BRUJAS





366 ESCALONES DE NADA….
Brujas es una de las joyas de Europa, y su importancia, hoy turística, viene ya desde la baja Edad Media, cuando era la ciudad más importante comercialmente en el Atlántico Norte. Por este motivo, llamamos a Brujas, “la Venecia del Norte”; no por sus canales, pues en esto, sería Ámsterdam la que ostentara el título; sino por su importancia comercial en la zona, al igual que Venecia era la capital del comercio en el Mediterráneo en la misma época. El hecho de ser ciudad mercado, le dio el privilegio de poder construir una torre atalaya en la plaza principal, que le permitía destacar en la región como centro comercial y a la vez, poder otear el horizonte y así evitar peligros de invasiones, tanto por mar, como por tierra.
Este símbolo de la ciudad llamado Belfort, tiene la posibilidad, para los valientes, de poder subir hasta lo alto, eso sí, mediante 366 escalones medievales, para tener una vista impresionante de la ciudad desde sus 83 metros de altura. Podremos también apreciar el juego de carrillón de 47 campanas, y en días claros ¡podemos ver la ciudad de Gante!
En el lugar donde actualmente se encuentra el campanario de Brujas hubo una torre de madera en 1240, con un mercado de lana y sus almacenes, así como una parte administrativa y archivos de la ciudad. El fuego destruyó la torre en 1280, lo que llevó a la destrucción de los archivos anteriores a 1280. Se construyó un Ayuntamiento en otro lugar (en la plaza "Burg") y allí trasladó la administración. La torre fue reconstruida en 1296 con dos basamentos cuadrados y la aguja de la torre de madera.
El mercado de la ciudad se amplió durante el siglo XV y de 1483 a 1487 se construyó la parte superior octogonal de piedra blanca, flanqueada por cuatro torres más pequeñas y coronada por un chapitel de madera que incluía una estatua de San Miguel.
Otro incendio, esta vez provocado por un rayo destruyó de nuevo la parte superior y las campanas en 1493. Cuando se reparó, se construyó una torre de madera adornada con leones rampantes.
Durante el siglo XVI se añadió una galería. El patio interior también fue remodelado añadiéndole galerías en la primera planta.
En 1741, de nuevo un incendio destruyó la flecha del campanario. Fue reparada en 1753. La torre fue reconstruida en su forma actual, de corona de neogótica, en lugar de la flecha que la coronaba anteriormente.
¡Pero ojo! Aunque el campanario parezca recto, no lo está. Tiene una inclinación a la izquierda con una altura de 83 metros, está ligeramente inclinado hacia la izquierda de 1,19 metros desde hace más de cuatro siglos, así que ¡agarrate!
¿Dónde?: Plaza Markt.
UNA CERVEZA DE 14 GRADOS? ¡OUI OUI OUI!
Sin duda, los mejillones son el plato típico del país, pero, ¿qué tal si nos convertimos en belgas por un momento y degustamos una de las cervezas típicas del país?
La cerveza belga se remonta a la época de las primeras cruzadas, en el siglo XII, mucho antes de que Bélgica fuera un país independiente (independencia que llegó en 1820). Con permiso de la Iglesia Católica, algunas abadías francesas y flamencas elaboraban y distribuían cerveza como forma de financiación. La cerveza de poca graduación de la época se consideraba una opción más sana que el agua, no siempre potable. De hecho, beber agua, era bastante peligroso, ya que pozos o ríos podían estar contaminados. Con el proceso de fabricación de la cerveza, se eliminan peligros, debido al alcohol, y por este motivo, ¡hasta los niños bebían cerveza!, aunque eso sí, con muy baja graduación alcohólica. Los ahora tradicionales métodos de elaboración evolucionaron, bajo supervisión de las abadías, durante los siguientes siete siglos.
El gremio de cerveceros de Brujas fue fundado en 1308, y hay dos cervezas típicas de la ciudad de Brujas: la Brugse Zot y la Brugge Tripel, que es una cerveza belga de alta fermentación.
En el siglo XVIII, los monasterios trapenses que hoy elaboran cervezas en Bélgica estaban ocupados por monjes que huían de la Revolución francesa. No obstante, la primera cervecería trapista de Bélgica, la de Westmalle, no comenzó a operar hasta el 10 de diciembre de 1836, casi 50 años después de la Revolución. Esa cerveza era para uso exclusivo de los monjes, y se describe como «oscura y dulce».
Hay cervezas de una fermentación, de doble fermentación, de triple fermentación, blancas, rubias, tostadas, negras…pero ¿cómo irte de Brujas sin tomarte una Tripel?, una cerveza de trigo de sólo 8,7º, ¡aunque las hay hasta de 14!
¿Dónde?: Cualquier cervecería o restaurante.
VUELVE EL ENCAJE…
Si hay algo verdaderamente típico en Brujas, son los encajes. Antiguamente, las familias pudientes de toda Europa, y por supuesto, todas las familias reales, bautizaban a sus hijos con un traje de acristianar con encaje de Brujas. No solo se usaba para este cometido, sino que se utilizaba para prendas de ropa, tanto de hombre como de mujer, siendo símbolo de estatus y distinción, ya que la manufactura de estos encajes se hace a mano.
El gusto que mostraban los residentes flamencos de Brujas ya en la Edad Media, por la ropa fina y de calidad, llevó al desarrollo de más de 1.500 tipos diferentes de encaje, tejidos de plata, oro y seda. Hoy en día existen dos técnicas principales de tejido de encaje que se practican en Bélgica, el "Método de Bobina", también conocido como el "Método de Bruselas", y el "Método de Brujas", que utiliza un telar.
Se darán cuenta de que la mayor parte de las tiendas, venden productos de encaje de bajo precio, fabricado a máquina y de importación, porque los brujenses, son expertos en la creación de encaje tan delicado que no tienen la intención de crearlo como producto masivo ya que lleva un proceso largo y arduo de tejido. No obstante, podemos encontrarlo en muchas tiendas, eso sí, a un precio más elevado porque son piezas únicas hechas a mano. Otra cosa curiosa que podemos encontrar, son pequeñas partes de encajes antiguos, que por su belleza, se colocan en broches para que se pueda ver el magnífico trabajo y podemos llevar como prendedor de una manera más moderna.
A como sea, no podemos irnos de la ciudad sin un pequeño detalle de este producto maravilloso, bien sea un brochecito con una mariposa, un marca páginas para un libro…Si son a máquina, serán bastante baratos, no abultan en el equipaje, no pesan y siempre será un buen detalle para llevar de regalo a nuestros seres queridos.
¿Dónde?: la mayoría de tiendas de souvenirs proporcionan este tipo de recuerdos.
EL BURRO CIEGO DE BRUJAS.
Sabes que en Brujas hay una pequeña y preciosa calle llamada “Callejón del Asno Ciego”, en flamenco, Blinde Ezelstraat. Este callejón está muy cerquita de la plaza principal. A unos metros de esta, se encuentra la mismísima Plaza del Burg.
La plaza Burg, en la edad media fue una fortaleza amurallada que llegó a tener una superficie de casi 1 hectárea con varias puertas de entrada. El conde Arnulfo I (889-965) fue el que convirtió este lugar en el centro de las funciones.
La plaza Burg está rodeada por diferentes edificios históricos como el Ayuntamiento y la Basílica de la Santa Sangre. La reliquia de la sangre de Cristo, llegó a la ciudad en 1150 de manos de Teodorico de Alsacia, el cual la trajo de Tierra Santa, y se cree que fue recogida por José de Arimatea. El Ayuntamiento de Brujas fue construido en estilo gótico-florido de 1376 hasta 1421 y es uno de los ayuntamientos más antiguos de Bélgica.
Es en esta plaza y bajo el arco que une el precioso edificio de la Oude Griffie (antiguo registro civil), y el Ayuntamiento. Ese pequeño callejón que está bajo el arco es el que deben buscar, pues nos lleva a un lugar precioso rincón brujense en el que hacer nuestra foto, con el callejón, el arco, edificios de ladrillo medievales, un canal…un rincón digno de una foto única.
Y se preguntarán: ¿por qué tiene este nombre? Cuentan que en la esquina de la calle, junto al canal que encontramos al cruzar el callejón, existía un molino tirado por un burro al que tapaban los ojos para que no se le hiciera monótono su trabajo. La historia del nombre no es impresionante, pero sin duda, nuestra foto en este bello lugar, si lo será.
¿Dónde?: Calle Blinde Ezelstraat.
LAS MUJERES LIBRES.
Y nadie te lo va a enseñar porque no gustan de grupos, pero individualmente o con pocas personas, podemos adentrarnos en el Beguinaje de Brujas o Beaterio (en realidad, se llama “Monasterio de la Viña” o De Wijngaard), que está situado cerca del lugar donde bajamos del bus. El Beguinaje data de 1245 y desde 1927 hay una comunidad de religiosas benedictinas viviendo allí en sustitución de las beguinas.
Este beaterio de Brujas es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y consta de un recinto lleno de paz bordeado por unas treinta casitas, muchas de las cuales son del siglo XV, donde residían las beguinas, una pequeña iglesia y un bello jardín, todo rodeado de una muralla.
Se preguntarán quienes son las beguinas que dan nombre a este lugar. Fueron mujeres revolucionarias que a inicios del siglo XII, eligen existir sin ser esposas, ni religiosas, y crean un recinto urbano donde vivir en comunidad, protegidas por una muralla, y sin necesidad de pronunciar votos, ni de castidad ni de pobreza, dedicándose a obras benéficas y salvándose así de ser acusadas de ser brujas y estando libres del dominio masculino. Esto se extendió por Francia, Italia, Países Bajos, Alemania, Polonia y Hungría, permitiendo libertad y ayuda mutua entre mujeres. En esa época, las únicas opciones para las mujeres, consistían en una boda concertada, o un convento, porque el hecho de ser independientes las exponía a cualquier peligro o a ser acusadas de brujería por algún vecino o vecina envidioso.
El movimiento de las beguinas no acabó en la edad media, sino que llegó al siglo XX, muriendo la última de ellas en Ámsterdam a finales del siglo pasado.
Sin lugar a dudas, un lugar donde el tiempo se ha parado en su belleza y que no les dejara impasibles.
¿Dónde?: Beginhof, al lado del Lago del amor.
CAZANDO EXÁMENES.
Si te fijas, en muchas casas en la ciudad, hay estatuas de santos y vírgenes en las esquinas. No es nada moderno, a pesar de que Bélgica es un país católico, este tipo de estatuas ya no se colocan en los edificios, y menos aún, se construyen dejando exprofeso, una hornacina vacía para colocar una estatua en el futuro de un santo o virgen.
La explicación del porqué de estas estatuas nos lleva de nuevo a la edad media y a los gremios de artesanos. Antiguamente, en las escuelas y talleres de escultura, los aprendices, para pasar el grado, tenían que tallar una escultura en piedra. Obviamente, impregnado por el fervor religioso, estas estatuas, indefectiblemente, eran de santos o vírgenes, que además de servir de decoración, servían como protección ante los males y enfermedades que podían acechar en el día a día.
Si aprobaban, es decir, si los maestros escultores consideraban que tenías el talento y conocimiento suficiente, la estatua se colocaba en un edificio, normalmente pagada por el patrocinador o dueño de la vivienda. La mayor parte de ellas, en la época estaban policromadas, pero con el devenir del tiempo, han perdido su color, aunque algunas han sido restauradas con los colores originales.
Aparte, en una época en la que los números en las casas todavía no se ponían (la numeración de las calles llega en la época napoleónica en el siglo XIX); estas estatuas también servían como indicadores para dar direcciones: “gira a derecha en la casa donde está San José, y el hombre que buscas, vive 4 casas más allá”.
¡Son bellísimas y están llenas de historia y fervor popular! ¿Te atreves a ser el buscador que más fotos diferentes obtenga? ¿Cuántas conseguirás de las que están pintadas?
CREANDO LA BOLSA DE VALORES.
Justo al lado de la Iglesia de Nuestra Señora, se encuentra el Museo Gruuthuse (que además puede verse desde el jardín Arentshof donde hemos hecho nuestro break). Este magnífico palacete, alberga una colección muy interesante sobre los tres períodos cruciales en la rica historia de Brujas: el auge borgoñón de la ciudad, los menos conocidos siglos XVII y XVIII y la histórica "reinvención" de Brujas en el siglo XIX.
Lo curioso de este edificio, y que nadie te contará, es que el concepto de bolsa de valores nació en Bélgica en el siglo XVI. Más concretamente en Brujas, y más concretamente en este edificio propiedad de la familia noble Van der Buërse, donde se realizaban reuniones y encuentros de carácter mercantil en el siglo XIII... El escudo de armas de los Buërse exhibía tres bolsas de piel, los monederos de la época (este escudo se puede ver en la fachada de la residencia hasta el día de hoy). Los habitantes de la ciudad comenzaron a denominar Bürse a la actividad económica que se llevaba a cabo en aquella casa, y con el tiempo, también debido al apellido “Buërse”, la gente empezó a conocer ese lugar como “bolsa” y a las transacciones, como bolsa de valores.
Fue así como la palabra prosperó también en otros lugares para designar los centros de transacciones de valores. Recordemos que en los siglos XIII y XIV, Brujas fue un importante centro comercial en el que vivían unas 100.000 personas, población que superaba la de Londres y París.
En el siglo XVII cuando los mercados de valores comenzaron a evolucionar hasta llegar a lo que podríamos considerar la primera bolsa conocida, que según muchos autores fue la de Ámsterdam.
¡Así que cada vez que enciendas el televisor y veas los valores bursátiles, por dentro, tendrás la satisfacción de que tú estuviste en el lugar donde nació todo!
¿Dónde?: Calle Dijver 17.
EL SKYLINE DE BRUJAS.
Brujas es, sin lugar a dudas, una ciudad enfocada al turismo, y por supuesto, aparte de productos típicos (chocolates, encajes, etc), hay cantidad de tiendas y marcas donde uno puede perderse y renovar su armario. Ropa, zapatos, complementos… ¿Qué tal si nos damos un paseo por una de estas calles sin dejarnos tentar por los escaparates, y buscamos un lugar para fotografiar el skyline de Brujas? Si, si, esta ciudad medieval posee un bello skyline con tres torres que forman una visión única: la torre Belfort que ya conocemos, la torre de la Catedral del Salvador, y la torre de la Iglesia de Nuestra Señora.
Desde la plaza Markt (la plaza con el Belfort), transcurre una calle llamada Steenstraat y de tras unos 100 metros se llama Zuidzandstraat, donde disfrutar de compras, y que nos lleva hasta la Catedral, construida entre los siglos XIII-XIV, y que es la iglesia más antigua de Brujas. Primero fue parroquia, y después se convirtió en la sede de la diócesis de Brujas a principios del siglo XIX. Está dedicada a Cristo Salvador y si desean ver su interior, encontrarán joyas como su órgano, tapices flamencos de 1700, etc.
Si continúan hasta el final de la calle, llegarán a una plaza llamada Zand. Allí, sobre el lado izquierdo, verán un edificio moderno color ladrillo que es la Sala de Conciertos (Concertgevow), y que en el último piso, tiene una cafetería con un mirador desde donde podrán tomar sus fotos con las tres torres que definen la ciudad.
¿Dónde?: Plaza ´t Zand 34.
CON LOS 4 JINETES DEL APOCALIPSIS.
Si lo que necesitamos es hacer un parón en nuestra actividad frenética turística, nada mejor que caminar hasta el pequeño jardín llamado Arentshof, al lado del museo Arentshuis, y a unos 50 metros de la Iglesia de Nuestra Señora. Allí, en este idílico parque podremos tomar asiento rodeados de enormes tejos, contemplar las esculturas de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, del escultor Rik Poot, y sumergirnos en el viaje al pasado que es la ciudad de Brujas.
Es un lugar lleno de paz a tan solo unos metros de la plaza principal donde podemos aprovechar y sentarnos a comer unas patatas fritas. Y se preguntarán el porqué de las patatas y no otro snack; pues porque los belgas aman las patatas fritas. Tanto que comen una media de 100 kg de patata por persona al año.
A lo largo de la ciudad encontraremos varios puestos ambulantes (uno de ellos en la misma Grote Mark), que ofrece el tan apreciado snack de los belgas. ¿Y qué tienen de especial? Pues a los belgas les gusta freír las patatas en aceite hirviendo dos veces, para que estén crujientes, y acompañarlas de diferentes salsas, a gusto del consumidor. Llévense su cucurucho de patatas a este rincón y vean pasar la vida, esa mezcla medieval y del siglo XXI en la ciudad de Brujas, donde futuristas viajeros se pasean por rincones de más de 1000 años.
¿Dónde?: jardín Arentshof, a espaldas de la Iglesia Nuestra Señora.