MONTE SAINT-MICHEL





LA TOUR DU NORD ESPECTACULARES VISTAS. LAS MAREAS DEL MONT SAINT MICHEL
La Tour du Nord es un lugar fascinante para sacar fotografías panorámicas tanto de la bahía como de la iglesia de San Miguel, de hecho, es un balcón-mirador en lo alto de una torre de defensa de la montaña-isla muy bien conservada, desde ahí verás toda la inmensidad de la bahía. Como su emplazamiento está dentro de la montaña, pero lo suficientemente alejada de la iglesia de San Miguel, (a pesar de estar a sus pies), también te permitirá obtener unas excelentes vistas de esta.
Merece la pena subir y quedarse un rato observando la inmensidad, a no ser que vayas en una época con muchísimo turismo y solo puedas pasar allí un poco de tiempo para cortésmente dejar espacio al siguiente viajero y que él también pueda disfrutar de las vistas incomparables. Quizás también alcances para ver desde allí el islote de Tombelaine, también en la bahía, y que es una verdadera reserva de aves. Una de las cosas interesantes que quizás puedas ver desde allí además de la bahía y de la iglesia, y solo si tienes suerte, será la subida de la marea, que puede ser espectacular dependiendo de la época del año. En la bahía del Mont Saint Michel se producen las mareas más grandes de la Europa continental, que pueden llegar a una diferencia de 15 metros entre la pleamar y la bajamar, convirtiendo el monte en una isla rodeada de agua por todas partes debido a que en algunas ocasiones la marea supera el coeficiente 110 durante varias horas.
El fenómeno de las mareas tiene lugar dos veces al día dependiendo de la luna, transformando totalmente el paisaje. Cuando la marea es alta solo puedes acceder a la roca a través del puente pasarela a sus pies.
Estos tremendos cambios en la subida y bajada del mar son especialmente espectaculares en determinadas fechas del año y fases de la luna, por lo que caminar por las arenas alrededor de la montaña puede ser muy peligroso si no te has informado bien antes de los horarios de dichas crecidas, pero no te preocupes, en lo alto de esta torre estás seguro, y además las campanas de la iglesia avisan con bastante anticipación de la próxima subida de las aguas para los que se hayan aventurado a pasear a los pies de la montaña.
En tiempos más remotos de ignorancia generalizada de las mareas, muchos peregrinos que acudían al monte murieron ahogados por esta causa.
Indicaciones: Puedes acceder desde la escalera oeste. Pero también si sigues la muralla o la Grand Rue desde la entrada al recinto de la montaña.
COMIDA DE PEREGRINOS
Estas omelettes, tortillas en español, son una receta de la Mère Poulard, que puedes encontrar en el restaurante de la posada de la Mère Poulard en el corazón de la ciudad medieval del Mont Saint Michel, pero también en otros restaurantes ya que se ha vuelto una especialidad del lugar.
Es una tortilla soufflée. Para prepararla hay que batir bien los huevos en un recipiente de cobre hasta llevarlos al punto de nieve. A veces se les añade nata. Hay que batirlos con un batidor largo durante mucho tiempo y un ritmo especial. Se preparan en chimenea con fuego de leña. La tortilla puede llevar mantequilla, foie gras de Normandía y cordero que ha comido en los pastos salados regados por las mareas del lugar.
Siendo la montaña un lugar de visita de peregrinos, Mère Poulard desarrolló esta receta al ver lo hambrientos que estos llegaban al santuario. Debía prepararles un plato rápido y fácil que se pudiese hacer en cualquier momento del día. ¿Y qué somos nosotros sino eternos viajeros peregrinando de un lugar a otro para conocer maravillas con a veces tiempo reducido en nuestras correrías? Donde fueres haz lo que vieres, y en el Mont San Michel prueba esta deliciosa tortilla.
El diseñador Chrisrophe la hizo mítica al mencionarla en las "Aventuras de la familia Fenouillard". Cuando Anne Poulard nació en 1852, al monte le faltaban aún 20 años para abrirse al público ya que después de la Revolución Francesa había sido una prisión. Casada con el hijo del panadero del monte, dedicó toda su vida a sus pensiones, al monte y a su cocina. La primera posada se abrió en 1888, siendo enseguida llamada Mère Poulard por los peregrinos.
La llegada de la carretera trajo más peregrinos y su popularidad aumentó como puede comprobarse por los más de 3500 autógrafos y retratos de personalidades decorando los muros de la posada. Entre los visitantes ilustres está Eduardo VII de Inglaterra y su familia a principios del siglo XX. También el presidente norteamericano Roosevelt y Georges Clemenceau, amigo personal de la cocinera, así como varios miembros de la familia imperial japonesa.
Un acuerdo entre Francia y el Reino Unido se celebró aquí entre Margaret Tatcher y François Mitterrand. Hoy la posada tiene un restaurante abierto todo el año donde se puede ver como la tortilla se sigue haciendo a la antigua. También famosas son las galletas de mantequilla y chocolate de las muchas recetas que creó la Mère Poulard.
En este restaurante también podrás encontrar otros platos de pescado o de carne. Y si está lleno, no te preocupes, hay otros restaurantes que preparan la tortilla con la misma receta de esta señora.
Indicaciones:
Restaurante Mère Poulard: 18 Grande Rue.
La Sirène Lochet especializada en crepes y La Fringale en comida rápida están en la misma calle.
NORMANDIA EN EL PALADAR
Mont Saint Michel está en Normandía. Como todo lugar de peregrinos y turistas, tiene mucha oferta para llevar de recuerdo o regalo, estando su calle principal, la Grand Rue repleta de comercios muy sugestivos. Pero hay típicos productos gastronómicos que deberías conocer y probar allí, y otros que podrás llevar a casa de recuerdo o regalo.
La gastronomía normanda es rica en pescados y mariscos, quesos, como el Camembert o el Neuchâtel, pero como no vas a meter un pez en tu maleta ni un oloroso queso para que su aroma ya no salga más de tu ropa, te aconsejamos algo procedente de la humilde manzana y que bien protegido podrá llegar con seguridad a cualquier lugar, dentro de tu maleta facturada. En Normandía hay 10 millones de manzanos, así que se inventaron productos derivados de este fruto tan sano: La sidra, bebida alcohólica de baja graduación, el pommeau, aperitivo dulce y ligero, pero sobre todo el Calvados, una bebida muy particular. El Calvados es un aguardiente normando con denominación de origen desde 1942, obtenido por destilación de la sidra, procediendo su nombre del departamento francés así llamado. Primero se fermenta el mosto de manzana para producir sidra. Este puede ser mezclado con mosto de pera.
En Normandía hay 150 variedades de manzanas que van desde dulces a amargas y ácidas creando distintas variedades de calvados. El mosto fermenta 6 semanas convirtiéndose en sidra de 5 o 6 grados. Esta se destila en alambique consiguiendo un aguardiente de 42 a 45 grados.
Después, el calvados envejece en barricas de roble al menos dos años llegando a los 25.
El color oscurecerá con el tiempo, yendo desde VS (Very Special) con solo 2 años a Extra-XO, Napoleón, Hors d´age, etc. con más de 6 años, algo que estará reflejado en la etiqueta. Se puede consumir solo, como aperitivo, también acompañando quesos o postres y flambeando carnes, así como en crêpes y tartas. Como un carajillo español, café con un poco de brandy u orujo, el café calvo francés lleva un chorrito de calvados.
El trou normand (hueco normando) era una costumbre de tomar una copita de este licor entre plato y plato en comidas opíparas, usándose hoy en Normandía un sorbete de manzana o pera con o sin calvados tras los platos de carnes. El calvados es un buen y original producto para llevar a casa la esencia de Normandía y recordarla durante largo tiempo o compartirla con tus amigos.
Si no te gusta el alcohol, por todas partes verás bolsitas con pedazos de manzana desecada que podrás echar al agua hirviendo para preparar un delicioso té de manzana normanda, o simplemente comerla como chips. ¿Algo más sano, barato y natural?
Indicaciones: En Mont Saint Michel pasarás obligatoriamente por la Grand Rue, llena de comercios. En muchos encontrarás estos productos.
TODO EN UNA SOLA INSTANTÁNEA.
La mejor foto que vas a poder hacer de este mágico y mítico lugar es desde abajo, desde el puente pasarela que te lleva a los pies de la montaña y a donde llegarás en el transporte establecido desde el estacionamiento de tu bus. Ese lugar te permite una perspectiva completa de esta montaña-isla sobre las arenas del Océano Atlántico donde los monjes benedictinos decidieron construir una maravillosa abadía que se convirtió en 1979 en Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que es el principal destino turístico de Francia fuera de la región parisina, con más de tres millones de visitantes anuales.
El puente galería por el que llegarás, y al final del cual te aconsejamos sacar tus mejores fotos, está apoyado sobre 134 pilotes, dejando fluir el agua y sustituyendo el acceso tradicional por un dique que impedía que la arena y el agua circularan libremente alrededor del Mont Saint Michel y que fue destruido, recuperándose de ese modo la forma insular del lugar. El puente fue construido por el equipo Dietmar Feichtinger siendo un discreto enlace a la montaña. Tiene un acceso para vehículos a motor y otro para peatones. Con 760 metros de longitud, 6.5 metros de anchura en su parte central que llegan a 8.50 en el terminal a unos 300 metros del acceso al muro de defensa del monte, los estudios para el trabajo comenzaron en 1995 y su construcción se prolongó durante 12 años desde el 2006, comenzando en el 2011 las obras para el acceso peatonal.
El presupuesto total del acceso de peatones y vehículos ascendió a 184 millones de euros. Visualmente la estructura es de una línea muy fluida, y a pesar de su minimalismo para no interferir en la belleza del lugar, su diseño y funcionamiento son complejos y ambiciosos. Durante las mareas más altas, el agua se encuentra por debajo del nivel de la cubierta, dando la impresión de caminar sobre el agua. Al final del puente, hay una plataforma de hormigón sumergida durante la marea alta sólo varios días al año.
Este proyecto ayuda a prolongar el horario de visita al monumento beneficiando a comerciantes y hosteleros del lugar, así como a turistas, dado que anteriormente, por causa de las gigantescas mareas que se dan en este lugar, el antiguo acceso quedaba inundado, y los horarios de visita eran reducidos dependiendo de las crecidas que impedían visitar el monte parte del día.
Indicaciones: Justo cuando los buses locales que allí te llevan desde el aparcamiento de tu bus terminan su recorrido, bajarás de estos al final de este puente y ya podrás comenzar a hacer tus mejores fotos de camino a la puerta principal al recinto de la montaña.
CASA DE LA ALCACHOFA
¿Sabes lo que es una alcachofa? Es el capullo de la flor de un cardo muy grande que se corta antes de abrirse y se cocina de diversas maneras teniendo un sabor estupendo y teniendo muchas propiedades beneficiosas para la salud como ser diurética y buena para las funciones hepáticas. Y me dirás, ¿A qué viene hablar de esta verdura en el Mont Saint Michel?
Pues esta pequeña población que rodea uno de los santuarios más importantes del mundo tiene casas preciosas construidas en tiempos lejanos que por sus especiales características han sido declaradas Monumentos Históricos por la República Francesa, y uno de ellos es esta casa que se llama Casa de la Alcachofa por un pequeño fastigio, un adorno de plomo con un parecido a esta flor que se encuentra sobre un pequeño chapitel que está sobre una ventana de la buhardilla. La casa se declaró Monumento Histórico en el año 1936.
Esta casa es una casa dependiente de la antigua hotelería de "la Licorne" que está también clasificada como monumento histórico en su edificio principal. La Maison de l´Artichaut tiene el techo y algunas de sus paredes exteriores con láminas de madera que la protegían del viento y la lluvia o la nieve como era costumbre construirlas en otros tiempos.
Es un lugar muy pintoresco que puede darnos una idea de cómo eran los pueblos franceses cuando sus edificios se construían principalmente de madera. Desafortunadamente esta bella arquitectura, unida a la falta de electricidad y al continuo uso de velas, lámparas de aceite y hogares de leña tenía el grave problema de que se desataran muchos incendios en las casas, y bastaba para que una chispa saltase a otra para que el fuego se propagase con rapidez por toda la población y a veces ciudades enteras fuesen pasto de las llamas. Esto llevó a que en la época francesa conocida como de los Intendentes, se dejara atrás el uso de la madera para la construcción adaptándose el de la piedra que era mucho más difícil de quemarse.
Indicaciones: Se encuentra en la Grand Rue, la calle principal del Mont Saint Michel y tiene un pasadizo para pasar por debajo. Una excelente vista de esta casa, quizás la mejor, la tendremos caminando por las murallas con otras casas muy bonitas junto a esta a un lado y con el mar al otro.
CARACOLES CON RENOMBRE
Seguro que has oído hablar los caracoles en Francia porque son más famosos y de cómo los franceses se los comen, pero es más difícil que hayas escuchado hablar de los caracoles marinos llamados bulot o buccin en francés o bocina en español. ¿Te atreverías a degustar un plato de estos animalitos en tu visita al Mont Saint Michel? Son muy comunes allí, y disfrutarás de un sabor de mar nuevo que probablemente desconocías. Este molusco marino pertenece como los caracoles a la familia de los gasterópodos y solo vive en las costas del océano Atlántico norte desde Europa a Norteamérica porque necesita aguas frías para su vida y desarrollo. Son muy comunes en toda la región de Normandía.
El cuerpo de este animal marino tiene un pie blanco y negro que es la parte comestible. Su concha es muy dura, amarilla o marrón y cuando está vivo solo saca al exterior su pie y su cabeza. Cuando el animal se refugia en su concha, se termina de proteger con un pequeño disco marrón claro que le defiende perfectamente de sus depredadores, replegándola cuando quiere salir y alimentarse.
El cuerpo y concha crecen paralelamente. El boulot vive en fondos oceánicos arenosos hasta los 200 metros de profundidad y las aguas del Mont Saint Michel son ideales para su existencia. Es un animal necrófago que se alimenta principalmente de cangrejos frescos muertos y de conchas que detecta gracias a sus tentáculos. Se puede encontrar prácticamente durante todo el año.
Los bulots deben dejarse en agua fría al menos 10 minutos antes de cocerlos para que se abran, y después hay que lavarlos y escurrirlos bien para que suelten todas sus impurezas.
Dependiendo de su tamaño, se cocerán posteriormente durante un período de 10 a 12 minutos en agua salada y a la que habremos añadido un poco de vinagre o no, según los gustos. Lo más clásico es servirlos con mayonesa, en alioli (salsa de ajo y aceite), o con mantequilla de caracol. También se pueden saltear en una sartén con ajo y otros tipos de conchas, o con legumbres, pasta o incluso un risotto. Vivos o cocidos se conservan en el refrigerador o en una cámara fría de 24 a 48 horas. Se pueden congelar sin romper la cadena de frío.
Indicaciones: Si eres amante de los sabores del mar, estás en el lugar adecuado. Los bulots, así como otros mariscos y pescados se pueden encontrar fácilmente en los restaurantes del Monte San Michel alrededor de la Grand Rue, la calle principal, donde normalmente llegan traídos directamente por los pescadores que faenan en la misma bahía.
La Mère Poulard y Le Chapeau Rouge son buenos lugares para intentar consumirlos
ENTRE LO SACRO Y LO PROFANO
Mont Saint Michel está lleno de leyendas. Su historia retrocede a la época en que allí habitaban tribus celtas con cultos druídicos en el entonces llamado Mont Tombe, donde creían estaba la Tumba de Blenus, su dios del sol. Allí existía un gran megalito. Los romanos lo llamaron Puerto Hércules. Se cuenta que el demonio, con cuerpo de dragón marino, aterrorizaba a los lugareños en el siglo VIII (Mmm… ¿No os recuerda algo parecido de los libros y las películas del Hobbit y alguna más?) Fray Román, personaje de la novela "La Promesa del Ángel" de Frederic Lenoir nos cuenta que había comenzado el Apocalipsis de San Juan transformándose Satán en terrible dragón surgido del mar.
El jefe de los ejércitos angelicales, San Miguel, fue llamado para luchar contra él. La batalla comenzó en el vecino Monte Bretón. Finalmente, San Miguel cortó la cabeza del dragón con su espada. El obispo de Avranches, Auberto, testigo de esta batalla entre las fuerzas del bien y del mal, recibió en sueños la orden de San Miguel de construirle un santuario para su devoción allí donde el demonio había sido derrotado.
Otra leyenda de un campesino escéptico, astuto, cauteloso y burlón del lugar lo relata así: San Miguel, para resguardarse de las maldades de su vecino, el demonio, había construido aquella morada en medio del mar rodeándola con arenas movedizas, por el contrario, el diablo vivía en una simple choza, pero tenía unas buenas praderas, valles ricos y fértiles laderas.
En las arenas y las rocas San Miguel no tenía nada, viviendo pobremente, así que cansado por el hambre decidió proponer al diablo que le entregase todas sus tierras que él mismo trabajaría, repartiendo después la mitad de la cosecha con él, la parte que se diese sobre la tierra cultivada por el Santo o la parte bajo tierra. El diablo, perezoso por naturaleza, aceptó el trato escogiendo la parte sobre tierra. En primavera solo crecieron zanahorias, nabos, cebollas y cosas subterráneas y Satanás se quedó sin nada.
Reprochó molesto a San Miguel que a su vez le dijo que al año siguiente él tomaría lo de arriba.
El diablo aceptó, pero la siguiente primavera brotaron espigas de cereal, legumbres, coles y alcachofas madurados al sol. El diablo molesto de no recibir nada de nuevo, rompió sus tratos con el ángel y recuperó sus tierras.
San Miguel, molesto de tener que regresar a su infértil morada invito a comer al demonio en su casa, atiborrándole de todo tipo de manjares que Satanás apreciaba hasta el punto de que por tanto comer y beber se le escapó una flatulencia. San Miguel le gritó: ¡En mi presencia! Y el demonio salió corriendo, escapando del garrote del ángel y manchando toda la casa en su huida.
San Miguel le propinó un puntapié lanzándole al espacio, Satanás cayó en la ciudad de Mortain donde aún pueden verse las huellas de sus cuernos y garras tras su caída y comprendió que había perdido, alejándose y dejando sus tierras y todo al santo.
UN PASEO CON MUCHA ALTURA
Te vamos a proponer un lindo paseo para conocer lo esencial de este enclave. Recuerda que San Michel es un monte, y que, aunque siendo un lugar pequeño, y el recorrido corto, tendrás que ascender y descender casi todo el recorrido.
Empezamos en el acceso al monte-isla: Al llegar por el puente-pasarela, y tras hacer las pertinentes fotos panorámicas, llegarás al ingreso a la montaña. Lo primero que verás son altos muros y una antigua puerta, la puerta Bavome, único acceso al recinto, edificada en 1590 por Gabriel de Puy. En el patio se encontraba el cuerpo de guardia de los Burgueses del siglo XVI. Allí hay unos baños públicos, la oficina de turismo y los cañones ingleses, los "Michelettes". Seguimos a la Puerta Baluarte Boulevard de finales del XV y a la Puerta del Rey con su rastrillo original que subía o bajaba dependiendo de las necesidades y que se abre a la Grand Rue, la calle principal del lugar, llena de comercios dónde comprar galletas, caramelos de mantequilla salada y todo tipo de souvenirs, además de lugares para comer. Por ahí, si quisiéramos subir a la abadía tomaríamos la escalinata Grand Degré, utilizada por los peregrinos. Nosotros seguiremos por la Grand Rue con sus monumentos históricos como el Ayuntamiento, la antigua vivienda del Rey, la casa de la Arcada, la Sirène o la Iglesia parroquial del siglo XVII.
Subiremos por unas escalinatas a lo alto de las murallas con vistas a tejados medievales de madera y pizarra a un lado y el mar al otro. La abadía resaltará en lo alto del monte. Desde allí seguiremos sobre las murallas pasando terrazas de restaurantes a nuestra izquierda, y diversos torreones fortificados, antaño lugar de vigilancia del mar para la defensa, y hoy estupendos miradores sobre la bahía y de la abadía. Este paseo lo podemos seguir hasta la Torre del Norte, y aunque es algo empinado, las continuas vistas y el aroma del mar y las vistas harán que sea agradable.
Desde la Torre Norte podríamos seguir subiendo las escalinatas que nos llevan a los pies de la abadía dónde está el Museo Histórico, lugar desde donde pueden verse las antiguas mazmorras, o tomar la Grand Rue de regreso al punto de origen. La Grand Rue en este caso será de descenso, pudiéndose detener a visitar la iglesia de Saint-Pierre du Mont Saint-Michell, o simplemente sentarnos en algún restaurante o cafetería a comer, o disfrutar de un tiempo para patear los muchos comercios locales buscando regalos o recuerdos. Siguiendo la Grand Rue siempre en sentido descendente regresaremos al punto de partida de este bonito itinerario que nos permite conocer lo más importante del lugar.
Indicaciones: Es un recorrido circular corto pero empinado de fácil consecución con muchos puntos para detenerse a ver las vistas, hacer fotos, visitar, comer algo o disfrutar de las compras.
Comienza y termina en la puerta Bavome, entrada y salida obligada al recinto.
ESCALERAS CON ENCANTO
En el Mont Saint Michel, por poquito que camines, si quieres conocer algo de él, vas a pasar por aquí sí o sí. Esta iglesia parroquial y santuario de peregrinación para el culto a San Miguel está a medio camino de la Grand Rue, la calle principal del recinto amurallado. Vayas hacia dónde vayas, estará en el centro de todo, y por ahí va a pasar todo el mundo tarde o temprano con poquita que quiera conocer el lugar.
Pues bien, entre la iglesia y la Grand Rue hay unas escaleras de acceso a la primera, que son un lugar ideal para hacer un alto, sentarte en ellas y tomar un respiro de tus caminatas. Podría indicar otros lugares donde sentarte a comer o beber algo, pero te aseguro que aquí no solo podrás descansar unos minutos sino ver el ir y venir de todos los turistas que transitan subiendo o bajando por esa calle principal, algunos haciendo fotos, otros con bolsas llenas de compras, peregrinos desaliñados por días de caminata, con botas gastadas y callados para apoyarse.
Es un continuo ir y venir de personajes variopintos que podrás observar mientras te tomas un respiro en estas escaleras. Además, tendrás una compañera fiel dónde muchos sacarán fotos, una estatua de bronce de la Santa Patrona de Francia, Juana de Arco que hecha al principio del siglo XX protege la entrada a la iglesia con su espada y su escudo. Se dice que la iglesia fue fundada por Saint Aubert, obispo de Avranches en el siglo VIII para su lugar de enterramiento. La actual, de 1022 está dedicada a San Pedro y es románica con pilares del travesaño originales a la entrada al coro. Fue reformada en los siglos XIV y XV. Desde 1886 es santuario de peregrinaciones y está catalogada en su totalidad como monumento histórico desde 1909. Tiene una pila bautismal del siglo XIV y un retablo en el altar mayor del XVII también catalogado como monumento histórico en 1990. Importante es el altar con hojas repujadas de plata sobre Madera de la capilla de San Miguel, del siglo XIX, que es la obra principal del santuario.
El arcángel, vestido como soldado romano mata a un dragón.
Hay una estatua de San Esteban del siglo XV y otra de la Virgen con el Niño, así como un Cristo crucificado y el Cristo del rayo de gloria. Cuenta también con tumbas funerarias, alguna del XIV, así como numerosas pinturas. Tiene un cementerio en su parte posterior, que junto a su muro fueron también clasificados como monumentos históricos en 1934.
Indicaciones: Estas escaleras e iglesia se encuentran a medio camino de la Grand Rue, a la izquierda según subes desde la entrada.
La iglesia abre de 9 a 22
Misas a las 11 de lunes a viernes, a las 18 los sábados y a las 16.30 los domingos.
Teléfono: 02 33 60 14 26