construido en el siglo XVI para defenderse de los españoles que es tristemente famoso pues en él estuvo preso el Conde de Montecristo, inmortal personaje de ficción creado por el dramaturgo francés Alejandro Dumas, cuyas aventuras, que giran alrededor de conceptos como la justicia, la venganza, el perdón o la piedad, se convirtieron en un rotundo éxito literario.
Entre otros valores, este libro nos enseña como, a través del conocimiento, se logra dar sentido a la vida. Lo mismo que ocurre cuando viajamos, ¿no están ustedes de auerdo?..
A parte de a Edmundo Dantés, la isla tuvo otro ilustre visitante, este real y mucho más exótico. En 1516, un navío portugués que trasladaba desde Lisboa hasta Roma un presente para el Papa León X, hizo escala en If. Se trataba nada menos que de un rinoceronte que el sultán de la India regaló al rey Manuel I de Portugal. La expectación que causó fue tal que hasta el rey francés Francisco I acudió a la isla para contemplarlo.
A RITMO DE HIMNO
Tras todo lo descrito anteriormente sobre este monumento conmemorativo, ¿Qué le parece -siempre que posea dotes musicales, claro está- interpretar, o al menos tararear, un fragmento de La Marsellesa mientras graba un video con el arco de fondo?
¡Sin duda será un momento histórico en su viaje!.
Para conseguir el valor suficiente y aclarar la voz, les recomendamos se tomen antes otro vasito de Pastis, el destilado anisado típico de Marsella. Seguro les ayudará a pronunciar el francés con más
soltura y alegría.
Aquí les transcribimos la primera, quinta y sexta estrofas (las que se suelen cantar) y el estribillo (en cursiva) de la letra de esta marcha militar:
Allons enfants de la Patrie,
Le jour de gloire est arrivé !
Contre nous de la tyrannie
L´étendard sanglant est levé (bis)
ARCOS PARA TRIUNFAR
Marsella siempre ha sido orgullosa, independiente e indomable. “Sólo ahora soy realmente el rey”, se dice que exclamó Enrique IV cuando, en 1596, consiguió finalmente someter a la ciudad. Más tarde, Luis XIV, el Rey Sol, para humillar a la rebelde Marsella, en vez de entrar pacíficamente, lo haría destruyendo parte de sus murallas.
Tal vez como venganza, los marselleses compusieron la banda sonora de la Revolución Francesa, cuando muchos de ellos llegaron a Paris en 1792 en su apoyo cantando “La Marsellesa”, hoy en día himno oficial de Francia.
En una de esas puertas derribadas de las antiguas murallas que conducían hasta la ciudad de Aix en Provence, se erigió en el siglo XIX un colosal arco de triunfo (llamado Porte d´Aix) como homenaje a las glorias y victorias del imperio y ejercito franceses y que es una de las joyas ocultas que nos ofrece la ciudad.
A unos 15 minutos a pie del viejo puerto, en la amplísima plaza Jules-Guesde, su foto junto a este imponente monumento le harán “triunfar” en las redes o ante sus amistades, que creerán, asombrados, se encuentre nada menos que en Roma o París.
De hecho, casi nadie sabe que se terminó solo 3 años después que el Arco de Triunfo parisino y su inspiración no fue este, sino los arcos triunfales de época romana. Con razón a Marsella se la llegó a conocer en la antigüedad como la hermosa amiga de Roma o la Atenas de la Galia.
Como curiosidad indicar que es un cuadrado perfecto, aunque no lo parezca. Su altura y anchura son idénticas, aunque por su dimensión, nuestro ojo lo deforme un poco. Igualmente indicar que, por el mal de piedra, algunas de las estatuas que lo remataban se perdieron, Por este motivo fue objeto de una costosa restauración en 2003.
Sus bajorrelieves ilustran las batallas de Fleurus, Heliópolis, Marengo y Austerliz, mientras que las cuatro esculturas que se conservan son alegorías de la Devoción, Prudencia, Resignación y Fuerza.
Inspirándose en su colosal tamaño, los marselleses, con la ironía y humor que les caracteriza, inventaron la siguiente expresión que suelen pronunciar en dialecto occitano: “Tener un trasero tan grande como la Porte d´Aix”, que tal vez puedan copiar alguna vez y presumir de cultura, ingenio y originalidad.
LA MILLA DE ORO MARSELLA
Les proponemos ahora caminar relajadamente, dejando que nuestra vista se entretenga contemplando elegantes edificios burgueses de estilo parisino y tentadores escaparates, por el corazón comercial de Marsella. Rehabilitado en los últimos años, presenta una imagen renovada, limpia y acogedora. Con algunas de sus calles peatonalizadas, en esta zona se concentran, tanto las firmas de diseño más exclusivas, las tiendas gourmet más selectas o las joyerías más lujosas, como los comercios de ropa juvenil más atrevidos, las cadenas internacionales de moda asequible o los negocios tradicionales. Ofrece, por tanto, opciones para todos los gustos y bolsillos. Su arquitectura típica (de clara influencia genovesa) y bullicioso ambiente nos encantarán.
Frente al puerto y, a modo de cuadra, nuestro recorrido comenzaría por la rue la Canebière. A la izquierda de la misma encontraremos la Oficina de Turismo y un moderno e interesante centro comercial llamado La Bourse. Después les recomendamos girar a la derecha para tomar la calle peatonal de Saint-Ferréol hasta llegar hasta la rue Vacon, donde giraríamos a la derecha de nuevo en dirección a la Opera, armonioso edificio neoclásico que es el más solemne templo lírico de la ciudad. Desde aquí llegaríamos al puerto de nuevo.
No lejos de la Opera, existió otra sala de música que, con sus espectáculos mucho más populares y múndanos, brilló con luz propia en la noche marsellesa. Alcazar era su nombre y programaba sobre todo géneros tan amados por los franceses como la revista, la opereta o el cabaret. En no pocas ocasiones era testigo de la ira y enfado del público marsellés, considerado el más exigente y crítico de Francia.
Hoy de este lugar solo queda la entrada, integrada en la Biblioteca Pública Regional que se construyó sobre su solar pero, hasta su cierre en 1966, recibió la visita y elogios de grandes celebridades y estrellas de la edad de oro de la música y el cine franceses.
Precisamente, en 1970, se rodaría en Marsella una película que supo captar esa atmósfera algo canalla y violenta de la ciudad antes de la Segunda guerra Mundial. Titulada “Borsalino”, fue protagonizada por los apuestos Jean Paul Belmondo y Alain Delón, quienes interpretan a dos hábiles y chulos estafadores que se ven envueltos en una peligrosa trama criminal. El enorme éxito del film difundió internacionalmente una imagen y estética de la ciudad demasiado estereotipada aunque muy atractiva y que, en parte, se han mantenido hasta hoy en día.
¡Ojo, recuerden que, como sucede en toda Francia, los comercios suelen estar cerrados los domingos!.
UN PUERTO PARA SOÑAR
Cómo habrá podido comprobar, Marsella ha sabido sobreponerse a los avatares de la historia sin perder su esencia. En el viejo puerto (vieux port), a pesar de que fue bombardeado por los alemanes en 1943 y transformado recientemente como puerto turístico, aún se sigue respirando el aroma de los grandes viajes y de las tierras lejanas, de las ilusiones rotas y los sueños cumplidos, de las promesas eternas y de los amores efímeros.
Cada mañana, entre los modernos yates deportivos, como si se tratará de una escena costumbrista de una antigua película francesa, aún aparecen las coloridas barcas de los pescadores. Sus tripulantes, que han pasado la noche en alta mar, con sus ásperas barbas y típicos chalecos amarillos, charlan animadamente con un fuerte acento local mientras recogen las redes y descargan bonitos, lubinas y otros peces, que serán inmediatamente vendidos en puestos improvisados.
Junto al muelle, se agolpan los cafes y bistrot que, incluso durante los meses de invierno sacan las mesas a la calle. Siéntese en una de ellas a contemplar el milagroso espectáculo de los ritos y gestos cotidianos que todavía se mantienen vivos, mientras degusta una sabrosa Bullabesa. Humilde sopa tradicional elaborada con los restos del pescado que no se vendía, es realmente exquisita.
Esta receta, el mejor ejemplo de la autenticidad y sencillez que caracteriza a la gastronomía marsellesa, es la estrella culinaria por excelencia de cualquier carta o menú de los restaurantes típicos del puerto. En un puchero se cuecen -con patatas, tomate, especias y plantas aromáticas- diferentes sobras de pescados tales como el congrio, rape, salmonete...a los que, en muchas ocasiones, se les añaden cigalas, mejillones o langosta. Normalmente se sirve en dos platos: por un lado la sopa propiamente dicha y, por otro, el plato con el pescado, reogado con un buen chorro de aceite de oliva y acompañado con una salsa a base de ajo.
El mejor vino para compartir la Bullabesa es un blanco o rosado de la Provenza. Frescos y ligeros, resultan los más idóneos.
Su nombre deriva de la forma en que antaño se preparaba: era fundamental vigilar el fuego para que, en cuanto la cazuela empezara a hervir, se bajara.
Tras brindar con un vaso de pastis, licor mezcla de anís y agua nacida precisamente aquí, dese el capricho de tomar el ferry comercial más corto del mundo, para cruzar los 206 metros que separan ambas orillas del puerto.