SANTILLANA DEL MAR





UNA REGRESIÓN AL PASADO
Resulta muy difícil escoger el punto desde el que obtendremos la mejor vista de Santillana del Mar, ya que el municipio entero en sí, supone un único mirador. Sea cual sea el punto de Santillana en el que nos encontremos, estaremos rodeados por su enorme belleza embaucadora. Toda la villa posee un gran encanto y esta es la razón por la que en el año 1943 fue declarada Conjunto Histórico-Artístico. De hecho, estamos en uno de los municipios pertenecientes a la red de ”Los pueblos más bonitos de España”.
Así que preparen sus cinco sentidos y... ¡comencemos a disfrutar de Santillana del Mar!
El gran atractivo de Santillana reside en su aspecto medieval. Su casco histórico está conformado casi íntegramente por cuidadas construcciones homogéneas de piedra. Así mismo, el patrimonio histórico de la villa está realmente bien conservado. Estos aspectos hacen que podamos disfrutar plenamente del pasado, pero en el presente.
Pero hay un punto en concreto en Santillana en el que se condensa toda su esencia medieval. Se trata de la Plaza Abad Francisco Navarro, situada en lo alto de la calle Río. Visitar esta plaza es hacer un viaje al pasado y volar hasta el medievo. La retrospección que se siente aquí es tan fuerte que vamos a necesitar un pellizquito para regresar a la realidad. Y es que desde esta plaza-mirador tendremos una vista de 360º al pasado.
Esta plaza está presidida por la imponente fachada de la Colegiata de Santa Juliana, que deja boquiabierto a todo aquel que la puede admirar in situ. Este gran templo románico es la gran joya de Santillana del Mar y precisamente frente a su fachada principal es donde se siente todo su poderío.
Pero la Plaza Abad Francisco Navarro tiene otros tesoros y para descubrirlos vamos a tener que girar sobre nuestros pies y dar la espalda a la Colegiata, con el permiso de la Gran Dama Románica … Al hacerlo, la vista que se nos presenta ante nuestros ojos es espectacular.
La empedrada calle Río desciende ante nosotros jalonada por casonas blasonadas y con floridos balcones de madera y de hierro forjado. Y en mitad de la calle, un encantador lavadero de piedra y madera. Este lavadero data del siglo XVI y desde entonces su manantial no solo ha servido para lavar ropa sino también como abrevadero para dar de beber al ganado.
Y en esta misma posición queda a nuestra derecha el Museo del Barquillero, toda una regresión a la infancia. Juguetes y utensilios utilizados por los barquilleros conforman una deliciosa colección que homenajea a estos artesanos que hicieron felices a tantísimos niños.
Este museo de la felicidad se sitúa dentro de la Casa de la Archiduquesa Margarita de Austria, antigua Casa de los Abades. Fue en este palacio donde esta infanta de la Casa Habsburgo, hija del archiduque Leopoldo Salvador, encontró cobijo al verse obligada a emigrar tras la caída del Imperio Austrohúngaro a principios del siglo XX.
¡Desde esta plaza centinela viajaremos al pasado por sus espectaculares vistas de 360º!
Direcciones:
Plaza Abad Francisco Navarro
39330 Santillana del Mar, Cantabria
Lavadero de Santillana del Mar
Plaza Abad Francisco Navarro 19
39330 Santillana del Mar, Cantabria
Museo del Barquillero (Casa de la Archiduquesa Margarita de Austria,)
Calle Río 19
39330 Santillana del Mar, Cantabria
¡UN BUEN POTAJE!
Santillana del Mar se encuentra en la Comunidad Autónoma de Cantabria, cuyo afortunado territorio reúne en una sola provincia diferentes formas de relieve que hacen que su visita sea muy completa. En su parte más septentrional tenemos una línea de municipios costeros que miran al Mar Cantábrico, en su área más meridional, las elegantes montañas de la Cordillera Cantábrica y en mitad de ambas zonas, un sinfín de suaves valles cubiertos por verdes praderas. Con razón los cántabros aman su Tierruca, nombre cariñoso con el que se refieren a su querida región.
La geografía cántabra y su clima bastante lluvioso condicionan su gastronomía. En estas suaves y fértiles praderas es donde se cría y donde pasta el preciado ganado vacuno cántabro, que nos proporciona una carne y una leche, ambas de primerísima calidad. Pero es la zona de montaña donde nació el plato estrella de la gastronomía cántabra: el cocido montañés.
Los platos de cocido son casi tan antiguos como la humanidad. Los antiguos espartanos ya incluían en su dieta un potaje a base de vísceras de cerdo. Con el paso del tiempo, las recetas de puchero fueron mejorando, tanto que sus virtudes quedan reflejadas a lo largo de la literatura española en obras literarias del rey Alfonso X o de Calderón de la Barca.
En España existe todo un mosaico de cocidos, cuyo componente estrella va variando dependiendo de la región. En los cocidos madrileños el ingrediente clave es el garbanzo, en Galicia es la patata y la verdura, en León es la carne y en Asturias y Cantabria es la alubia. Además, en cada comarca reciben un nombre diferente. El potaje más famoso de Cantabria se llama cocido montañés o puchera y es todo un placer meter este manjar “entre pecho y espalda”, sobre todo en los días más húmedos.
Los ingredientes del cocido montañés son alubias, berza y el llamado compango de la tierruca, que es todo el acompañamiento de carne ahumada que lleva el cocido y que está compuesto por costilla, morcilla, chorizo y tocino. A pesar del sabor ahumado que aporta el compango, el ingrediente clave que otorga a este cocido un gustillo muy particular y muy suculento es precisamente la berza.
Este calórico plato fue concebido para aportar al ganadero cántabro una gran munición de energía y que así pudiera afrontar sus duras y frías jornadas llenas de caminatas por las montañas y de duros trabajos a la intemperie. Hoy en día se ha convertido en la receta estrella de todos los fogones de la región y se puede degustar en cualquier restaurante en todas las épocas del año. ¡Un buen aporte de energía a modo de cocido montañés siempre viene bien!
¿Y qué tal un orujo de Cantabria en el postre para facilitar la digestión tras el cocido montañés?
¡La Tierruca siempre tiene remedios para todo!
DULCES TERRENALES Y CELESTIALES...
¿Puede haber algo más reconfortante que un buen bizcocho untado en leche o en un café calentito? Realmente difícil, ya que esta combinación da la vida, hace entrar en calor a los cuerpos más destemplados y hasta ayuda a curar las penas del alma. Esto lo sabe bien la dulce Santillana, que además de bella, es muy sabia.
Santillana del Mar está llena de establecimientos y de obradores que nos ofrecerán fabulosos dulces elaborados en la comarca, todos una auténtica delicia. Entre ellos, los más célebres son las quesadas y los sobaos, que podremos adquirir en obradores para llevar con nosotros o que podremos degustar en el local acompañados de un buen vaso de leche de vaca cántabra.
Sí, de esa leche recién ordeñada y hervida que nos dejará el bigotito blanco...
¡Conozcamos mejor los dulces cántabros, compra obligada en Santillana del Mar!
Muy cerca de Santillana se encuentra la vecina comarca de los Valles Pasiegos, cuna de muchos de estos dulces y es por ello que en la villa veremos muchos postres con ese apellido, como la quesada pasiega, que es una tarta de queso con limón y canela, pero sin la base de galleta. Tiene un ligero sabor dulce, se puede tomar fría o caliente y se vende entera o en porciones.
La quesada pasiega es todo un manjar inolvidable.
Otro producto de compra casi obligatoria en Santillana del Mar son los sobaos, que son los dulces más célebres dentro de la gastronomía cántabra. Se trata de unos bizcochos elaborados con ingredientes básicos pero procedentes del entorno rural de la comarca.
Esta materia prima de alta calidad unida al buen hacer de los maestros reposteros cántabros dan como resultado estos jugosos bizcochos, que se sirven depositados en el propio molde de papel individual en el que han sido cocinados en el horno. Los hay de todos los tamaños, pero siempre tienen forma cuadrada o rectangular.
Estas delicias geométricas deben su origen a las campesinas que preparaban los sobaos con masa de pan enriquecida con miel, huevos y mantequilla. Hoy en día se elabora de forma parecida pero sin agua en su masa. Para un resultado jugoso y de miga esponjosa y amarilla, es básico que los huevos sean camperos y la mantequilla pasiega. Ahí reside el secreto de los sobaos pasiegos...
En Santillana son muchos los acogedores obradores en los que podremos adquirir quesadas y sobaos. Pero les vamos a ofrecer otra opción en la que la compra en sí ya supone toda una experiencia y es visitar a las monjas clarisas del Monasterio de San Ildefonso, donde venden los dulces que ellas mismas elaboran en su propio obrador.
La especialidad de estas religiosas es un bizcocho llamado “tableta” y bajo este rudo nombre se esconde un bizcocho muy delicado, pero atención... ¡es casi adictivo!
Ya lo avisó una afamada repostera de la Tierruca… “quien no se tome un vasuco de leche y un bizcocho, no se casa”. ¡Y es que la combinación es pura salud!
Dirección:
Monasterio de San Ildefonso (Venta de repostería de las Hermanas Clarisas)
Avenida Le Dorat 4
39330 - Santillana del Mar
LA GRAN DAMA ROMÁNICA
Preparen sus cámaras porque van a posar ante un tesoro digno de ser retratado una y mil veces. Hablamos de la fachada principal de la Colegiata de Santa Juliana, joya románica del siglo XII. Para llegar a la Colegiata basta con tomar cualquiera de las calles principales de Santillana.
¡Conozcamos desde sus orígenes el mayor tesoro románico de la Cornisa Cantábrica! Durante la Gran Persecución a los cristianos del siglo III, antes de la legalización del cristianismo en el Imperio Romano, el emperador Diocleciano ordenó la matanza de miles de cristianos por su fe cristiana.
Entre tantos jóvenes que dieron sus vidas por no abandonar el cristianismo estaba Iuliana de Nicomedia (antigua ciudad en la actual Turquía).
Esta joven fue martirizada por negarse a contraer matrimonio con un oficial romano, siendo posteriormente santificada convirtiéndose así en Santa Iuliana.
A finales del siglo IX, unos monjes peregrinos trajeron las reliquias de esta santa hasta un pequeño poblado cántabro y las depositaron en un antiguo monasterio primitivo.
En este primer monasterio vivieron monjes benedictinos hasta que a mediados del siglo XII fueron sustituidos por monjes de la Orden de San Agustín. Fue entonces cuando el monasterio obtuvo el rango de Colegiata y comenzaron las obras del edificio que vemos en la actualidad.
Este nuevo monasterio con rango de Colegiata se edificó sobre el primitivo, del que ya no queda ningún resto y se hizo con la finalidad de repoblar la zona y de exhibir las reliquias de la santa. La Colegiata y la aldea que fue surgiendo a su alrededor gracias a la repoblación tomaron el nombre de Sancta Iuliana, que con el tiempo derivó en Santillana.
Esta obra de sillería en piedra arenisca se elevó siguiendo el modelo románico europeo que estaba entrando en Castilla a través del Camino de Santiago, esto es, con planta basilical y tres naves rematadas en tres ábsides semicirculares.
Su fachada principal, orientada al sur, cuenta con un amplio y descubierto atrio, construido sobre el antiguo cementerio y cuyo acceso está vigilado por dos leones de piedra.
Impresiona especialmente la portada románica de su fachada principal, formada por un gran arco de medio punto con arquivoltas carentes de decoración pero sujetas por columnas cuyos capiteles tienen decoración vegetal y animal.
Y sobre el arco, el friso con su magnífico grupo escultórico que contiene estatuas de apóstoles, de obispos, de Adán y Eva y un espectacular Pantocrátor bendiciendo con la mano derecha y portando en la izquierda el Libro de la Vida.
Llaman la atención los cuatro ángeles que rodean al Creador, que están en horizontal y paralelos. Y todo esto coronado por un frontis barroco del siglo XVIII en el que descansa una imagen de Santa Juliana en una hornacina. Además de la fachada principal, es un lujo rodear la Colegiata y descubrir los añadidos que se fueron sumando a lo largo del tiempo, como el claustro, la capilla gótica y la torre de las campanas.
Todos estos elementos convirtieron a la Colegiata en el maravilloso conjunto que disfrutamos hoy, declarado Monumento Nacional en 1889.
Dirección: Colegiata de Santa Juliana, Plaza las Arenas 1. 39330 Santillana del Mar, Cantabria
UN ARTISTA AGRADECIDO Y SU BELLO LEGADO
Érase una vez un vecino tan enamorado de su pueblo que al morir, dejó su más amado legado al municipio. Este hombre era un magnífico escultor y su herencia fueron sus obras de arte.
El artista es Jesús Otero y el pueblo, Santillana del Mar. Ambos son los protagonistas de una bonita historia de gratitud.
Jesús Otero Oreña nació en la cántabra villa de Santillana del Mar en el año 1908, donde creció en este municipio estudiando como cualquier joven del pueblo, con la diferencia que mientras lo hacía, también esculpía.
De esta manera, con la temprana edad de 16 años ya pudo presentar sus primeras obras en una exposición en el Ateneo de Santander.
Fue en esta ciudad donde comenzó sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios y gracias a una beca de la Diputación de Santander que consiguió cuando tenía 21 años, pudo continuar con su formación en la célebre Real Academia de Artes de San Fernando de Madrid.
Fue en esta prestigiosa escuela donde recibió gran influencia de otros maestros escultores, lo que le ayudó a definirse como artista.
Regresó a Cantabria dos años más tarde, en 1931 y comenzó una vida siempre muy relacionada con el arte de la comarca. A lo largo de su trayectoria, fue compaginando su trabajo como escultor con diferentes funciones relacionadas con el arte, como ser Delegado de Bellas Artes en Santillana o como participar en reuniones intelectuales.
Su magnífico trabajo le aportó diferentes premios a lo largo de su vida, pero el reconocimiento que recibió con más orgullo fue el de Hijo Predilecto de Cantabria, en 1988. Años más tarde, en 1993, Jesús Otero donó en vida toda la obra que poseía al municipio de Santillana del Mar, incluido su material de trabajo, y con este fondo se inauguró ese mismo año el Museo Jesús Otero en la sede de su escuela-taller. El artista falleció al año siguiente a la edad de 86 años en su casa de Santillana.
Así fue la hermosa historia de gratitud entre un artista y la tierra que tanto le ayudó a aprender. Podremos ser testigos de esta bella relación al visitar el Museo Jesús Otero, situado al lado de la Colegiata de Santa Juliana.
En este museo gratuito se exponen medio centenar de obras del escultor, en piedra y en madera, y en las que queda muy patente su amor por la naturaleza ya que muchas de sus obras representan animales.
Este maestro del cincel fue capaz de dar vida a sus amigos de piedra dotándolos de expresividad y de alma. La mayoría de las piezas se encuentran en el interior de la casona que acoge el museo, donde encontraremos esculturas, bocetos y su material de trabajo.
Pero otras obras están expuestas en el jardín del museo debido a su gran tamaño.
No se pierdan esta colección con la que un hombre pudo agradecer a quien tanto le dio. Por cierto, ya conocen una obra de Jesús Otero… ¡el bisonte de piedra de la Plaza Mayor!
Dirección:
Museo y Fundación Jesús Otero
Plaza Abad Francisco Navarro s/n
39330 Santillana del Mar, Cantabria
UN PASADO MUY SINIESTRO
Les vamos a hacer una confesión … En Santillana del Mar no todo es belleza y dulzura. También tiene su lado oscuro y hay que ser muy valiente para querer conocerlo, porque es muuuuy oscuro… Pero una vez que lo hagan, ¡querrán saber más y más sobre este siniestro lugar!
Los adoquines de las calles de Santillana, las flores de sus balcones, sus tiernos bizcochos, su Gran Dama Románica… Todos, absolutamente todos ellos guardan silencio cuando se les pregunta por este lugar… Y no es para menos, ya que aunque forma parte de la historia del hombre, deja sin palabras a quienes lo conocen. Es el Museo de la Tortura de Santillana del Mar.
En esta exposición permanente se exhiben más de 50 artículos utilizados en torturas, en humillaciones públicas o en ejecuciones que tuvieron lugar desde finales de la Edad Media hasta el siglo XVIII, muchos de ellos utilizados por la Santa Inquisición en muchas partes de Europa. El museo está dividido en varias plantas y consigue un ambiente muy adecuado gracias a una tenue iluminación.
Nada más entrar, nos recibe la imponente figura de un hombre vestido con un sambenito, que es una túnica que se usaba en origen como penitencia. El pecador, al vestirla públicamente, mostraba su arrepentimiento por una falta. Más adelante, la Inquisición Española obligaba a vestir esta prenda a todo aquel que era condenado por el tribunal. La túnica no era más que un rudo saco que había sido previamente bendecido por un cura. Y “saco bendito” derivó en “sambenito”. El “modelito inquisidor” se complementaba con una coroza, un capirote cónico muy alto con el que el reo quedaba más señalado todavía.
El museo cuenta con tres pisos, llenos de objetos, artilugios e instrumentos capaces de realizar con ellos las más dolorosas o humillantes torturas. El abanico de dolor abarca desde “collares para vagos” que ridiculizaban al portador hasta los más terribles potros de tortura. Y todos ellos acompañados de un cartel indicando cómo se utilizaban, a quién se aplicaban y en qué países se empleaban.
Es curioso leer que el uso de algunos de estos instrumentos no es tan lejano en el tiempo como podemos pensar… Guillotinas, armas de carceleros, sierras, espadas, hachas, jaulas, garrotes… un sinfín de instrumentos creados desde la maldad y para la maldad. Pero por muy terribles que sean, forman parte de la historia y la visita a este museo vale mucho la pena en muchos aspectos.
Puede resultar paradójico pensar que en un lugar tan encantador como es Santillana del Mar, que es casi de postal, pueda existir un Museo de la Tortura, pero muchas veces hay hechos de nuestro pasado que no debemos olvidar jamás, por el bien de nuestro presente y de nuestro futuro. ¿No están de acuerdo...? Y precisamente para evitar que estos hechos se repitan, existen este tipo de museos. No vaya a ser que el romanticismo y la nostalgia nos adulteren el pasado...
Dirección:
Museo de la Tortura
Calle Bertrand Clisson 1
39330 - Santillana del Mar, Cantabria
AHÍ DONDE SE PARA EL TIEMPO…
En un punto anterior hemos conocido la historia y la fachada principal de la Colegiata de Santa Juliana, pero los tesoros que hay en su interior son punto y aparte. Y nunca mejor dicho… Un claustro con mensajes mágicos, las reliquias de una santa, un Lignum Crucis… Nuestra Gran Dama Románica sabe conservar muy bien los secretos en su interior, desde luego.
La Colegiata también tiene su claustro, al igual que el resto de monasterios. Es ese patio alrededor de un jardín que rezuma serenidad por sus cuatro costados y por cuyas galerías los monjes meditaban. El de la Colegiata tiene un poder oculto: esconde muchos mensajes alegóricos en sus capiteles. Sus galerías se abren al jardín a través de unos arcos apoyados sobre columnas dobles, o en algunos casos, cuádruples. Todas estas columnas poseen una decoración en la que residen mensajes encriptados.
En total son 42 capiteles cuya decoración, al igual que la de todos los canecillos del monasterio, está compuesta por animales, vegetales, figuras geométricas y escenas humanas. Todos estos elementos decorativos son símbolos relacionados con la religión y que pretenden transmitir mensajes del Bien y del Mal y de la fuerte necesidad del Perdón Divino para salvarse del infierno. Plantas, frutas, animales, seres monstruosos… puros símbolos que hacían llegar al pueblo el mensaje religioso. Además, las figuras humanas representan en su mayoría escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, así como del Apocalipsis.
Recorran lentamente el perímetro de este claustro e intenten interpretar los capiteles de sus columnas. Casi todo su conjunto escultórico es románico, de finales del siglo XII, pero en el claustro encontraremos además elementos de otros estilos posteriores ya que a lo largo del tiempo se fueron sucediendo más obras.
¡De ahí que en una esquina exista una capilla gótica!
La iglesia de la Colegiata custodia varios tesoros. Uno de los más importantes es una reliquia de Lignum Crucis, que es un pedazo de la Cruz de Cristo. Se guarda en un precioso relicario del siglo XV con forma de cruz gótica de plata. Esta reliquia fue donada a principios del siglo XV por el abad del Monasterio de Santo Toribio de Liébana al abad de la Colegiata con la finalidad de que los peregrinos que pasaban por Santillana para visitar las reliquias de Santa Juliana, pudieran también adorar el Lignum Crucis. ¡Pedazo de regalo!
¿Más tesoros de la iglesia de la Colegiata? Podríamos continuar largo y tendido... En el centro del crucero se encuentra el sepulcro de Santa Juliana, cuyas reliquias reposan en una arqueta. Sobre el altar mayor encontramos un gran retablo con tablas decoradas con escenas del martirio de la Santa. En la capilla bautismal, una espectacular pila románica acompañada por una imagen del Creador…
Son muchos los tesoros de la Colegiata, pero uno de los mejores es esa sensación que se siente al recorrer su claustro. Les aseguramos, amigos, que al hacerlo se paraliza el tiempo.
Dirección:
Colegiata de Santa Juliana
Plaza las Arenas 1
39330 Santillana del Mar, Cantabria
UN MUNDO MUY ESPECIAL
A menos de un kilómetro de Santillana del Mar existe un mundo muy diferente al humano. Es un universo muy especial, habitado por muchísimos seres maravillosos. Los hay de todos los tamaños, formas, colores y aspectos y todos ellos nos están esperando en el Zoo de Santillana del Mar. ¿Vamos a conocer a estos nuevos amigos y aprovechamos para dar un paseo?
Este magnífico parque zoológico y botánico se extiende a lo largo de 6 hectáreas de terreno en el que viven más de 4000 seres vivos de unas 410 especies diferentes. No solo impresiona su fauna... ¡su flora también es espectacular! Para no perdernos ninguna de sus especies, vamos a recorrer el parque siguiendo sus zonas temáticas.
Este zoo tiene una máxima a la que dedica un gran esfuerzo desde su apertura en el año 1977 y es la conservación de animales en peligro de extinción. Para ello cuenta con 38 programas diferentes de conservación de la biodiversidad. Gracias a los esfuerzos titánicos de este zoo, no se han extinguido muchas especies que están amenazadas en su propio hábitat, como por ejemplo, Orangutanes de Sumatra o Panteras de las Nieves. ¡Bravo por ellos!
Para realizar el recorrido del zoo basta con seguir los números y las huellas que hay en el suelo. La visita comienza atravesando el Parque Cuaternario, zona en la que se pueden observar animales que ya vivían por estas tierras en la época prehistórica del Hombre de Altamira, hace unos 14.000 años.
Entre ellos veremos urogallos, buitres leonados, lobos, ciervos, jabalíes y muchos más… ¡Incluso osos pardos!
Tras el Parque Cuaternario, llegamos a la parte preferida por muchos… ¡la zona de los primates! Aquí podremos observar orangutanes, chimpancés, titíes y lemures. Muchos de ellos forman parte de Programas de Conservación para asegurar su especie.
¡Otro bravo por el zoo!
Dejando atrás a los simpáticos primates, se llega al acuaterrario donde viven cientos de peces y de reptiles. ¡Algunas serpientes miden 4 metros! Tras ellos, viene la zona de los grandes felinos, donde casi podremos hasta escuchar la respiración de tigres, panteras, leones y leopardos. Ufff, qué respeto dan…
Y de repente, llegamos al jardín de las Mariposas, un vergel tropical por el que pasearemos con cientos de mariposas revoloteando a nuestro alrededor. ¡Un sueño hecho crisálidas!
Tras cruzar el mariposario, llegamos a la fabulosa zona de los grandes aviarios, donde aprenderemos mucho sobre aves, ya que las podremos ver sin barreras en su propio hábitat. Flamencos, pelícanos, grullas, loros, agapornis, espátulas … ¡y muchas aves más volando sobre nosotros!
Ya al final del recorrido, hay una zona muy especial llamada la Granja, donde se puede disfrutar de la cercanía de muchos animales domésticos, como cabras, burros, ovejas, conejos o gallinas. Y por si alguien quiere practicar el trabajo de un granjero, hay una vaca de plástico para aprender a ordeñar...
Es toda una experiencia recorrer este zoo, cuyos principales objetivos son la conservación de muchas especies amenazadas y que el ser humano aprenda mucho de sus amigos, los animales.
Tiempo aproximado del recorrido del zoo: 1 hora
Precio entrada niños 0-3 años : gratuita
Precio entrada niños 4-12 años : 12 euros
Precio entrada adultos (más de 13 años) : 22 euros
Dirección:
Zoo y Parque Cuaternario de Santillana del Mar
Avenida del Zoo 2
39330 Santillana del Mar, Cantabria
LAS JOYAS DE LA ANTIGUA PLAZA DEL MERCADO
Otro punto aglutinador de la belleza de Santillana del Mar y además un buen lugar para disfrutar lentamente de su esencia, es su Plaza Mayor. Con su forma triangular supone el punto de encuentro de los edificios más importantes de la villa, como por ejemplo su precioso ayuntamiento que preside unos de los laterales de la plaza con su magnífico balcón corrido siempre tan florido.
Para gozar de esta plaza y de sus edificios, lo mejor es sentarse en una de sus terrazas o en uno de los muchos bancos de piedra repartidos a lo largo de su perímetro. Una vez allí, podremos saborear tranquilamente sus joyas arquitectónicas y las disfrutaremos en orden cronológico, yendo desde su edificio más antiguo hasta el más reciente, mientras disfrutamos del ir y venir de locales y de turistas.
Comenzamos nuestra visita circular a la Plaza Mayor en la Torre del Merino, uno de los edificios más antiguos de Santillana y que además conserva su aspecto original. Reconocerán esta antiquísima torre del siglo XIV porque está rematada por almenas. Se llama así porque fue la vivienda del Merino Mayor, que era el representante del rey en la Merindad de las Asturias de Santillana. Ahí es nada…
Dirigimos nuestra mirada hacia la izquierda y encontramos la casa-torre que preside la Plaza Mayor, la Torre de Don Borja. Debe su nombre a Francisco de Borja Barreda, que fue el último titular del mayorazgo de la familia Barreda. Con su planta cuadrada y sus tres plantas, esta torre gótica del siglo XV es actualmente sede de la Fundación Santillana, dedicada a proyectos culturales y que acoge una espectacular biblioteca especializada en Iberoamérica.
Seguimos nuestra panorámica por la Plaza Mayor de Santillana y tras el ayuntamiento veremos dos casas adosadas pero que tienen dos estilos muy diferentes.
La más próxima al ayuntamiento es la Casa de la Parra, casona gótica del siglo XVI que debe su nombre a una gran parra cuyas ramas recorrían su fachada, pared cubierta hoy en día por una enorme pantalla de entramado de madera y ladrillo. Más a la izquierda y adosada a la Casa de la Parra tenemos la Casa del Águila, típica casa nobiliaria barroca del siglo XVII, que recibió su nombre por el águila que domina el escudo central de su fachada.
Y frente a las dos casas, la escultura Homenaje al Hombre de Altamira, un bisonte de piedra cuya forma recuerda a los bisontes pintados en las Cuevas de Altamira y que homenajea a estos primeros pobladores prehistóricos de la comarca.
Tras conocer mejor los edificios más emblemáticos de esta plaza, es hora de disfrutarlos con la mirada mientras rememoramos el transcurrir de sus siglos y disfrutamos de sus casonas y de sus aceras adoquinadas sentados plácidamente en la antigua plaza del mercado de Santillana, hoy llamada Plaza Mayor o Plaza Ramón Pelayo.
¡Incluso podremos beber agua de su fuente barroca enmarcada en cordones trenzados!
Dirección: Plaza Mayor o Plaza Ramón Pelayo. 39330 Santillana del Mar, Cantabria