MORELIA





TERRAZAS PRIVILEGIADAS
En Morelia existen algunos restaurantes y hoteles muy céntricos que rodean la catedral y desde los que se puede disfrutar de unas excelentes vistas de la ciudad desde arriba. Desde estas líneas, por la necesidad de espacio, nos centraremos en dos de ellos que resultan unos excelentes miradores del centro histórico de Morelia. El primero de ellos es un restaurante, el lugar perfecto para pasar bastante tiempo en él mientras disfrutan de una comida tranquila. Pero si quieren aprovechar un poco más el tiempo libre para visitar otros lugares de la ciudad, elijan sin duda nuestra segunda sugerencia ya que les permitirá disfrutar de bellas vistas de una manera más dinámica.
Nuestra primera propuesta es el restaurante La Azotea, y como su propio nombre indica, se encuentra en la terraza de la parte superior de un edificio que alberga el Hotel Los Juanitos. Desde este restaurante no solamente podrán admirar desde arriba la bellísima catedral de cantera rosa, una de las más impresionantes y visitadas de todo México, sino también tendrán bajo sus pies el primer cuadro del centro histórico de Morelia. Tranquilamente sentados en este restaurante, disfrutarán de la vista de la Plaza Melchor Ocampo, de la avenida Madero y de la fachada principal del histórico Palacio de Gobierno, situado frente a la catedral. Y todo esto mientras saborean los manjares que ofrece este restaurante, experto en recetas tradicionales michoacanas, pero también en cocina mexicana en general e, incluso, internacional.
La segunda sugerencia que les proponemos es visitar una cafetería que se halla situada muy cerca del restaurante anterior, y que nos regalará una panorámica de Morelia idéntica a las que ofrece La Azotea, pero sin necesidad de tomar una elaborada comida que nos puede restar tiempo necesario para otros menesteres. Se trata de El Campanario Café Bar II, un local en el gozar de unas vistas maravillosas a la vez que degustamos un simple café, una cerveza o un refresco. Es una opción más ligera para reponer fuerzas, tomando algo rápido y sencillo, mientras conseguimos excelentes fotografías panorámicas de Morelia.
La Azotea Restaurante (Hotel Los Juanitos)
Av. Morelos Sur 39
58000 Morelia, Michoacán, México
El Campanario Café Bar II
Av. Morelos Sur 71
58000 Morelia, Michoacán, México
UN GASPACHO CON “S”
Es muy posible que tanto viajar nos haya abierto el apetito, pero el calor de México hará que nos apetezca tomar algo ligero. Además, hay que aprovechar bien el tiempo para conocer la bellísima capital de Michoacán. Dejemos las copiosas comidas para el desayuno o para la cena, y aprovechemos el día para probar una fresca delicia original de esta tierra, que nos permitirá ganar tiempo mientras que nos refresca y nos llena de vitaminas. Hablamos del Gaspacho Moreliano, una refrescante receta mexicana que escribimos con “s”, a diferencia del típico gazpacho andaluz, que se escribe con “z”.
El Gaspacho Moreliano es una fresca y nutriente combinación de jícama, de mango y de piña. La jícama, también conocida como nabo mexicano, es una raíz tuberosa de una leguminosa originaria de México, de sabor refrescante y que se come como fruta o como verdura. Para hacer esta mezcla aún más refrescante, se agrega jugo de naranja, y como broche final, se añade queso, dando como resultado una maravillosa combinación de sabores dulces y ácidos. El queso utilizado en el Gaspaso Moreliano es el Cotija, típico de Michoacán y elaborado con leche cruda de vaca sin pasteurizar. Para rematar este cóctel mexicano, no puede faltar un chorrito de chile líquido para darle aún más gracia y sabor. En México, existen diferentes salsas de chile a escoger y su elección depende del gusto de los elaboradores del gaspaso. La cantidad de chile a agregar va a depender de nuestro amor por el picante, por lo que, antes de que nos preparen el gaspaso, deberemos informar si nos gusta el picante o no.
Algunos dicen que el Gaspacho Moreliano es una “botana”, que es el nombre que reciben las tapas en México, y serán muchos los elaboradores y vendedores de este producto que nos asegurarán que han sido ellos o sus familias los creadores de tan refrescante receta. También son numerosas las diferentes versiones personalizadas que encontraremos, ya que en la elaboración del Gaspaso Moreliano se pueden utilizar otras frutas, como la sandía.
Recuerden… si durante su visita a Morelia desean tomar algo rápido, refrescante, nutritivo y además barato, pidan un Gaspaso Moreliano. El centro de la ciudad cuenta con muchos lugares donde lo preparan, sobre todo alrededor de la catedral. Tomar este vitaminado cóctel nos permitirá reponer fuerzas sin perder mucho tiempo, mientras saciamos el hambre y, a la vez, la sed.
A NADIE LE AMARGA UN DULCE
¡Llegó el momento de ir de compras! Para ello, Morelia cuenta con un lugar que resulta perfecto para todos los públicos y para todos los gustos, en el que todo el mundo encuentra lo que busca, bien sea en forma de dulces sabores como de artesanía típica de la región. Se trata del Mercado Valentín Gómez Farias, más conocido popularmente como el Mercado de Dulces y Artesanías, el sitio perfecto si quieren disfrutar de los colores, de los sabores y de los olores de Morelia, y sin duda, una visita imprescindible para todos los amantes de lo típico y de lo original.
Si hay algo que caracteriza a Morelia, y a todo el estado de Michoacán, son sus deliciosos y variados dulces, así como su elaborada y extensa artesanía. En este típico mercado regional encontraremos los dulces más típicos y más sabrosos de la región, tanto para ser consumidos dentro del mismo mercado como para llevarlos como recuerdo o regalo. Frutas cristalizadas, cajeta, obleas, ates, dulce de leche, dulce de tamarindo, rollitos de guayaba o chocolate de metate son tan solamente algunas de las especialidades que aquí podremos encontrar. Y por supuesto, no pueden faltar los típicos rompopes regionales, que son licores de baja graduación alcohólica y de sabores cremosos y dulces, primando la vainilla y la almendra.
Pero esto no es todo… Además de los dulces, este mercado ofrece la posibilidad de disfrutar de la variada artesanía que se elabora en los pueblecitos que rodean la capital. En este mercado encontraremos diferentes artículos confeccionados en diversos materiales de origen natural utilizados a lo largo de los siglos, como vidrio, cobre, madera, palma, hilo, tela, porcelana o laca, entre otros... Son trabajos artesanales hechos con paciencia y tiempo, algo ya casi perdido en esta frenética sociedad, y a veces, a precios verdaderamente irrisorios que no corresponden a la cantidad de trabajo y de tesón que conllevan. Además de ser el mejor lugar para nuestras compras por su gran variedad, los puestos de este mercado ofrecen sus productos a precios realmente asequibles para cualquier bolsillo debido a la competencia que existe entre ellos.
El Mercado de Dulces y Artesanías de Morelia nació hace más de 50 años y se celebra diariamente en el Palacio Clavijero, un bello edificio del siglo XVIII que albergó antaño el colegio de los Jesuitas. No duden en visitar este emblemático mercado en el que tendrán la oportunidad de contemplar y de comprar la más pura artesanía regional a la vez que se endulzan un poquito la vida.
Mercado de Dulces y Artesanías (Palacio Clavijero)
Valentín Gómez Farias s/n
Centro histórico de Morelia
58000 Morelia, Michoacán, México
LETRAS INOLVIDABLES
Si hablamos de la meca del cine, seguramente nos vendrá a la cabeza la imagen de unas enormes letras colocadas sobre la ladera de una colina. Están ustedes en lo cierto… Hablamos de Hollywood. ¿Pero qué tiene que ver Hollywood con Morelia…? ¡Pues bastante! Y es que, con esas gigantescas letras, el mítico barrio de los cineastas de Estados Unidos inauguró una tendencia seguida por muchas otras ciudades y que consiste en colocar letras monumentales que forman el nombre de la ciudad. Estos rótulos señalan dónde estamos y, a la vez, nos sirven para que podamos llevar un recuerdo en forma de fotografía que nos impida olvidar los lugares que hemos visitado. Gracias a estos carteles, obtendremos fotografías que nos recordarán para siempre que hemos estado ahí.
Si bien hoy en día estas letras son muy comunes en muchos lugares del mundo, quizás México sea el país en el que alcancen su punto más álgido y también donde empezaron a crearse de forma masiva. Es fácil encontrarlas en todos los lugares turísticos y, además, gracias a la tradición colorista de este país, son de una belleza increíble. ¡Incluso a veces han sido diseñadas por afamados artistas!
Precisamente, Morelia es una las ciudades en la que hemos encontrado más cantidad de estos reclamos turísticos. Sin ir más lejos, encontraremos varias de estas bellas postales en pleno centro y muy cerca de la inmensa catedral. Hay que decir que, a veces, las letras son cambiadas de lugar, pero hay puntos concretos en los que siempre se mantienen. Se trata de lugares muy bien escogidos para que en la fotografía, además de las letras, salga también algún monumento de principal interés.
En la Plaza Melchor Ocampo, situada en su lateral izquierdo según miramos la puerta principal de la catedral, encontraremos uno de estos carteles de letras que proporcionan una fotografía preciosa con la catedral detrás. Y si seguimos la avenida Francisco Madero, ubicada a los pies de la misma catedral, pronto nos toparemos otras letras que lindan con la verde y bella Plaza de Armas. Por otra parte, ya algo más alejado de la catedral pero aún en pleno centro, existe otro cartel de letras justo en el punto en el que la famosísima calle Fray Antonio de San Miguel se une al acueducto.
Pero aún hay más letras repartidas por la ciudad… Anímense a buscar estos bellos carteles con las letras de Morelia y a hacer lindísimas y coloridas instantáneas. ¡Estas fotografías harán que no olvidemos jamás nuestra visita a esta maravillosa ciudad!
REGRESANDO AL COLEGIO
Durante la época colonial, fueron muchos los edificios construidos en todo el país. De hecho, Morelia cuenta con más de mil, y muchos de ellos están catalogados de interés general por su arquitectura, por su historia o por su particular belleza.
En este punto, vamos a recomendarles la visita al Colegio de San Nicolás de Hidalgo. Construido durante el siglo XVII en la etapa virreinal en la que Morelia se llamaba Valladolid, el edificio casi siempre ha tenido una función docente, siendo en sus orígenes uno de los centros estudiantiles más importantes del México Colonial, o de la Nueva España, como entonces se conocían estas tierras americanas. Hoy en día, el colegio mantiene su función docente, ya que es una escuela preparatoria que forma parte de la Universidad Michoacana.
El Colegio de San Nicolás original fue fundado en Pátzcuaro, en el año 1540, por el primer obispo de Michoacán, llamado Vasco de Quiroga. Más adelante, hacia el año 1630, este colegio se trasladó a Morelia y se unió al Colegio de San Miguel de Guayangareo, ocupando el lugar en el que aún sigue en la actualidad. Durante los sucesos de la Independencia Nacional de México, el colegio fue cerrado temporalmente, pasando a ser dependencias carcelarias y cuartel militar, para ser reabierto de nuevo como colegio en 1847 por Melchor Ocampo, abogado y naturalista que llegó a ser gobernador de Michoacán. El colegio, ya en poder del estado, se transformó en un centro laico de estudios conocido entonces como Colegio Primitivo y Nacional de San Nicolás Hidalgo, en memoria de Miguel Hidalgo, un héroe nacional que no sólo estudió en estas dependencias, sino que fue también llegó a ser catedrático y rector del colegio. Cerrado de nuevo en 1863 durante el Segundo Imperio, en 1867 el colegio fue reabierto de nuevo y remodelado totalmente por Guillermo Woodon Sorinne, quien le otorgó su aspecto barroco actual.
Este edificio fue declarado Monumento Nacional en 1930 y puede visitarse de forma gratuita. Posee un bellísimo claustro rodeado por arcos y en su jardín podremos ver una estatua monumental de Miguel Hidalgo, creada por escultor Primitivo Miranda y cuyo pedestal fue obra del ingeniero Gustavo Roth. En la segunda planta, destacan unas pinturas murales conocidas como "La defensa de la soberanía" y "La Constitución de Apatzingán", ambas obras del artista Fermín Revueltas, así como el fresco "La vida del pueblo tarasco", creado por Marion Greenwood.
Asimismo, resulta muy interesante la Sala Melchor Ocampo, habitación que custodia libros y objetos del abogado-científico que da nombre a la sala, en la que, por cierto, también descansa su corazón… Y es que, además de Hidalgo, también estudió en este colegio el mismísimo Ocampo...
Colegio Primitivo y Nacional de San Nicolás de Hidalgo
Avenida Francisco I. Madero Poniente, 351
Centro histórico de Morelia
58000 Morelia, Michoacán, México
LA BLANCA MANO EN LA REJA
Al inicio de la bella y relajante Calzada de Guadalupe, justo en el punto donde se une a la avenida Francisco Madero, existe una casa colonial que guarda una historia muy especial… Se trata de la leyenda de "la Mano en la Reja". ¿Quieren conocerla…?
En plena época colonial vivió en esta casa don Juan Núñez, un hombre de buena familia, pero venida a menos económicamente. Don Juan perdió a su primera mujer justo tras dar a luz a una preciosa hija llamada Leonor. La niña, de grandes ojos azules y de piel muy blanca, heredó la belleza y la bondad de su madre. El padre se casó en segundas nupcias con doña Margarita de Estrada, quien, a diferencia de Leonor, era rabiosa y, además, muy fea.
Doña Margarita, envidiando las virtudes de Leonor, fue desarrollando un terrible desprecio hacia la bella y buena niña. Su odio llegó a ser tan desmedido que comenzó encerrar a la joven en casa, para que solo realizase labores de hogar. Solamente le dejaba salir los domingos para ir al Templo de San Diego, donde Leonor cuidaba a peregrinos y a enfermos. Por ello, la bella joven llegó a ser conocida como "el Ángel de San Diego". Fue allí donde Leonor conoció a un militar, llamado don Manrique de la Serna, quien se enamoró de ella.
Don Juan Núñez viajaba mucho por negocios y, durante estos viajes, doña Margarita encerraba a Leonor en un sótano. Un día, don Manrique acudió a la ventana del sótano donde estaba encerrada Leonor para preguntar a su enamorada si ella sentía lo mismo que él. Para no ser presa de habladurías, don Manrique encargó a su criado que se disfrazase de fraile, con una calavera pintada en el rostro, para ahuyentar a los viandantes que hubiese cerca de la casa de Leonor. El truco surtió efecto y, durante varias noches, don Manrique pudo ver a Leonor con tranquilidad a través de la ventana del sótano. Pero una noche, doña Margarita los descubrió…
Presa de la envidia, doña Margarita mandó a sus criados encerrar definitivamente a la muchacha en el sótano y tapiar completamente la ventana, privándole incluso de alimento. Por otra parte, don Manrique tuvo que partir de la ciudad sin conocer este acontecimiento. Pero debido a las prisas de doña Margarita, sus criados dejaron una pequeña apertura en la ventana por la que la muchacha sacaba la mano pidiendo comida y ayuda. Pero nadie atendió sus súplicas, ya que los viandantes estaban todavía espantados por el fraile de la calavera y creían que era un fantasma el que sacaba la mano…
Don Juan y don Manrique regresaron a Morelia al mismo tiempo. Al no encontrar a Leonor, abrieron el sótano hallando a la joven ya muerta. Doña Margarita fue apresada por la ley y murió ahorcada. Lleno de tristeza, don Manrique amortajó a Leonor con su vestido de novia y la enterró en el Templo de San Diego.
En Morelia se dice que Leonor aún sigue asomando su blanca mano por la ventana del sótano… ¿Se atreverían ustedes a acercarse a este sótano para investigar…? Se trata de una casona rosa oscura situada al inicio de la Calzada de la Virgen de Guadalupe y cuyas ventanas inferiores están a ras de la calle. ¡Es inconfundible!
LOS “ROMEO Y JULIETA” DE MORELIA
La Catedral de Morelia es una joya que no se pueden perder. Sus imponentes torres de 66 metros de altura pueden verse casi desde cualquier lugar de la ciudad y representan una obra maestra de la arquitectura que es dueña de los enormes bloques de piedra rosada de sillería que no dejan indiferente a nadie. Pero además de todas sus bellezas artísticas, esta magnífica catedral guarda algunas leyendas… A continuación, les vamos a relatar una de estas historias, que es conocida como "la Leyenda del Sacristán de la Catedral de Morelia". Comencemos pues…
Corría la época de la colonia española… Se cuenta que una bella joven llamada doña Marta Jimena de Montserrat, condesa de Linares y sobrina del virrey, se trasladó a Morelia por una indisposición en su estado de salud, ya que los médicos pensaron que el clima de esta ciudad favorecería su recuperación. Doña Marta era muy querida por su tío, el virrey, ya que era huérfana. La joven llegó a la catedral de la capital de Michoacán, por aquel entonces Ciudad de Valladolid, donde fue recibida con grandes fastos y engalanamientos. Encargado de recibirla, el sacristán Pedro González y Domínguez quedó automáticamente prendado de su enorme belleza y se enamoró de ella al instante. Loco de pasión, le escribió una carta…
Un día, a la entrada de misa, ambos tropezaron. En ese momento, de las manos de la bella joven cayó un devocionario que, con premura, el enamorado sacristán recogió del suelo, aprovechando el incidente para introducir en el libreto su nota de amor. Al principio, la muchacha mostró indiferencia, pero un día, recibiendo la Comunión, la joven vio unas lágrimas cayendo por la mejilla del sacristán y, de golpe, sintió también amor por él. Así que dejó su anillo en el cesto de ofrendas para hacer saber de su amor al sacristán.
Pero el amor desbocado a veces tiene trabas sociales, y aún más en aquellos tiempos... ¿Cómo podría un sacristán, con su pobre cargo, corresponder las expectativas de la familia de la sobrina de un virrey? En varias ocasiones, los enamorados se vieron en secreto en la Capilla de las Ánimas de la catedral, a la que ella siempre llevaba flores para las almas en pena. Para arreglar esta situación tan difícil y tan comprometida, doña Marta decidió regresar a España con la finalidad de pedir al rey algún título nobiliario para el sacristán.
A los cinco meses, Pedro González recibió un mandato del rey para que fuese a Veracruz y el sacristán pensó que allí encontraría a su amada de vuelta. Pero no fue así… Una vez en Veracruz, el rey informó a Pedro de la muerte de doña Marta y le nombró intendente de Nueva Galicia, cargo que Pedro rechazó, regresando inmediatamente a Valladolid. Allí, el desolado enamorado envejeció, refugiándose en la Capilla de las Animas, siempre llorando…
Dicen que, en la víspera de la Noche de Muertos, se puede ver en esta capilla la sombra del enamorado sacristán, cuya alma vaga eternamente por la catedral mientras espera a su amada…
CAMINANDO HASTA EL ACUEDUCTO
Les vamos a proponer un paseo que une la catedral con el impresionante acueducto de la ciudad. El paseo solamente nos llevará unos 15 minutos a pie, o algo menos si forzamos un poco la marcha. Eso sí, nos puede llevar mucho más tiempo si nos vamos deteniendo en el camino, ya que en esta fácil ruta encontraremos muchos lugares en los que detenerse para visitarlos o, simplemente, para sacar unas fotografías.
Si cruzamos la calle situada frente a la puerta principal de la catedral, que es la avenida Francisco Madero, nos encontraremos con el precioso Palacio del Gobierno. Si es que tienen tiempo, no se conformen con una fotografía de su bella fachada principal y pasen a ver su interior. Este palacio fue inaugurado en el año 1770 como el Seminario Tridentino de San Pedro, centro en el que estudiaron, siendo jóvenes, celebridades como Morelos o como el naturalista Ocampo. Su función como seminario duró hasta que se convirtió en sede del Gobierno de Michoacán a mediados del siglo XIX. El edificio es de estilo barroco tablerado, típico de la ciudad y posee una fachada exterior simétrica. Nada más entrar, nos recibe un precioso patio dueño de una alta arquería de dos pisos y de un mural de Alfredo Zalce que narra la historia de Michoacán. Este palacio tiene unas inmejorables vistas del frente de la catedral.
Mirando de frente la fachada del palacio y dejando la catedral a nuestra espalda, seguiremos la avenida Francisco Madero hacia la derecha, calle repleta de numerosos restaurantes y de otros servicios. Mientras recorremos la avenida, en el lado derecho aparecerá primero el Templo de la Cruz y, más adelante, el Templo de las Monjas, ambos visitables. Más o menos, tras unos 12 minutos recorriendo esta avenida, veremos a nuestra izquierda la Plaza Villalongín, un precioso espacio verde que conforma un visitado parque local. A nuestra derecha, ya podremos ver la famosísima Fuente de las Tarascas, monumento en el que aparecen representadas tres mujeres con el torso desnudo que sostienen una gigantesca bandeja llena de frutas. Desde este punto, ya podremos ver el magnífico Acueducto de Morelia y también el inicio de la Calzada de Fray Antonio de San Miguel, la hermosísima calle arbolada que lleva al Templo de San Diego, también conocido como Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, tal y como hemos visto en un punto anterior.
El Acueducto de Morelia es realmente fascinante. Es uno de los más importantes de México y cuenta con una longitud total de 1700 metros y con 253 arcos que poseen una altura máxima de 9.3 metros. Anteriormente a este acueducto, existió en Morelia otro que fue sustituido por el actual en el año 1785. Esta obra se realizó gracias al obispo Antonio de San Miguel, quien da nombre al paseo que comienza en el acueducto
Podrán regresar a la catedral desde este punto siguiendo el mismo camino. Les aconsejamos caminar los 15 minutos de la ida de un solo tirón, hasta alcanzar la Fuente de las Tarascas y el Acueducto, y ya en el regreso, detenerse en los templos antes mencionados. ¡Tanto este paseo como los monumentos mencionados valen mucho la pena!
DONDE PASABAN LOS CARROMATOS…
Si quieren relajarse en un lugar con mucha historia y por el que parece no haber pasado el tiempo, les aconsejamos que vayan a la Calzada Fray Antonio de San Miguel, calle también conocida popularmente como Calzada de Guadalupe o como calle San Diego.
Esta calzada tiene su origen en la época colonial del siglo XVII, en los tiempos en los que Morelia se llamaba Valladolid. Será ya en el siglo XVIII, en concreto en el año 1732, cuando el obispo don Juan José Escalona y Calatayud mejorará esta calle. El nombre de Guadalupe viene por ser el camino que unía el centro histórico con la ya desaparecida Capilla de la Virgen de Guadalupe, en cuyo solar se construyó el Templo de San Diego. Este templo, que es más conocido como el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, continúa siendo muy visitado por peregrinos provenientes de todo el estado michoacano, de la república mexicana en general, e incluso del mundo entero. Se trata de uno de los lugares más visitados el día 12 de diciembre, festividad de esta Virgen y fecha en la que se pueden ver miles de personas caminando de rodillas portando alguna cruz o la imagen de la patrona de México, a la que piden algún favor o agradecen alguna petición.
Esta calzada, por la que originalmente pasaban carromatos y carrozas tirados por caballos o burros, fue transformada definitivamente a finales del siglo XVIII por fray Antonio de San Miguel, de quien toma su nombre oficial. Fue en esta segunda etapa, acontecida mientras la ciudad aún era parte de la colonia, cuando se instalaron las larguísimas bancadas de piedra de cantera y cuando se pavimentó el suelo con losetas del mismo material. En esa época también se plantaron los fresnos, muchos de los cuales siguen aún flanqueando la calle y proporcionando una deliciosa sombra a aquellos turistas que buscan un lugar tranquilo y fresco donde reponerse de tanta visita y caminata.
Todo este bello y largo paseo, además de estar especialmente acondicionado para el descanso, está rodeado por bellísimas casonas de verano de los siglos XVIII y XIX. Es un lugar perfecto para sentarse a descansar o a leer y para ver pasar la gente más variopinta caminando frente a nosotros.
Calzada Fray Antonio de San Miguel
Centro histórico de Morelia
58000 Morelia, Michoacán, México